Muro comercial de Trump empobrecerá a EE.UU.

EL LLAMADO de Donald Trump a favor del proteccionismo comercial le ha dado buenos
dividendos en Indiana, donde los votantes de las elecciones primarias acudirán
a las urnas el próximo martes.

Donald
desea construir un muro literal a lo largo de la frontera entre Estados Unidos
y México, que resultaría tan ofensivo como ineficaz.

Igual
de malo es el muro metafórico que desea establecer para el comercio entre
fronteras y los flujos de inversión: él desea impedir que el comercio entre
Estados Unidos, y que las inversiones salgan de ese país, mediante mayores
aranceles a las importaciones y penalizaciones a las empresas estadounidenses
que decidan iniciar operaciones en el extranjero.

Aún
no está claro si Trump podrá lograr cualquiera de esos objetivos como
presidente. Sin embargo, lo que sí está claro es que si pudiera, su “desglobalización”
y su “renacionalización” de la economía mundial harán que todo el mundo esté
peor.

La
postura de Trump parece estar impulsada principalmente por un puñado de
anécdotas acerca de las operaciones de Ford, Carrier y Nabisco en México. Hay
algo que le molesta en el hecho de que estas tradicionales empresas
estadounidenses se encuentren en México.

Sin
embargo, al asumir esta postura, Trump finge no saber cómo funcionan las
empresas modernas. Bien podría aprender una lección de sus propias compañías,
que periódicamente invierten dinero en lugares distintos a Estados Unidos.

Por
ejemplo, Trump ha invertido en varios campos de golf del Reino Unido. ¿Debió
haber invertido en Estados Unidos? Si el orgullo nacional fuera su único
objetivo, quizás la respuesta sería afirmativa. Sin embargo, si lo que importa
es hacer un buen negocio, entonces dicha respuesta tendría que ser “no”.

Al
igual que todas las empresas, Trump debe invertir dondequiera que tenga el
mayor sentido desde el punto de vista económico. Y si otras empresas
estadounidenses desean mantener su competitividad, eso es también lo que deben
hacer. No construyas un campo de golf en Estados Unidos simplemente porque eres
estadounidense si existe una mejor oportunidad en Escocia.

Lo
mismo vale para otros productos y servicios, como los automóviles, los equipos
de aire acondicionado y las galletas. Las empresas deben funcionar y vender en
los lugares donde ello tenga el mayor sentido desde el punto de vista
económico.

Para
ejemplificar esta afirmación, solo debemos mirar a Ford, una de las empresas
que Trump menciona con mucha frecuencia. Ford es una empresa mundial que
fabrica y vende automóviles en todo el mundo. El hecho de abrir una nueva
fábrica en México no es una señal de que la empresa esté abandonando su “tierra
natal”. En lugar de ello, Ford trata de proporcionar un servicio a todo el
mundo. Cuando Ford produce y vende en México, esto es positivo para los
trabajadores estadounidenses que trabajan en su país de origen, quienes se
benefician cuando Ford crece y a quienes les gustaría ver que Ford siguiera
siendo una empresa competitiva.

Además,
los flujos de inversiones extranjeras en la dirección opuesta demuestran lo
absurdo de las objeciones de Trump al libre comercio y a los flujos de
inversión. En las últimas décadas, muchas empresas de propiedad extranjera han
abierto fábricas en Estados Unidos: BMW en Carolina del Sur y Airbus en
Alabama, por mencionar sólo dos de ellas

En
teoría, Trump podría interrumpir el flujo de inversiones estadounidenses que
van al extranjero. Sin embargo, al hacerlo, es casi seguro que ofenda a
nuestros socios comerciales y que desencadene una serie de límites a los
inversionistas extranjeros que deseen abrir operaciones en Estados Unidos.

En
efecto, es técnicamente posible establecer un muro económico alrededor de
Estados Unidos mediante distintas intervenciones reguladoras y comerciales. Sin
embargo, dicho muro es una idea terrible. El efecto sería perjudicial para los
intereses económicos de todos los estadounidenses al reducir la competencia,
aumentar los precios y reducir el crecimiento económico.

Podríamos
tener un mundo en el que Estados Unidos produzca para los estadounidenses, los
coreanos produzcan para los coreanos, Alemania produzca para los alemanes y así
sucesivamente. Sin embargo, ¿por qué habríamos de desear algo así?

De
hecho, un muro podría no ser la mejor metáfora en este caso. En el mundo de
Trump, los estadounidenses estarían agazapados en un búnker económico. El resto
del mundo está cada vez más abierto al comercio y a los flujos de inversión.

China,
que es un país muy criticado por sus prácticas comerciales, está impulsando
nuevos acuerdos de libre comercio con muchos de sus socios comerciales. Quizás
debido al tamaño de Estados Unidos, existe la tendencia entre algunas personas
a creer que podemos y debemos producir todos los productos y servicios en
nuestro país y no establecer relaciones comerciales con otros.

Sin
embargo, aún si pudiéramos hacerlo, definitivamente no deberíamos. Con el
mercado global de 6,000 millones de personas (excluyendo a Estados Unidos), el
resto del mundo está en posición de iniciar una oleada de eficiencia conforme
los países mejoran sus relaciones económicas.

Sí,
en contraste, Estados Unidos se retira a un búnker, tratando de fingir que el
resto del mundo no existe, nos perderemos de esas ganancias económicas y, en su
lugar, enfrentaremos un futuro de estancamiento económico. Esa es la dirección
en la que Trump nos llevaría.

Simon
Lester es analista de política comercial del Instituto Cato.

Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek