Locos por las donas

Desde 1938, Estados Unidos festeja el Día
Nacional de la Dona el primer viernes de junio. Lo hace en honor al Ejército de
Salvación que, durante la Primera Guerra Mundial, animaba a los soldados
sirviéndoles café con donas.

El año pasado México se unió a la
celebración con una promoción de Krispy Kreme que consistía en regalar una dona
glaseada a sus clientes. Este año, la fiesta culinaria se adelantó un día con la
oferta UberDonas, una mancuerna de Uber y la multinacional con sede en Carolina
del Norte para entregar a domicilio media docena de donas glaseadas en pocos
minutos, la cual se convirtió en tendencia en Twitter.

En terreno estadounidense, donde anualmente
se hornean más de 10 mil millones de donas, además de Krispy Kreme, hoy Dunkin’
Donuts, Shipley Do-Nuts, Cumberland Farms, LaMar’s Donuts, Honey Dew Donuts, Sheetz,
Duck Donuts, Stan’s Donuts, Tim Hortons, Entenmann’s y Randy’s Donuts regalarán
sus productos insignia.

Sin embargo, quien quiera celebrar de
manteles largos puede ir Williamsburg, Brooklyn, por una dona de champaña
escarchada con oro de 24 quilates. Su precio es de 100 dólares y es una de las
recetas que ha hecho famoso al restaurante filipino Manila Social Club.

Datos históricos cuentan que fue
precisamente Nueva York –entonces Nueva Ámsterdam- el punto de llegada de la
dona a Estados Unidos. El panecillo, que se convirtió en el desayuno por
excelencia de los estadounidenses, llegó con pasaporte danés bajo el nombre de
“olykoeks”.

Su pasado involucra migrantes daneses,
exiliados rusos, panaderos franceses y hasta personalidades como Clark Gable
–quien, en “It Happened One Night” le enseñó al mundo la manera correcta de
sopear una dona-. Pero quienes la convirtieron en un sabor de primera necesidad
fueron los soldados estadounidenses que, al volver a casa tras la Primera
Guerra Mundial, no pudieron olvidar sus días en Europa.

Y con la aparición de la primera máquina para hacer
donas en 1920, en Nueva York, el emprendedor y refugiado ruso Adolph Levitt la
convirtió en un antojo de masas que, como lo ha probado México, rebasa
fronteras.