Tragedia entre amigos

Las cuatro jóvenes que conforman el cuarteto de cuerdas Bond tomaron sus instrumentos eléctricos y se lanzaron a interpretar uno de sus éxitos. Mirando desde sus mesas en el salón del Hotel Grosvenor House, a mediados de marzo pasado, se encontraban 500 de las figuras más poderosas del Reino Unido. Habían venido a celebrar el cumpleaños número 70 del multimillonario filántropo Lord Michael Ashcroft, ex vicepresidente del partido gobernante en el Reino Unido y donador del Partido Conservador. Sin embargo, no había ninguna señal de la persona más poderosa del partido: el primer ministro británico David Cameron. Él y el anfitrión tenían una disputa.

Cameron había hecho saber que consideraría un acto de deslealtad por parte de los ministros del gobierno que asistieran a la festividad. Muchos de ellos se mantuvieron alejados. Sin embargo, en la mesa principal del sitio se encontraba otro poderoso conservador, Boris Johnson.

Johnson ya se había ganado la enemistad de Cameron, a quien alguna vez consideró su amigo. Desde que se conocieron en Eton, la más prestigiosa escuela masculina de todo el Reino Unido, ambos hombres habían vivido su vida en conjunto, pasando a la Universidad de Oxford y luego a la política, y generalmente, apoyándose el uno al otro. Ambos son muy competitivos y cada uno confiaba en tener lo necesario para convertirse en primer ministro. Cameron llegó ahí antes, mientras que Johnson se convirtió en alcalde de la capital del Reino Unido. Durante años, la relación entre estos dos amigables archienemigos ha sido la historia más fascinante, aunque lenta, de la política británica.

El 21 de febrero, poco después de la fiesta de Ashcroft, la tensión que se había acumulado por décadas entre estos dos miembros privilegiados de la élite británica se convirtió en una batalla pública cuyo resultado probablemente decidirá quién será el líder de la quinta mayor economía del mundo y uno de los aliados más importantes de Estados Unidos. Johnson declaró públicamente que hará campaña a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, en oposición directa a Cameron, quien llamó al referendo, pero apoya la campaña para permanecer en la Unión.

El anuncio de Johnson acerca del tema que ha vivido repetidamente el Partido Conservador durante las últimas tres décadas añadió un dramatismo personal a la histórica decisión que enfrentará el electorado británico el 23 de junio: seguir siendo parte o no del bloque económico y político formado después de dos guerras catastróficas en Europa para dar paz y prosperidad al continente. La disputa entre Johnson y Cameron dará como resultado la derrota y posible renuncia de un primer ministro británico en funciones o un golpe posiblemente fatal a las ambiciones de Johnson, quien podría ser el político británico más popular y con mayor capacidad intelectual de su generación.

“Lo último que quería era oponerme a David Cameron o al gobierno”, declaró Johnson a la prensa el 21 de febrero, el día en que hizo pública su declaración.

Al día siguiente, Cameron contraatacó y lo hizo de manera personal. Al hablar en la Cámara de los Comunes, el primer ministro dijo: “No pienso en la reelección; no tengo otro programa de trabajo que lo que sea mejor para nuestro país”. Johnson, que es miembro del parlamento y concluyó su segundo y último periodo como alcalde el 5 de mayo, se sentó en la penúltima fila de bancas y escuchó a su viejo amigo. La clara implicación de Cameron fue que la decisión de Johnson estaba basada no en principios, sino en un cálculo político, unos 130 miembros del parlamento de tendencia conservadora, el cuerpo que elegirá dos candidatos a convertirse en el próximo líder del partido, están a favor de que el Reino Unido salga de la Unión Europea y lo más probable es que apoyen a algún colega euroescéptico (los miembros del partido, que son aún más contrarios a la Unión Europea que los parlamentarios conservadores, elegirán a uno de los dos candidatos).

Las relaciones entre ambos hombres no han hecho más que empeorar desde entonces. En una entrevista con la revista Glamour, publicada el 3 de mayo, Cameron explicó cómo estaban las cosas entre ellos. “Sigo siendo amigo de Boris —dijo—, sólo que quizá no seamos tan buenos amigos”.

Cameron y Johnson han sido amigos por más de 30 años, pero nunca ha sido una relación fácil. En la escuela, Cameron admiraba a Johnson, que es dos años mayor que él y fue uno de los chicos más brillantes y carismáticos de Eton, donde se han educado 19 primeros ministros británicos e incontables miembros del gabinete. Al tener dos años de diferencia y estar en diferentes casas para estudiantes de una escuela tan grande, Cameron y Johnson no se conocían bien el uno al otro. No se hicieron amigos sino hasta que entraron en Oxford y formaron parte del famoso círculo conformado exclusivamente por varones de clase alta conocido como Bullingdon Club.


GANAR-GANAR: Aun si Johnson está en el lado equivocado del referendo, ello podría no perjudicar sus oportunidades de convertirse en primer ministro, pues muchos conservadores pensarán que estaba en el lado correcto de la discusión. FOTO: PETER NICHOLLS/REUTERS

Ambos hombres crecieron en familias adineradas. De acuerdo con los estándares ingleses de la clase alta, la familia de Johnson es poco convencional; su abuelo paterno era mitad turco y por el lado de su abuela paterna está emparentado con muchas de las familias reales de Europa, así como con Cameron. Ambos son primos en octavo grado. Aunque él también tiene sangre azul, la familia de Cameron es, en su mayor parte, de estirpe británica común, aunque privilegiada en general.

La infancia de Johnson fue un tanto caótica. Él nació en Nueva York y sus bohemios padres, Stanley y Charlotte, viajaban constantemente a Oxford, Londres, Bruselas, Connecticut y Washington, D. C., estudiando y siguiendo varias carreras. En contraste, Cameron, que es uno de cuatro hermanos, no pudo haber provenido de un entorno más convencional. Siendo hijo de un corredor de bolsa, creció en una histórica rectoría de Berkshire Downs. La suya fue una niñez de comidas familiares, paseos a caballo, sesiones de natación en el lago privado de la familia y juegos de tenis en su propia cancha.

A los 13 años, Cameron fue a Eton. Johnson ya estaba ahí, y tenía un desempeño excelente en inglés y literatura clásica, y era muy popular. Para él sigue siendo un gran motivo de orgullo el haber sido un “KS”, es decir, miembro de la banda de 13 o 14 chicos particularmente inteligentes de cada año en Eton, a quienes se les conocía como King’s Scholars (estudiosos del rey). En su último año, el director lo nombró jefe de grupo. Cameron no fue ninguna estrella social ni académica en Eton. “Aunque estaba en algunas de las mismas ‘divs’ [termino que en Eton significa “clases”] que David Cameron, no tengo absolutamente ningún recuerdo escolar acerca de él”, dice otro exalumno de Eton.

En la Universidad de Oxford, Johnson se estableció rápidamente. Cameron, que llegó dos años después de Johnson y estudió política, filosofía y economía, siguió siendo en gran medida un jugador periférico. Johnson adoptó la política estudiantil, coeditó una revista satírica estudiantil y se convirtió en presidente de la Oxford Union, el puesto más prestigioso y competido de la celebrada sociedad de debate de la universidad. En gran medida, ambos tenían grupos diferentes de amigos, aunque los dos pertenecían al Bullingdon Club, conocido por su libertinaje.

Sin embargo, Cameron demostró ser un mejor estudiante. Johnson obtuvo una licenciatura en Letras Clásicas, mientras que Cameron, que fue descrito por su tutor como uno de los alumnos más capacitados a los que había enseñado, obtuvo una mención honorífica. De acuerdo con varios confidentes, Johnson sigue considerándose a él mismo como el más inteligente de los dos, y muchas de las personas que los conocen a ambos están de acuerdo. “Hay un mundo de diferencia entre aquellos que simplemente son muy capaces, como Cameron, y aquellos que son brillantes y rayan en la genialidad, como Johnson”, señala un antiguo alumno de Eton que los conoció a ambos en la escuela.

Después de Oxford, las carreras de ambos hombres se separaron durante una década. En 1988, Cameron trabajó como investigador para el Partido Conservador. El año anterior, Johnson se había embarcado en su carrera en los medios de comunicación, primero como periodista de un diario y después como editor de una revista. Ambos obtuvieron escaños en el parlamento en 2001, cuando el Partido Conservador era un caos y el entonces primer ministro Tony Blair tenía una gran mayoría en la Cámara de los Comunes.

