El blockchain hoy podría ser como la internet en 1993: dentro de una década te preguntarás cómo es posible que la sociedad haya funcionado sin esto, aunque la mayoría ni siquiera sepamos qué es.
Ya empiezan a aparecer algunos derivados del blockchain,como una compañía que deja que cualquiera sea cajero de banco y otra que podría nombrarte a cada persona que ha tenido un diamante específico; un método muy práctico para asegurarte de no usar un anillo que ayudó a financiar la guerra civil de Sierra Leona. Y otros conceptos del blockchain podrían desafiar a Uber y Facebook un poco más adelante.
El blockchain es la tecnología que subyace tras la moneda digital bitcoin. Es una especie de libro contable distribuido y supersofisticado que hace un seguimiento de las cosas en miles o incluso millones de computadoras distintas, pero coordinadas entre sí. Y no hay una entidad única que esté a cargo. Si internet es un ejército con generales (el general Amazon, el general Google), el blockchain es más como una colonia de hormigas, cada una codificada para trabajar por el bien común. La gran promesa del blockchain va mucho más allá del bitcoin, del mismo modo que la promesa de internet trascendió a CompuServe en su época.
En 1993, casi nadie había oído la palabra internet. Por el contrario, gente como Al Gore predicaba la venida de una “autopista de la información”. Pero entonces, un grupo de estudiantes en medio de la nada (léase, la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign) inventó el primer navegador incipiente. Yahoo estaba a dos años de su fundación. Ni un alma anticipaba el advenimiento de Facebook, Match.com, WikiLeaks o los videos de gatos. Y Mark Zuckerberg tenía nueve años.
Piensa en la explosión y el tumulto de la década siguiente. Piensa en la completa transformación de nuestro estilo de vida a causa de esa cosa llamada internet. Y ahora, imagina lo que significa que alguien como Don Tapscott —quien desde la década de 1980 asesora corporaciones y escribe libros sobre tecnología— diga que el blockchain es la siguiente internet.
De acuerdo, Tapscott necesita vender un nuevo libro, Blockchain Revolution, pero esa opinión se ha vuelto bastante común últimamente. Barry Silbert, uno de los primeros participantes en el sector del bitcoin, creó Digital Currency Group el año pasado para invertir en una canasta de empresas que, según él, reinventará el sistema financiero global. Compañías de capital de riesgo inyectaron 160 millones de dólares en startupsde blockchain durante el primer trimestre de 2016; compara eso con los 26 millones de dólares del trimestre anterior. Y las búsquedas “blockchain” en Google aumentaron 32 por ciento en ese trimestre. Es obvio que algo está pasando.
El bitcoin es una aplicación temprana interesante que puede sobrevivir o no. No importa. Lo importante es que el blockchain garantiza, por primera vez, que en la red habrá sólo una copia digital auténtica de una cosa. Por eso el dinero fue el punto de partida de la tecnología. Cuando haces un video de tu gato, quieres que todas las personas posibles lo copien y compartan. Sin embargo, tratándose de dinero, es mejor asegurarse de que si una persona lo da a otra, el dador no puede conservar una copia.
Conforme se desarrolle el blockchain, en vez de tener una internet que ponga información y contenidos en línea, tendremos un sistema que automatizará la confianza y la verificación: las cosas que ahora dejamos en manos de contadores, bancos, abogados y gobiernos. De esa manera sabrás que cualquier cosa que se encuentre en un blockchain (dinero, una escritura de propiedad, una persona) es auténtica, y que cualquiera, en cualquier parte del mundo, estará de acuerdo con su valor.
Mejor aún, ya que todo en blockchain es digital, por consiguiente es programable. De modo que la moneda puede programarse para hacer un seguimiento de cada persona que la ha utilizado. Los contratos detectados por software sabrán si un trabajo está terminado y el pago se hará sin intermediarios. Una canción en blockchain podría pedirte un pago antes de reproducirla, eliminando a iTunes o Spotify y enviando el dinero directamente al artista.
Ya estamos empezando a ver aplicaciones reales para blockchain. Silbert me habló de Everledger, que está registrando diamantes en blockchain. Primero, el software de Everledger crea una huella digital de un diamante cortado, midiendo 40 puntos de la piedra. No existen dos diamantes exactamente iguales. A partir de ese momento, el blockchain lleva un registro inalterable de la trayectoria de un diamante. Si no puedes rastrear un diamante hasta un origen legítimo, puedes asumir que podría ser un “diamante de sangre” o robado.
Tapscott escribió acerca de Abra, que puede cambiar la forma como el dinero en efectivo se envía a personas en todo el mundo. De manera similar a Uber, por un lado está la gente que se registra como cajeros de banco virtuales. Por el otro están los usuarios; digamos, un inmigrante de Estados Unidos que quiere enviar dinero a su madre en Filipinas. El usuario usa una aplicación tipo Mapas para encontrar el cajero más cercano, y los dos se ponen de acuerdo para reunirse. El usuario da dinero al cajero, y este usa su cuenta para poner la cantidad en el sistema de base de blockchain en Abra. Mientras tanto, en Filipinas, la mamá del usuario localiza igualmente un cajero, el cual convierte el dinero en efectivo local y se lo entrega.
El proceso elimina los bancos, cuesta una fracción de las cuotas que cobran los bancos para estas transferencias, y puede desarrollarse en un instante, en vez de diez días hábiles.
Mucho más está por venir. Como dice Tapscott, una versión blockchain de Uber podría ser autoorganizada por los conductores: desde conexión y autenticación de los autos y los pasajeros, hasta cobranza y distribución de pagos de forma automática. Así Uber quedaría fuera de la jugada, y se acabarían las altas tarifas que cobran a los pasajeros. Si pudiera crearse semejante cosa, es fácil imaginar la deserción masiva de conductores Uber.
Hasta el imperio Facebook sería impugnado, asegura Tapscott. El valor real de Facebook estriba en los datos que recoge de cada usuario, los cuales proporcionamos de forma gratuita. La tecnología blockchain permitiría que cada uno de nosotros participáramos en las redes sociales e hiciéramos transacciones, pero manteniendo nuestros datos en una especie de caja de seguridad digital. Si Facebook quisiera nuestros datos, tendría que comprarlos. Esto arruinaría a Facebook, de la misma manera como el modelo empresarial de un agricultor se vendría abajo si de pronto tuviera que comprar la luz solar que hace crecer sus cultivos.
Todavía es difícil comprender el impacto que tendrá el blockchain. Pero muy pronto la mayoría no tendremos que hacer esfuerzos para comprender la tecnología, como tampoco tuvimos que rompernos la cabeza para saberlo todo sobre TCP/IP y HTML una vez que la internet emprendió el vuelo. Entenderemos de qué se trata conforme empiecen a aparecer las aplicaciones blockchain.
En alguna parte hay un chiquillo de nueve años que aprovechará una oportunidad creada por blockchain y se convertirá en el próximo multimillonario con sudadera de capucha.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek