Mancha de corrupción

Zamir Mehmeti, parado en una de las calles principales de la capital macedonia, Skopie, se pone una máscara de Guy Fawkes y toma una pistola de agua. Se acerca al arco triunfal de la ciudad, hecho hace cuatro años y recubierto de mármol, levanta su arma y rocía la estructura con pintura verde. Otros manifestantes lanzan globos llenos de pintura al monumento, el cual se ha vuelto un símbolo del desperdicio y la corrupción para muchos macedonios. Al fondo, un camión estacionado frente al edificio del parlamento hace sonar grabaciones de conversaciones intervenidas de exlíderes del gobierno mientras miles de manifestantes soplan silbatos agudos y canturrean: “¡Sin justicia, sin paz!”

“Esta es una expresión de la indignación de los ciudadanos de Skopie que protestan contra el régimen y el escandaloso proyecto de Skopie 2014”, dice Mehmeti, refiriéndose al controvertido proyecto que ha dado a la ciudad un estiramiento facial neoclásico y ha sido objeto de acusaciones de corrupción y gasto generoso en un país que no puede darse el lujo de tales gestos grandiosos. El arco es una pieza central del proyecto, y por ocho semanas, los manifestantes se han reunido allí, exigiendo la renuncia del gobierno. Los activistas como Mehmeti han llamado a sus protestas la “Revolución Colorida”.

Las manifestaciones en esta nación balcánica de 2.1 millones de personas son parte de una crisis política más profunda que cualquier otra desde que Macedonia estuvo al borde de una guerra civil total en 2001. Las acusaciones de asesinato, fraude electoral y una extensa intervención telefónica han agitado el país, el cual está en las primeras líneas de la crisis de refugiados de Europa, en los últimos 16 meses. En febrero de 2015, el líder de la oposición Zoran Zaev reveló que 670 000 conversaciones registradas en 20 000 números telefónicos, incluidos algunos que pertenecen a opositores políticos del entonces primer ministro Nikola Gruevski, han sido captadas en cinta.

Una investigación de la Comisión Europea concluyó que la orden de intervención telefónica había provenido de Gruevski; su ministra del interior, Gordana Jankuloska, y del jefe de inteligencia, Saso Mijalkov. (Mijalkov es primo de Gruevski.) El informe halló evidencia del “obvio involucramiento directo de altos funcionarios gubernamentales y partidistas en fraude electoral, corrupción, abuso de poder y autoridad, conflicto de interés, soborno, extorsión y daño criminal”.

Gruevski, quien llegó al poder en 2006, renunció previamente este año después de que un acuerdo mediado por la Unión Europea el año pasado puso en su lugar un gobierno interino y proveyó el nombramiento de un fiscal especial para que investigue las afirmaciones suscitadas por las intervenciones telefónicas. El ex primer ministro sostiene que servicios extranjeros de inteligencia “fabricaron” las intervenciones telefónicas para desestabilizar al país y acusó a Zaev de llevar a cabo un golpe de estado.

Luego, el 12 de abril, el presidente Gjorge Ivanov anunció que perdonaba preventivamente a 56 personas conectadas con los supuestos crímenes, incluidos Gruevski, Jankuloska, Mijalkov y Zaev. (Zaev enfrentaba una investigación por cómo había obtenido los contenidos de las intervenciones telefónicas.) Casi de inmediato, los macedonios salieron a las calles.

Los manifestantes rápidamente destruyeron la oficina de Ivanov. En las semanas siguientes, los activistas vandalizaron edificios gubernamentales construidos recientemente que son parte del programa Skopie 2014 de Gruevski. Los manifestantes se reunieron todos los días en las oficinas del fiscal especial para expresar su apoyo a las investigaciones y exigir un gobierno interino y una limpieza de los padrones electorales que podrían llevar a una elección libre y justa. Ivanov explicó su decisión de perdonar a prácticamente todo político que pudo estar involucrado en corrupción al decir que la actual situación política se había vuelto “tan enredada que nadie podría desenredarla”.

La crisis política podría parecer una disputa balcánica menor, pero las potencias del mundo han visto disputas balcánicas menores convertirse en conflictos que incluyen la Primera Guerra Mundial y las guerras despiadadas de la década de 1990. Como resultado, la UE y Estados Unidos hacen lo que pueden para ayudar a los macedonios a mantener unido su país.

Según el acuerdo mediado por la UE, se planeaban elecciones para este abril con la condición de que el gobierno eliminara de los padrones electorales a los votantes falsos y aprobara reformas mediáticas que aseguraran una cobertura de campaña equilibrada e imparcial y recortara las ventajas financieras y legales del gobierno sobre los canales de noticias privados. El gobierno no ha cumplido con estos prerrequisitos, y así el 18 de mayo, el parlamento de Macedonia canceló las elecciones, las cuales habían sido reprogramadas para junio. Sólo la coalición gobernante había aceptado participar en la votación; los otros partidos dijeron que no había las condiciones para una votación libre de fraudes.

“La decisión de reconvocar al parlamento y cancelar las elecciones evitó un descarrilamiento”, dice un alto diplomático occidental en Skopie. El gobierno todavía era controlado esencialmente por el partido gobernante, añadió el diplomático, y una votación que regresara al partido al poder habría precipitado aún más agitación en el país.

Los funcionarios occidentales han presionado a las elites que se niegan a ceder el poder. En abril, la UE amenazó con sancionar a políticos macedonios que “bloquean reformas”. Alemania ha nombrado a un diplomático experimentado, Johannes Haindl, como un enviado especial, después de que pareció claro que el acuerdo de la UE no se estaba implementando. El 19 de mayo, EE. UU. instó públicamente a Ivanov a desechar los perdones.

Esa presión parece estar funcionando. El 5 de junio, Ivanov anunció que rescindiría los perdones. Pero Malinka Jordanova, directora del Instituto de Política Europea, un grupo independiente de investigadores domiciliado en Skopie, dice que los gobiernos occidentales deberían abandonar sus esperanzas de que la clase política que domina la política en Macedonia introduzca leyes que en esencia le quitaría el poder. Más bien, dice Jordanova, Macedonia necesita un gobierno interino compuesto de expertos en lugar de políticos.

“Ellos todavía albergan esperanzas en que los partidos gobernantes pueden hacer reformas”, dice ella. “No pueden. Cualquier reforma significaría prisión para ellos”.

El movimiento de protesta es una de las primeras veces en que se han unido albaneses y macedonios. Mehmeti, uno de los líderes del movimiento, es de etnia albanesa. Después de que los perdones fueron rescindidos el 5 de junio, él prometió seguir tomando las calles hasta que las demandas de reforma mediática, elecciones justas y apoyo al fiscal especial se cumplan. “Esta nación nunca ha tenido ningún triunfo”, dice Mehmeti. “Entonces, sólo cuando nuestro movimiento tenga éxito podremos decir verdaderamente que éste es un arco triunfal, un triunfo contra el Gruevskismo”.

Publicado en cooperación con Newsweek /Published in cooperation with Newsweek