Estos parientes de chimpancés y gorilas viven dentro de una sociedad pacífica comandada por hembras en Lola Ya Bonobo, el único santuario en el mundo que los alberga, en las afueras de Kinshasa, capital del Congo.
Los bonobos (Pan paniscus) no saben de los experimentos que se hacen en América con la ayuda de sus primos ni de los que viajan al espacio, tampoco suelen verse en un zoológico; cuando mucho hay 150 ejemplares desperdigados en reservas. Sus rostros son negros, de labios rosados y caminan en dos patas durante largas distancias.
El desciframiento del genoma del bonobo indica que los humanos compartimos la misma cantidad de ADN con ellos y con los chimpancés: 99.6%. Poseemos ciertos genes en común sólo con los bonobos, por ejemplo, una proteína que nos hace más propensos a detectar señales sociales.
El andamiaje de convivencia de los bonobos se conoce hace unos 30 años, gracias al trabajo del etólogo y primatólogo Frans de Waal. El experto señala que se trata de una especie que no patrulla las márgenes de sus territorios, no ataca a los demás, no mata ni se come a los infantes, no se une con otros machos para aterrorizar al grupo y no tortura a sus enemigos. De hecho, no tiene enemigos.
El bonobo usa el sexo para resolver conflictos, como una especie de lubricante social; es para todos y se practica entre todos en cantidad y variedad asombrosas. El sexo es la manera en que se saludan, con mucho afecto.
Los bonobos son poco conocidos por varios motivos: apenas se les descubre en 1928, y por mera casualidad, cuando el zoólogo alemán Ernst Scharz se da cuenta de que el cráneo que trae entre manos no pertenece a un chimpancé joven, como dice la etiqueta, sino el de una especie de animal diferente. El segundo, porque los bonobos están concentrados dentro de una jungla increíblemente densa, sin infraestructura de ninguna especie, ni carreteras, ni nada de nada; una selva en el corazón de una nación en condiciones volátiles y peligrosas. Y el tercero, comparados con los chimpancés, que existen en al menos 20 países en números que sobrepasan el millón, hay muy pocos bonobos; ¿será por su ánimo pacifista y buena vibra, tan raro en estos días?