La presidenta Dilma Rousseff llamó este jueves a
los brasileños a movilizarse para resistir lo que consideró un golpe en su
contra, en su primer discurso tras ser suspendida por el Senado para ser
sometida a un juicio político.
Rousseff catalogó hoy como un “golpe” la decisión del Senado de separarla del cargo por 180 días, mientras es sometida a una investigación, y afirmó que luchará por concluir su periodo para el que fue electa en diciembre de 2018.
La decisión del Senado, “es un golpe, mi gobierno fue blanco insistente de sabotaje, crearon el ambiente propicio para el golpe”, aseguró la mandataria en una declaración televisada en cadena nacional.
Rousseff insistió en que no ha cometido ningún crimen o delito en su vida, y remarcó que va a luchar, “con todos los instrumentos legales”, para concluir su mandato para el que fue electa el 31 de diciembre de 2018.
Pidió a sus seguidores a mantenerse movilizados, “porque el pueblo sabe que la democracia se logra con la lucha”.
La oposición acusa a Rousseff de un “crimen de responsabilidad” punible con el “impeachment”, según la Constitución, cuando usó presuntamente artimañas contables por medio de créditos de instituciones públicas para cuadrar las cuentas de 2014 y 2015.
“La población sabrá decir no al golpe. A
los brasileños que se oponen al golpe, sean del partido que sean, les hago un
llamado, manténganse movilizados, unidos y en paz”, sostuvo Rousseff ante
periodistas y funcionarios en el Palacio de Planalto.
Video: AFP
“La lucha por la democracia no tiene fecha
para terminar. Es una lucha permanente que nos exige dedicación
constante”, afirmó.
Rousseff, que fue reemplazada de manera interina en
la presidencia por su exaliado y ahora enemigo Michel Temer, su vice durante
más de cinco años, debe abandonar este jueves el Palacio de Planalto.
Mientras dure el juicio político que se le inició
por maquillaje de las cuentas públicas, durante un máximo de 180 días
permanecerá en el Palacio de Alvorada, la residencia oficial.
“Lo que está en juego no es apenas mi mandato,
lo que está en juego es el respeto a las urnas, a la voluntad soberana del
pueblo brasileño y la Constitución”, afirmó una desafiante Rousseff,
vestida con un impecable traje blanco.
“Lo que está en juego son las conquistas de
los últimos 13 años, las ganancias de las personas más pobres y la clase
media”, añadió en referencia a los programas sociales impulsados por su
izquierdista Partido de los Trabajadores que gobernó Brasil desde 2003.
La exguerrillera de 68 años, que fue torturada y
encarcelada durante la dictadura militar y se convirtió en 2011 en la primera
mujer presidenta de Brasil, confesó que sufre “una vez más el dolor
abominable de la injusticia”.
“Lo que me duele más en este momento es
percibir que soy víctima de una farsa política y jurídica”, aseveró.
Rousseff es acusada de “crimen de
responsabilidad” por encubrir déficit presupuestarios y engrosar las arcas
con préstamos de bancos estatales durante su campaña a la reelección de 2014.
La mandataria asegura no obstante que es víctima de
un “golpe moderno” liderado por el “traidor” Temer y el
expresidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, suspendido por la Corte
Suprema por obstruir investigaciones de corrupción en su contra. Ambos
pertenecen al partido de centro derecha PMDB.
“El mayor riesgo para el país es ser dirigido
por un gobierno sin voto que no tendrá legitimidad para implementar
soluciones para los desafíos de Brasil”, aseveró tras recordar que fue
electa con 54 millones de votos para gobernar hasta fines de 2018.