Las elecciones del pasado domingo 5 de junio tuvieron como protagonista a la alternancia que arrebató al Partido Revolucionario Institucional (PRI) seis estados y que dio pauta para que el Partido Acción Nacional cediera sus gubernaturas en Sinaloa y Oaxaca, las que logró gracias a una coalición con el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Para el think tank Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC), el hartazgo de la ciudadanía hacia el desempeño de sus gobiernos fue uno de los principales motores de la alternancia que dejaron estas elecciones. “Las acusaciones de corrupción, enriquecimiento ilícito y desvíos de recursos, aunadas a los bajos índices de aprobación gubernamentales en estados como Veracruz, Chihuahua, Oaxaca y Tamaulipas fueron lo suficientemente altos para favorecer a los candidatos de oposición”, plantea un análisis realizado por esta organización.
El CIDAC indica que la baja aprobación del presidente Enrique Peña Nieto también fue un factor que jugó en contra del partido tricolor, “tan es así que los candidatos priistas prefirieron mantener su distancia con la figura de Peña durante las campañas electorales”.
Ahora, prosigue el análisis, toca a los gobiernos entrantes complir con sus promesas de campaña y “ser capaces de atender los intereses de la ciudadanía que votó por ellos”. El Centro de Investigación plantea que es el caso de los gobierno de Miguel Ángel Yunes en Veracruz y de Javier Corral en Chihuahua, quienes prometieron investigar, sancionar y llevar a la cárcel a los mandatarios salientes, César y Javier Duarte.
En el caso de Tamaulipas, prosigue el texto, el candidato ganador, el panista Francisco Javier Cabeza de Vaca tendrá que atender la promesa que hizo de asegurarse que los alcaldes que estén ligados al crimen organizado sean castigados por las instituciones pertinentes.
“Estas promesas son similares a las que hicieron Jaime Rodríguez ‘El Bronco’ en Nuevo León y Claudia Pavlovich en Sonora hace un año. Al igual que Pavlovich y Rodríguez, Yunes y Corral están comprometidos con arrojar resultados contundentes en contra de los exgobernadores y llevar gobiernos transparentes, ajenos de actos de corrupción y prácticas opacas, de lo contrario se harán acreedores del descontento de los ciudadanos que les dieron el triunfo”, dice el CIDAC.
El análisis también indica que el pasado proceso electoral sirvió como una oportunidad para evaluar la competitividad de las alianzas electorales del PAN y el PRD, las cuales funcionaron en Quintana Roo, Durango y Veracruz pero que no tuvieron el mismo éxito en Oaxaca y Zacatecas. El texto también muestra que los gobiernos que fueron producto de una alianza también tuvieron saldos ambiguos ya que retuvieron Puebla pero perdieron Oaxaca y Sinaloa.
“Esto demuestra que las alianzas electorales continúan siendo un mecanismo redituable para conseguir votos pero que se utilizan únicamente para acumular votos y se disuelven una vez alcanzado la meta electoral”, indica el think tank.
El CIDAC también hace referencia al “desafortunado” ejercicio que se realizó en la Ciudad de México con la elección de la Asamblea Constituyente, en donde se registró una participación electoral del 28 por ciento y un voto nulo de casi el 8 por ciento. También destacó la complejidad que supuso la boleta con listas cerradas para partidos políticos y una lista para candidatos independientes derivó en una designación de curules que ponía en desventaja a los candidatos independientes.
Consideró que este complejo esquema de votación, aunado a la composición 60-40 de la Asamblea Constituyente de la CDMX, producirá un resultado con legitimidad parcial e inconexa con las preferencias de los capitalinos. En segundo lugar, indicó que la baja participación ciudadana registrada en la jornada electoral del domingo provocará una débil legitimidad de “la voluntad popular” que se discuta en el Constituyente.
“La elección del Constituyente fue un ejercicio desafortunado en donde no hay claros ganadores. El Gobierno de la Ciudad desperdició un instrumento democrático y de gobierno”, dice el texto.
El análisis concluye que el proceso del pasado 5 de junio reconfiguró de una manera sorpresiva el panorama hacia 2018. “Fuera de la elección local de la CDMX, en su mayoría los comicios estatales produjeron una lección valiosa para los partidos políticos: la alternancia como castigo”.