Después de una maratónica sesión que duró
casi 22 horas, 55 senadores (de un pleno de 81) se pronunciaron en favor de
juzgar a la mandataria y apartarla del poder durante 180 días, por maniobras
fiscales para engrosar las arcas durante su campaña de reelección en 2014.
Dilma Rousseff fue suspendida este jueves
del gobierno de Brasil, al final de una sesión histórica en la que una gran
mayoría del Senado votó a favor de iniciarle el juicio de destitución en su contra. Rousseff,
será reemplazada por su vicepresidente Michel Temer, de 75 años.
La salida de Rousseff de la presidencia
marca el fin a los más de 13 años del izquierdista Partido de los Trabajadores
(PT) en el poder del gigante sudamericano.
La mandataria se va del cargo con apenas un
10 por ciento de popularidad, en medio de una grave recesión económica y un
escándalo de corrupción que ha manchado a buena parte de la élite del poder en
Brasilia. Y se quedará sin inaugurar los Juegos Olímpicos que se celebran en
agosto en Rio de Janeiro.
“Es desproporcionado, es como si
quisiéramos penalizar con pena de muerte una infracción de tránsito”, dijo
la senadora Gleisi Hoffmann, exjefa de gabinete de Rousseff y miembro del PT.
“El impeachment es un remedio amargo,
pero necesario” frente a la baja popularidad de Rousseff, el aumento del
desempleo y la caída de la producción, dijo durante la sesión el senador
opositor José Serra (PSDB), posible canciller del nuevo gobierno de Temer.
La destitución definitiva de Rousseff
requiere de dos tercios de los votos del Senado (54 de un total de 81 miembros)
al final del juicio político. Menos de los votos que se registraron este jueves
en el Senado, lo que hace muy poco probable que vuelva al poder.
Muchos cuestionan este proceso en la cámara
alta, donde una mayoría está acusada de corrupción. Un estudio de la ONG
Transparencia Brasil reveló que 61 por ciento de los 81 miembros del Senado han sido
condenados o acusados de delitos en algún momento.