El doctor no te atenderá ahora

CUATRO MESES DESPUÉS de que el Dr. Rami abrió las puertas de su clínica médica ilegal en Estambul, aún no tiene suficientes médicos para atenderla. Un cartel en árabe en la entrada indica que la clínica proporciona atención pediátrica, dental, y que cuenta con una unidad prenatal. El doctor no ha eliminado ese último servicio, a pesar de que su ginecólogo y su obstetra sirios han huido de Turquía justo después de la inauguración de la clínica en febrero; viajaron a través del Mar Egeo hacia Grecia y luego a Alemania.

Rami y sus siete colegas son refugiados de Siria, donde docenas de hospitales han sido bombardeados y los médicos han sido tiroteados y secuestrados durante los últimos cinco años de guerra. Pero para la mayoría de los médicos refugiados en Turquía, la única forma de ejercer la medicina es obtener empleo en alguna clínica ilegal como la de Rami. Este último, un cirujano oftalmólogo que hace cuatro años huyó de su ciudad natal de Deir Ezzor en el este de Siria, calcula que los sirios han establecido unas 100 de esas instalaciones en todo el país, y que existen cinco en Fatih, el corazón histórico de Estambul.

En mayo, cuando visité ese país, Rami y sus colegas daban los toques finales al atestado apartamento en Fatih, al que han transformado en un centro de salud bien equipado. El olor a pintura fresca se percibía en los corredores y había un montón de losetas desechadas en la parte baja de las escaleras. Rami, que solicitó a Newsweek no publicar su apellido por temor a que las autoridades turcas pudieran arrestarlo, señala que su neurólogo sirio huyó antes de la apertura de la clínica. No culpa a sus colegas médicos por huir de Turquía, usualmente para dirigirse a Europa. “Si los médicos sirios tienen la oportunidad de irse a otro país, la aprovechan”, afirma. “No tenemos licencia médica. En cualquier momento, la municipalidad puede venir y cerrar la clínica. Si esto sucede, yo volveré a Siria o tomaré el barco a Europa”.

El sistema de atención sanitaria de Siria fue alguna vez uno de los mejores de Oriente Medio, y sus médicos se encontraban entre los profesionales mejor pagados del país. En Turquía, si un médico sirio desea ejercer legalmente la medicina, debe atravesar un largo proceso burocrático de investigación. En primer lugar, los ministerios turcos de Educación y Salud deben aprobar el certificado médico del solicitante, pero para hacerlo necesitan que sus equivalentes sirios confirmen su autenticidad. El gobierno sirio pocas veces responde a tales solicitudes, e incluso si un médico logra superar este obstáculo, necesita solicitar, además, un permiso de trabajo.

En enero, Ankara dijo que daría permisos de trabajo a personas de origen sirio, pero cinco meses después sólo 3800 sirios los han recibido.

Mientras tanto, surgen clínicas ilegales en toda Turquía. Aunque ese país ofrece atención sanitaria gratuita a los refugiados sirios, eso sólo se aplica a los 2.7 millones registrados ante las autoridades. Se piensa que hay muchos más refugiados no registrados.

“Vienen aquí porque en los hospitales turcos no tratan bien a los sirios, y debido a que nosotros hablamos su idioma”, señala Abdullah, director de otra clínica en Estambul (pidió también que no mencionáramos su apellido). Husna al-Muhamed, una mujer que hacía fila para ver a un psicólogo sirio en la clínica de Abdullah, indicó que su hijo de cinco años no había podido hablar ni caminar desde que su casa en Aleppo fue bombardeada en febrero por aviones rusos o del gobierno sirio. “Acudí a un hospital turco a buscar ayuda, y me dijeron que aceptara a mi hijo como es”, relata a Newsweek.

Por ahora, el Estado turco parece tolerar los muchos centros improvisados dirigidos y que son propiedad de personas de origen sirio. Funcionarios del Ministerio de Salud declinaron hacer comentarios, pero Abdullah dice que el gobierno permite el funcionamiento de las clínicas porque alivian la carga impuesta a los servicios de salud de Turquía. “Se hacen de la vista gorda porque sólo tratamos a sirios. Somos refugiados que atienden a otros refugiados”, señala.

“Turquía podría beneficiarse con los médicos sirios”, añade (el ministro de Salud de Turquía ha dicho que el país necesita 30 000 médicos adicionales para dotar de personal a sus hospitales). “Pero nos dificultan poder trabajar [legalmente]”.

Una excepción a la regla sobre los permisos de trabajo se aplica a los médicos sirios empleados por organizaciones sin fines de lucro que proporcionan atención médica a los refugiados. En el hospital de la Universidad de Bezmialem en Fatih, diez médicos y enfermeros sirios reemplazan a sus colegas turcos a partir de las cinco de la tarde, todos los días. Arwa al-Rajeh, la ginecóloga del hospital, solía tener su propia clínica en Aleppo. Conforme la línea de batalla se acercaba lentamente, ella comenzó a atender a mujeres en su propia casa, pero huyó cuando su hijo apenas logró escapar a un ataque aéreo. En noviembre, comenzó a trabajar en Bezmialem. “Las mujeres de aquí no podían creer que finalmente hubiera una doctora siria atendiéndolas”, afirma. “Esto constituye una gran diferencia, especialmente en el idioma”.

Aunque la mayoría de los médicos de las clínicas ilegales tratan únicamente a otros refugiados como ellos, algunos también ayudan a los turcos que no tienen un seguro médico. Las clínicas de Fatih cobran a los pacientes una tarifa plana de 20 liras (alrededor de siete dólares), que es el costo de una pizza para llevar en Turquía. Varios farmacéuticos del vecindario aceptan las recetas prescritas por la clínica de Rami e, incluso, venden medicinas con descuento a los sirios.

A las asociaciones médicas de Turquía les preocupa la existencia de tantos médicos no regulados. “Es un problema. Ninguno de ellos ha recibido ninguna educación médica en los últimos cinco años”, señala Selcuk Erez, director de la rama de Estambul de la Asociación Médica Turca, que representa a 80 por ciento de los médicos turcos. “Estoy seguro de que algunos de ellos también trabajan con diplomas falsificados”.

Los médicos como Rami afirman que existe una forma muy simple de asegurarse de que los médicos sirios que trabajan en Turquía están calificados. “Si lo quisieran, podrían resolver este problema muy fácilmente. Sólo hágannos una prueba, hagan que resolvamos un examen”, dice Rami. “Todo el personal que trabaja aquí está compuesto por médicos verdaderos”.

Médicos verdaderos o no, para todos ellos es difícil salir adelante. Rami ha gastado los ahorros de toda su vida en comprar equipo de segunda mano para su clínica. Realiza cirugías oftalmológicas en secreto en un hospital privado turco para ganar dinero extra. Ayman, uno de los médicos que trabajan en la clínica de Abdullah, no gana lo suficiente como para pagar la colegiatura del jardín de niños de su hijo.

“Se nos paga quizá 20 por ciento de lo que gana un médico turco. La mayoría de mis colegas se han ido. Se han marchado a Alemania, Irak, Arabia Saudita; uno de ellos trabaja aquí, en una fábrica textil”, señala Ayman. “Y aquellos que no se han ido aún, piensan hacerlo”.