Cuando era niño le gustaba sentarse frente al mar e imaginar que toda el agua desaparecía y frente a él quedaban flotando todos los animales marinos, inmóviles, esperando que él caminara entre tiburones, peces y ballenas; esperando a que él disfrutara de su inmensidad.
Christian Vizl tiene hoy la fortuna de que su sueño se ha hecho realidad. Como fotógrafo submarino pasa horas bajo el mar, nadando entre los animales y tomando fotografías de la vida que se desenvuelve frente a sus ojos. El trabajo de Christian ha ganado premios como el International Photography of the Year, de este año y ha sido publicado en medios reconocidos internacionalmente como National Geographic.
México es uno de los países del mundo que cuenta con más biodiversidad submarina y Christian asegura que es su lugar favorito para bucear. “Somos un país muy afortunado. Tenemos dos océanos, muchas costas, mucho litoral y una cantidad de especies que te puedes pasar una vida por México y no acabar de fotografiar”, y lo dice por experiencia propia, pues es algo que él siempre ha querido hacer.
Para Christian, el mar y la fotografía submarina son mucho más que un pasatiempo o una profesión, son una forma de catarsis, de transformación. “En un momento de mucho dolor y sufrimiento en mi vida empecé a tomar fotografías de mujeres en los cenotes y me sirvió como catarsis para plasmar en las fotos todo eso que yo estaba viviendo, pero de una manera positiva, de luz”, confiesa, en su oficina en la Ciudad de México.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.
—¿Esa catarsis es el fin último de tus fotografías?
—Cuando empecé a vivir en el mar me enteré de la realidad de lo que pasaba en él y fue un momento muy decisivo en mi vida y en mi carrera porque supe que lo único que quiero hacer con mis imágenes es ponerlas al servicio de la conservación. Lo único que me interesa es ser una voz del mar y para el mar, porque el mar no tiene voz.
Es evidente que el mar está en problemas y eso significa que nosotros estamos en graves problemas, pues dependemos del mar. Estudios muestran que el 50 por ciento del aire que respiramos viene de microorganismos que habitan en el mar. Ahora Christian trabaja con una de las organizaciones civiles más grandes en conservación de los océanos para que el dinero recaudado de la venta de sus fotografías sea donado a esta causa.
—¿Cuál fue la última experiencia reveladora que tuviste en el océano?
—En diciembre fui a unos arrecifes en donde he buceado desde joven, en el Pacífico mexicano, y fue un shock ver todos los corales blancos y muy pocos peces, se me salieron las lágrimas abajo del agua. Fue una enorme llamada de atención porque es real y está pasando en nuestros ojos.
—¿Recuerdas la última fotografía que tomaste?
—Sí, fue en unos cenotes cerca de Mérida. Fui porque los cenotes de Quintana Roo están siendo explotados, hay demasiado turismo y no lo han sabido manejar. Quise conocer los de Mérida y ahora voy a regresar a hacer unos videos que pretenden ayudar a la conservación de este regalo que tenemos en el país.
Las fotografías de Christian Vizl serán presentadas en un video mapping que se hará en los edificios de Tlatelolco el 3 de junio, en el marco del Primer Foro Internacional por los Derechos de la Madre Tierra.
Christian confiesa que algunas noches tiene el mismo sueño en el que el mar no tiene agua y los animales están flotando sobre él. La diferencia es que ahora su sueño tiene un propósito: ser la voz de los océanos.