Tras la elección, Johnson conservó sus otros empleos, entre ellos, el de editor de la revista The Spectator. Parecía estar demasiado ocupado entreteniendo a la nación con sus apariciones en el programa televisivo Have I Got News for You (Tengo noticias para ustedes) como para participar en el serio debate del Partido Conservador acerca de cómo recuperar el poder. “Era imposible hablar con Boris como miembro del parlamento porque nunca estaba cerca”, señala un veterano conservador que conoce bien a ambos hombres. “Caminaba por ahí en una especie de aturdimiento; un trance en realidad. Era imposible conversar con él”.

En 2004, cuando fue sorprendido mintiendo acerca de un romance extramarital de cuatro años, Johnson fue expulsado como vocero del partido en materia de artes, y parecía que su carrera política no podía ir más allá.


QUEDARSE O IRSE: Cameron dirige un partido profundamente dividido con respecto al tema de la Unión Europea; si los británicos eligen salir, él podría perder su empleo. FOTO: YVES HERMAN/REUTERS

Cameron, por otra parte, había tenido un buen desempeño en una serie de funciones cada vez más importantes en el partido, y un creciente número de conservadores consideraban al moderado, joven y agradable político como el líder que necesitaban para señalar que el partido había pasado al centro político, donde se encontraba la mayoría de los votantes británicos. Para el otoño de 2005, después de la tercera derrota consecutiva del Partido Conservador en las elecciones generales, Cameron estaba listo para postularse como líder del partido.

Johnson fue uno de sus primeros partidarios en una contienda en la que no se esperaba que Cameron pudiera triunfar. Pero cuando este logró una sorpresiva victoria, no otorgó a Johnson un puesto de alto rango. Cameron, que estaba muy poco impresionado por el manejo de Johnson de las dificultades provocadas por su aventura amorosa, lo consideraba una carga muy pesada.

Herido, Johnson decidió buscar el poder en otras partes. En 2007 se apuntó para ser el candidato conservador en la contienda para alcalde de Londres. A los conservadores les preocupaba que pudiera avergonzar al partido, que tradicionalmente se había manifestado a favor de la familia. Durante una conversación privada en una cena para recabar fondos en 2007, Cameron hizo trizas las capacidades de Johnson como candidato a la alcaldía. “Tiene el perfil completamente equivocado”, dijo, agitando la mano en un gesto displicente.

“¿Realmente dijo eso?”, exclamó Johnson cuando se enteró del comentario de Cameron. “¡El muy cabrón!”.

En un acto desesperado, los conservadores nombraron a Johnson como su candidato. En la elección, realizada en 2008, ganó fácilmente. A pesar de algunos errores tempranos, durante sus ocho años como alcalde demostró una formidable ética de trabajo, levantándose alrededor de las 5:30 de la mañana para asegurarse de tener tiempo para correr al lado del canal cercano a su casa antes de iniciar su jornada laboral. Y en muchas formas, Londres, que enfrentaba una crisis financiera en sus primeros años como alcalde, ha florecido. La ciudad experimenta un auge en la construcción y sigue siendo una de las principales capitales financieras del mundo.

Quizá más notablemente, a muchos británicos parece agradarles Johnson. Los políticos en el poder suelen perder el brillo después de un año o dos, y ni hablar de ocho, y sin embargo, él ha mantenido su fulgor en gran medida. Y su ambición parece haber crecido. El año pasado Johnson se postuló nuevamente para un escaño en la Cámara de los Comunes. Ganó fácilmente.

Cameron ha dicho que no renunciará si los británicos votan contra sus deseos y deciden que el país debe salir de la Unión Europea. Sin embargo, muchos analistas políticos piensan que su postura como líder del partido y de una nación que lo haya ignorado en un tema tan crucial sería insostenible.

Si Johnson termina en el extremo perdedor del referendo, será un gran golpe. Sin embargo, en un extraño giro, podría terminar beneficiándose de la derrota, ya que en opinión de muchos miembros del parlamento conservadores, habrá estado del lado correcto de la discusión.

Antes del referendo del 23 de junio que ha dividido al Reino Unido, las encuestas indican que la contienda está demasiado cerrada como para hacer un pronóstico. Cualquiera que sea el resultado, para los dos hombres que se encuentran en el centro de esta reflexión nacional, las heridas podrían tardar mucho tiempo en sanar.

ISABEL OAKESHOTT es editora política general del Daily Mail y coautora de Call Me Dave (Llámame Dave), la biografía no autorizada de David Cameron.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek