Katherine Davies estaba sentada en una cafetería del centro de Londres con un café, una copia de The International New York Times y una vista del parque previamente este año cuando cayó en cuenta de que debía hacer algo.
La mujer de 51 años lanzó en 2014 iguacu —un sitio web que ayuda a facilitar los donativos públicos a personas afectadas por conflictos alrededor del mundo— en respuesta a la situación en Siria, la cual ella llama “la grave crisis humanitaria de nuestra época”. Pero dos años después de crear su compañía, y a cinco años de iniciada la guerra en el país, poco había cambiado.
Aún más, el artículo que Davies leía en la cafetería ese día criticaba las acciones para lograr la paz en Siria, donde más de 13 millones de personas necesitan algún tipo de ayuda humanitaria y por lo menos 400,000 personas han muerto durante el conflicto.
“Simplemente pensé, después de todo este tiempo, que el esfuerzo por buscar y hallar la paz es tan importante”, dice ella a Newsweek durante una entrevista telefónica. “La idea me llegó de súbito: quería salir de esta cafetería y esta pequeña vida agradable en el centro de Londres y caminar hacia Ginebra. Literalmente quería salir caminando por la puerta en ese preciso lugar y momento”.
Ginebra es el sitio de las conversaciones en marcha entre varias partes sirias que buscan llevar la paz al país asediado. La idea que ella formó en la cafetería finalmente se trocó en un viaje de 55 días y 965 kilómetros a través del Reino Unido, Francia y Suiza que terminó con Davies entregando de propia mano a Staffan De Mistura, el enviado especial de la ONU a Siria, cientos de mensajes públicos de apoyo para la paz en Siria que ella reunió durante el trayecto. La iniciativa se llamó #Message4Peace.
“He aprendido muchísimas cosas muy importantes” con la caminata, dice ella, añadiendo que “nunca antes había hecho algo como esto”.
Davies partió el 15 de marzo, en el quinto aniversario del comienzo de la guerra en Siria, y varios días después de ser golpeada por detrás por un ciclista en el Battersea Park de Londres. (Ella tomó analgésicos para la lesión, y luego perdió la uña de un dedo del pie después de caminar demasiado lejos los primeros días.) La mayoría de la interacción pública y reunión de mensajes de Davies se dio en Francia, donde visitó el campo de refugiados de Calais conocido como La Jungla, antes de caminar al sur hacia Dieppe, París y hasta Ginebra.
Mientras estaba en el camino, el público podía escribir sus mensajes a mano y dárselos a Davies, o podía mandar un mensaje por Twitter o Facebook. Ella reunió casi 700 mensajes de personas de 40 países diferentes.
Davies dice que una de las cosas más sorprendentes de su caminata fue que le ayudó a romper con sus ideas preconcebidas con respecto a la actitud del público francés en relación con la inmigración y los refugiados.
“Sabía que sería una imagen mixta [en Francia], pero me impactó el hecho de que toda persona con quien hablé, cuando explicaba quién era yo y qué estaba haciendo, dejaba lo que estaba haciendo y su cara cambiaba”, dice ella. “Ellos me miraban y expresaban rutinariamente cuán afectados estaban por el sufrimiento del pueblo sirio”.
“Fue un gran honor haber sido capaz de presenciar esto”, añade ella.
Davies, quien tenía la compañía de un conductor de apoyo quien también fungía como videógrafo a lo largo del camino, dice que un tema común entre la gente con quien habló era que se sentía inútil e incapaz de hacer algo para aligerar el sufrimiento de los sirios.
“Si ves el mundo de esa manera, el mundo simplemente gira y pasa girando frente a ti y otras personas escriben el guion”, dice ella.
Davies completó su caminata, con una uña menos, al reunirse con De Mistura previamente este mes; ellos hablaron por más de 30 minutos en la oficina de él en la ONU. Davies dice que fue un “honor entregarle de propia mano los mensajes de todos” a De Mistura y dice que la conversación fue “muy emotiva”.
“La manera en que ellos abrieron espacio en la agenda de él”, dice ella. “Cuando él habló, podías ver que él se preocupaba profundamente por la sociedad civil”.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) dijo el jueves que más de 1000 refugiados y migrantes murieron en el mar la semana pasada cuando trataban de hacer el viaje a Europa. Conforme se acerca el verano y el clima más cálido, dándoles a la mayoría la impresión errónea de que las aguas están más tranquilas, se espera otra temporada de tragedias en el mar Mediterráneo. Aun así, Davies cree que el público puede marcar una diferencia.
“Nos alimentamos a nosotros mismos con una dieta de ‘todo es inútil’. Tenemos muchas maneras de pensar que no nos sirven, que alimentan esta idea de ‘no hay nada que podamos hacer’,” dice Davies, quien planea escribir un libro sobre su experiencia. “El mundo en verdad necesita que las personas tengan más voluntad. El mundo necesita más personas como esas”.