Los artefactos son importantes

La creación del Museo Nacional de
Historia y Cultura Afro Estadounidense, del Instituto Smithsoniano, demoró más
de un siglo. En 1915, los veteranos negros de la Guerra Civil reunieron fondos
para erigir un museo en el National Mall donde celebrar los logros
afro-estadounidenses. En 1929, el presidente Calvin Coolidge firmó la
Resolución Pública 107, la cual establecía una comisión para planificar su
construcción, pero el proyecto no prosperó. A partir de la década de 1960,
legisladores y líderes afroestadounidenses renovaron esfuerzos, seguidos de
décadas de propuestas, hasta que el presidente George W. Bush firmó una legislación,
en 2003, autorizando el museo, el cual será inaugurado el próximo 24 de
septiembre.

El exterior del edificio —una
estructura de vidrio envuelta en una malla de color bronce, en tres niveles,
que recuerda el diseño de una escultura africana—, quedó terminado en 2015. Y
ahora, los curadores están llenando las galerías con los artefactos de una
colección de casi 34 000 piezas que abarcan varios siglos. Lonnie Bunch, el
director del museo, dice que la preparación exhaustiva es “casi como planificar
un ejercicio militar”.

Los artefactos más grandes incluyen un
avión de entrenamiento de 1994, utilizado por pilotos militares negros
conocidos como Tuskegee Airmen, un vagón de tren de la época de la segregación,
y una torre de vigilancia de la Penitenciaría Estatal de Luisiana en Angola
(las dos últimas fueron introducidas en el museo con grúas, antes de construir
el techo), una cabaña de esclavos del siglo XIX procedente de Carolina del Sur,
y el Cadillac rojo de Chuck Berry.

“Cuando recorro el interior, siento el
peso de mis antepasados”, dice Bunch.

Los nueve pisos del museo albergan tres
galerías históricas que cubren desde la esclavitud hasta el presente,
incluyendo el movimiento #BlackLivesMatter; un teatro que lleva el nombre de su
donadora, Oprah Winfrey; galerías culturales donde figuran iconos
afro-estadounidenses de la música, el teatro, el cine y la televisión; y un
espacio llamado Contemplative Court, donde los visitantes pueden reflexionar en
lo que han visto.

Como dice Bunch, “no puedes contar historias
de celebración y resistencia sin entender los sufrimientos y los esfuerzos”.