El 1 de marzo pasado, David Penchyna solicitó licencia en la Cámara de Senadores para dejar su cargo y asumir, en consecuencia, la dirección del Infonavit, a la cual fue postulado por el presidente Enrique Peña Nieto unos días atrás. Al subir a la tribuna y despedirse, a Penchyna se le cortó la voz y ofreció disculpas a sus pares, “por si alguna vez, al calor del debate, ofendí a alguien”. La mayoría de los senadores aplaudió su gesto, no sólo los pertenecientes a su partido, el PRI, sino también los de la oposición.
Político polémico, de carácter férreo y posiciones, la mayoría de las veces, invariables, como senador fue un ferviente defensor de la reforma energética, lo cual lo condujo a sostener agrios desencuentros con los representantes del Partido de la Revolución Democrática, entre ellos Benjamín Robles, Dolores Padierna y Layda Sansores. No obstante, Penchyna también tejió alianzas y se ganó el respeto de políticos tan férreos y polémicos como él, como Alejandro Encinas, del PRD, y Roberto Gil Zuarth, del PAN.
A poco más de la mitad del sexenio, Penchyna asume la dirección de la hipotecaria más grande de Latinoamérica, a la cual están afiliados 18 millones de trabajadores activos y cerca de 930 000 empresas de todo el país. Fundado en el año 1972, el Infonavit otorgó en días pasados el crédito número nueve millones de su historia, el cual fue entregado a Leticia Isabel Maldonado Calleros por el presidente Enrique Peña Nieto y el propio Penchyna, durante la celebración de la 112 Asamblea General Ordinaria de la institución.
Nacido en Hidalgo, padre de dos hijos, jugador ocasional de tenis, amante del cine y las novelas y libros de historia, Penchyna recibe en su despacho a Newsweek en Español.
—De vuelta al Infonavit, sólo que ahora por la puerta grande…
—Yo creo que no hay puerta grande o pequeña, uno profesionalmente aspira a crecer y sí, hoy tengo el privilegio de regresar después de muchos años a trabajar en una institución que fue parte de mi formación profesional, y que creo que es una de las instituciones más bellas en la más amplia extensión de la palabra, porque esta gran familia del Infonavit trabaja para construir sueños, que es algo que marca la vida de las familias, que es tener una casa digna, una cuenta de ahorros cuando te vas a retirar… Esas son nuestras dos misiones aquí en el instituto y es un privilegio, un honor y un compromiso muy grande el poder hacer bien las cosas para que a este instituto le vaya bien.
—Eres nombrado director del Infonavit, una institución que realiza una función social en un momento complicado. Lo voy a plantear así: en este México que no es sencillo y que ha estado convulso en los últimos tiempos —basta con mirar las noticias de ayer y hoy, las de anteayer y de cualquier periódico de esta semana—, dicen que te sacaste la rifa del tigre.
—Me saqué el privilegio de servir desde una institución que es del Estado mexicano, que es un pilar de la seguridad social y que tiene una noble causa, que es cuidar el ahorro de millones de trabajadores para preparar una vejez más digna y otorgar financiamiento para que tu vida sea digna a través de un espacio donde puedas convivir con tus hijos; es una gran institución. Del tamaño del reto es el tamaño de mis obligaciones, y yo no lo quiero ver como una rifa del tigre, yo lo quiero ver como un reto a vencer donde entreguemos buenos resultados. Tomo esta institución a la mitad del camino, la tomo a partir de que el presidente, inmerecidamente, me propuso en la Asamblea, y la Asamblea es la que me nombra como director y obtengo una unanimidad.
—¿Por qué inmerecidamente? Ayer también lo mencionaste en la asamblea.
