Sube la marea… muchísimo

En Hawái, los puntos de referencia naturales sustituyen a
las direcciones cardinales del territorio continental. Así pues, puedes decir
que un lugar está hacia las montañas (mauka) o hacia el mar (makai), pero si te
encuentras en Honolulú, también puedes indicar que se acerca o se aleja de
Diamond Head, la cordillera volcánica que minimiza el perfil urbano de la vecina
Playa Waikiki, donde la zona está definida por un punto de referencia menos
natural, el Canal Ala Wai. Con tres kilómetros de largo, bordeado de palmeras y
recto como un palo, el ancho canal es la culminación de la Vertiente del Ala
Wai, que nace en un punto elevado en las montañas Ko’olau y desciende hasta la
Playa Waikiki. Casi toda la lluvia que no se absorbe en el suelo de esta
vertiente urbana —que abarca ocho de los barrios más poblados de Honolulú,
hogar de más de 160 000 habitantes, y 71 000 visitantes adicionales cada día—
fluye por ese canal.

El canal y sus riberas atraen a corredores, caminadores de
perros, remeros, algunos buscadores de cangrejos, y el ocasional pescador con
caña de bambú. Los días soleados, ofrece extensas vistas de la rugosa
Cordillera Ko’olau por un lado y los altos edificios de Waikiki, por el otro.
Pero cuando llueve, es un punto de gran vulnerabilidad en esta ciudad que suele
inundarse, por lo que se ha convertido en el objetivo de un proyecto del Cuerpo
de Ingenieros del Ejército estadounidense, el cual intenta proteger Waikiki de
sus aguas.

Hasta 1921, cuando se inició la construcción del canal, el
área era un estuario que sostenía la producción agrícola de plátano, taro y
otros cultivos nativos, así como la pesca en agua dulce. Igual que hoy, los
arroyos Makiki, Manoa y Palolo discurrían por valles densamente arbolados hacia
la costa. Para 1928, un proyecto de ingeniería civil había transformado el
área, drenando la tierra y proporcionando vertederos para el desarrollo de
bienes raíces. Dicho proyecto desvió los arroyos al aproximarse al mar,
dirigiéndolos al nuevo canal —el Ala Wai— en su punto medio. El canal original
fue diseñado para desembocar en el mar en sus dos extremos, pero la
desembocadura oriental nunca se abrió, y con tres cauces ingresando en el canal
y saliendo por un solo punto, la capacidad de drenaje de la vertiente durante
una estación de lluvias intensa, quedó seriamente impedida.

Entre tanto, la calidad del agua en la vertiente se vino
abajo. Los remeros han aprendido que es mejor verla y no tocarla; abundan
informes de costras e infecciones cutáneas atribuidas al contacto con el canal
después de fuertes tormentas. La causa principal es el escurrimiento
superficial de los numerosos caminos, estacionamientos y autopistas del área
—que acumulan pesticidas, metales pesados, patógenos, nutrientes y basura—,
aunque también han contribuido los desbordamientos ocasionales, pero
devastadores, de aguas negras.

En la vertiente superior, las plantas invasivas de raíces
poco profundas han causado estragos en la bóveda arbórea protectora,
contribuyendo a la erosión de la tierra y la sedimentación río abajo. Cada
lluvia arrastra basura y desechos orgánicos hasta los valles, obstruyendo el
drenaje y acumulando capas de sedimento. Cuando el canal se redujo a unos pocos
centímetros de profundidad en algunas partes, un esfuerzo de dragado de 7.4
millones de dólares, concluido en 2003, produjo 142 000 metros cúbicos de
“basura, escombros y fango”, en palabras del Honolulu Star-Advertiser.


TESORO ENTERRADO: La Playa Waikiki es un motor económico
valioso para Hawái, donde el turismo representa casi la cuarta parte de su
economía. FOTO: JAE C. HONG/AP

El riesgo es crítico: los barrios al interior de la
Vertiente del Ala Wai incluyen elevados edificios de apartamentos y hoteles,
viviendas unifamiliares, centros comerciales, escuelas primarias y secundarias,
universidades estatales, e infraestructura vital como hospitales, estaciones de
bomberos, y centros de atención de urgencias. Por otra parte, Waikiki es un
motor económico importante y creador de empleos en un estado donde el turismo
representa casi la cuarta parte de la economía; según algunos cálculos, el
barrio Honolulú genera 8 por ciento del producto interno bruto, y 9 por ciento
del ingreso fiscal.

En agosto pasado, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército
estadounidense y el Departamento de Tierras y Recursos Naturales de Hawái (DLNR,
por sus siglas en inglés) publicaron el borrador de un estudio de factibilidad
para un proyecto de mitigación de inundaciones en la Vertiente del Ala Wai, el
cual ahorraría a la ciudad, y al estado, 318 millones de dólares nada más en
daños estructurales. El objetivo autorizado para el proyecto es reducir el
riesgo de inundación del río, específicamente por un “incidente de inundación
[sin precedentes] en 100 años”, lo que describe tanto el volumen de la
inundación como la probabilidad estadística de su ocurrencia. Según el Cuerpo
de Ingenieros, una “inundación en 100 años” —un caudal casi tres veces mayor
que la capacidad máxima del canal— afectaría directamente a unos 54 000
residentes, 80 000 visitantes de Waikiki, y 3000 estructuras.

El nuevo Proyecto del Canal Ala Wai incrementaría la
capacidad del sistema para contener esas inundaciones potenciales,
distribuyendo cuencas de retención de agua por toda la Vertiente del Ala Wai, y
construyendo un dique de 1.2 metros en ambos lados del canal. Casi todas las
cuencas de retención se localizarían en la vertiente superior y estarían
adaptadas para capturar escombros grandes, mientras que en la ciudad, las áreas
grandes, como el Campo de Golf Ala Wai, se modificarían para convertirse en
áreas de retención temporal durante las inundaciones. El plan fue desarrollado
a lo largo de varios años en colaboración con DLNR y con aportaciones del
público, el estado y la ciudad; pero por supuesto, no faltan los críticos.

Las interrogantes más ríspidas se centran en la magnitud
del proyecto. Con la misión federal de mitigar el riesgo de inundaciones, el
Cuerpo de Ingenieros está limitado en su capacidad para resolver el problema
crónico de la calidad del agua y la degradación de los ecosistemas de la ladera
montañosa, los cuales representan una amenaza para la salud y la seguridad
públicas en las inmediaciones del canal. Y luego están los problemas que
provienen del mar.

Las inquietudes evidentes de Hawái son los tsunamis y los
huracanes; la temporada de huracanes de 2015 amenazó al estado con un récord de
15 tormentas tropicales. Pero junto con el cambio climático, las abundantes
precipitaciones y las consiguientes inundaciones, podría haber un problema más
persistente. La empinada Hawái, susceptible de lluvias torrenciales, suele ser
descrita por los científicos como “intempestiva”, eso significa que sus ríos
pueden inundarse sin previo aviso. Sus altas cordilleras, estrechos valles, y
someros lechos fluviales significan que la vertiente tiene poca capacidad de
almacenamiento para lluvias intensas. Según el Cuerpo de Ingenieros, en los
últimos 30 años, las Islas Hawaianas han experimentado un incremento de 12 por
ciento en los eventos de precipitación diaria.

Mientras tanto, el nivel global de los océanos aumenta al
ritmo más acelerado en 28 siglos, según informó un estudio de Proceedings of
the National Academy of Sciences, a principios de este año; para 2100, el nivel
promedio del mar habrá aumentado entre 30 centímetros y 1.8 metros. Las
proyecciones más recientes, publicadas en marzo en Nature, sugieren que más de
13 millones de personas estarán en riesgo, nada más en Estados Unidos. Y en
Hawái, conforme aumente el nivel del mar, el agua de lluvia que fluye
rápidamente de las montañas, encontrará otro tipo de embotellamiento de tráfico
al llegar al canal. “Habrá un montón de agua bajando de la vertiente, y no
podrá salir”, dice Chip Fletcher, quien dirige al Grupo de Geología Costera en
la Universidad de Hawái, Manoa.

En reconocimiento de la vulnerabilidad del estado ante los
impactos del cambio climático, en 2014, la Legislatura de Hawái aprobó una
legislación para tomar medidas, iniciando con la formación de un Comité
Interagencias para Adaptación Climática (ICAC, por sus siglas en inglés), y
ordenó la preparación de un informe detallado sobre la vulnerabilidad ante la
crecida del nivel del mar. A publicarse a fines de 2017, el informe estará
enfocado en la compleja interrelación de factores como inundación de agua
subterránea y erosión. No obstante, pese a los hallazgos, el mayor reto será
encontrar los recursos para implementar cambios.

Honolulú es una de muchas ciudades que empiezan a
reconocer la necesidad de adaptarse de manera preventiva al riesgo climático,
pero que carecen de los recursos y la urgencia política que acompañan a
tormentas como Sandy y Katrina. A la zaga de esos desastres, el liderazgo
estatal y federal —así como la afluencia de fondos de la Agencia Federal para
Gestión de Emergencias, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, el
Departamento de Transporte, la Fundación Rockefeller y otras fuentes— ha
permitido unificar los esfuerzos a nivel de estado y ciudad en Luisiana, Nueva
York y Nueva Jersey, a fin de replantear cómo deben ser los barrios, las
ciudades y la infraestructura resilientes, y cómo deben implementarse. Para
ello, es necesario reevaluar los patrones de desarrollo en bienes raíces y
recurrir a soluciones de infraestructura blanda, como jardines de agua
inundables, uso de ostras como infraestructura, y maceteros porosos que frenen
el escurrimiento y filtren las aguas de tormenta.

El reto para Honolulú es alcanzar la meta antes que llegue
la siguiente tormenta. Si recibe la autorización, el Proyecto del Canal Ala Wai
podría iniciar trabajos en 2020, pero es un cálculo muy optimista, según un
portavoz del Cuerpo de Ingenieros. Y los dólares federales solo cubrirán dos
tercios de los costos; DLNR tendrá que encontrar fondos para el 35 por ciento
restante, y desarrollar un plan para costear las operaciones anuales y el
mantenimiento.

Quienes viven en otras ciudades susceptibles de
inundaciones podrían aprender mucho del Estado Aloha. Aunque aún se encuentra
en sus etapas iniciales, el ICAC de Hawái refleja el consenso creciente de que
el cambio climático incide en muchos temas complejos y conectados que no pueden
combatirse en solitario. “Pili na mea a pau”, dice el sitio hawaiano de ICAC:
Todas las cosas están relacionadas.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in
cooperation with Newsweek