—Yo creo que alabanza en boca propia es vituperio; yo creo que es un privilegio de vida y de oportunidad de servir. Inmerecidamente, bueno, porque creo que no soy perfecto y tengo muchos defectos y trataré de contrarrestarlos con trabajo, con un buen equipo de trabajo, con buenos principios, y tengo la obligación de dar buenas cuentas al presidente, que me da esta oportunidad y a la Asamblea que me ha votado por unanimidad. Esta no es una institución estrictamente de gobierno, los dueños del Infonavit son los trabajadores de México y a ellos hay que rendirles cuentas y en ellos primero que nadie hay que pensar, en generar resultados y, en ese sentido, es una carga fuerte. Por eso trato de levantarme temprano, de acostarme tarde, robarle tiempo al tiempo, para poder trabajar correctamente… En fin, es una carga muy fuerte para mí y yo lo único que quiero es que al Infonavit le vaya bien. Y creo que si al director le va bien, al Infonavit le va ir bien. Y si al Infonavit le va bien, le va ir bien al presidente, con el que tengo una responsabilidad y un compromiso, y lo digo abiertamente, no me apena decirlo. Y si a todos esos nos va bien, a México le va a ir mejor.

—¿Cómo se ve el Infonavit ahora a tu regreso?
—Yo había formado parte de un equipo que se atrevió a formar un mejor Infonavit, y después de eso acompañé al director Alfredo Philips —que en paz descanse— como consecuencia de esa reforma al frente de esta institución. Y yo diría que la institución se ve mejor que como se veía hace 22 años, mucho mejor de lo que empezó como institución del Estado mexicano hace 44. Pero yo también marcaría que se ve mucho mejor hacia adelante, porque en el epicentro de financiar vivienda, de conservar los ahorros de los mexicanos, hoy el hogar tiene buenas noticias hacia el futuro porque hemos promovido como generación un conjunto de reformas que se traducen en más libertades: mayor libertad económica, mayor libertad social, mayor libertad política. Eso ha generado muchos fenómenos, incluso una sociedad más crítica, pero nosotros nos hemos atrevido a imaginar que México puede ser mejor a partir de apostarle a la capacidad emprendedora de su gente. Y aquí tiene un gran sentido, porque es gracias al ahorro, al trabajo cotidiano de los derechohabientes, que son los verdaderos dueños del instituto, quienes pueden hacer un mejor país. Aquí tenemos una frase que nos gusta mucho: “La patria se forma hogar por hogar”. En la medida que hagamos mejores hogares, tendremos una mejor patria.
—¿Cuál es tu meta como director del Infonavit?
—Dejar un Infonavit listo para lo que tiene que enfrentar en el futuro; atender más mexicanos trabajadores que coticen de mejor manera; tener una institución financiera sólida como la podemos recibir, pero más sólida para tener mayores instrumentos que se traduzcan en más créditos, más baratos y en mejores plazos, para atender a los que menos tienen. El tener y dejar una institución más eficaz, más eficiente y más austera, el rendir cuentas me parece algo fundamental. Y el poder ver a mis hijos a la cara. Y sí, es una premisa muy fuerte en mí, el poder verlos y decirles: “Vayan a la calle, no hay bronca”; eso es algo que me mueve muy fuerte y eso es lo que quiero, nada más.
—Has dicho “dejar un Infonavit listo para el futuro”. Un grave problema de la política en México, y lo vimos con el ascenso del PAN al poder el año 2000, es la falta de continuidad, no debería de importar qué partido o qué persona asume el poder cada seis años, sino trabajar a partir de los logros realizados por el poder político anterior. ¿Cuándo, en tu opinión, vamos a estar listos para trabajar con los restos de los edificios, de los monumentos que deje un partido político opositor o aliado por el bien del país?
—Cuando participemos más y tengamos claro que nuestros objetivos son los mismos. Puede llegar el partido político que llegue y no pasa nada, así es la democracia. Indistintamente, uno participa en un partido político para ganar esos espacios, pero lo que se haga bien hay que darle para adelante. Creo que ya no hay que cambiarle de nombre a los programas que funcionan, deben ser patrimonio no de un sexenio, sino el patrimonio de una sociedad, y tenemos que corregir lo que se haga mal; te voy a poner el ejemplo aquí. De 2000 al 2012 la meta de vivienda creció mucho, y sé que hay que aplaudirlo, pero lo que no hay que repetir es que en ese crecimiento se generaron fenómenos perversos y equivocados. En el ánimo de construir muchas casas no se cuidó la distancia donde se hicieron: ¡estaban muy lejos de los centros de trabajo de los derechohabientes del Infonavit! Y entonces tenemos un fenómeno brutal que, además, ya cobró factura: varias empresas incluso quebraron. Era más caro para el derechohabiente desplazarse de su casa a los centros de trabajo, que lo que le costaba pagar su casa. Sí, creció mucho la construcción de vivienda, pero también creció mucho la cartera vencida, creció mucho el abandono de casas. Y eso estuvo mal, y va más allá de un ataque político sexenal porque eran de otro partido.

—Y ahora ustedes son otro partido…
—Y ahora somos de otro partido. Eso es un hecho, eso no es un juicio de valor, eso hay que corregirlo y lo estamos corrigiendo, no hay que volverlo a hacer. Por eso es importante coordinarnos con otras instituciones del gobierno en los órdenes municipal y estatal para ver dónde hacemos la vivienda del futuro. La vivienda del futuro no puede dejar de tener servicios: agua, luz, drenaje; la vivienda del futuro —parece elemental lo que estoy diciendo, pero es real— debe tener centros educativos cercanos para los hijos, que hoy con la reforma educativa, además, pueden ser servicios educativos de mayor calidad. Tenemos que tener en lo posible movilidad urbana para poder ir a trabajar y que el costo del desplazamiento cotidiano no sea más caro que lo que cuesta tu hipoteca. Bueno, ahí hay algo que hay que retomar. Tomar lo bueno, corregir lo malo. Y las sociedades en ese aprendizaje van madurando.
—Tú eres un político surgido en el Partido Revolucionario Institucional y has mencionado en diversas ocasiones que el PRI tiene una deuda importante con México, me gustaría ahondar en eso.
—Yo soy priista porque la síntesis de su ideología es la justicia social y la democracia, hemos luchado mucho y hemos sido parte como partido. Los partidos somos partes, por eso se llaman partidos políticos. La parte que representa el PRI es un partido que en su objetivo siempre ha tenido en síntesis ideológica el mandato de la justicia social y la democracia. La democracia la alcanzamos juntos y somos un partido de demócratas porque cuando perdimos el poder lo aceptamos, y cuando lo ganamos, lo hacemos valer. Pero seguimos teniendo un gran pendiente desde 1910, un pendiente que no es de esta administración solamente, es un pendiente histórico: la justicia social. Seguimos teniendo una sociedad muy desigual. Quien es priista de a de veras tiene que trabajar para buscar herramientas para alcanzar ese objetivo, y hoy me siento muy orgulloso de ser un priista de nueva generación que está imaginando esa nueva generación encabezada por el presidente Enrique Peña Nieto de que se pueden hacer mejor las cosas apostándole a la capacidad emprendedora de la gente.
—Un priista que ha sostenido agrios desencuentros con la oposición, pero que también ha sido reconocido por ellos…
—Un país puede ser muy bello en sus playas, montes, llanuras, pero sin gente no existe, y si le apostamos a la capacidad de la gente —que es mucho mayor a la de un grupo políticos o de dirigentes—, a México le va a ir bien. Y lo que ha hecho Peña Nieto es eso y yo me siento parte de ese cambio, con hechos que es apostar a la libertad de la persona, a la libertad económica, rompiendo monopolios como el del sector energético o como el de las telecomunicaciones; apostándole a las competencias y a la creatividad de su gente, a una libertad política con reformas que nos hagan más libres al momento de decidir quién queremos que nos gobierne; a la libertad social, donde podamos ubicar que la obligación de un gobierno es trabajar por los que menos tienen y que busquemos mecanismos de compensación con el sector privado para que los que tienen más den a los que tienen menos, y en ese sentido nos podrán criticar y bienvenida la crítica. Al apostar por una mayor libertad las críticas aumentan, ¡y qué bueno que sea así! Pero eso no nos puede hacer renunciar a lo que queremos, un mejor país, y a no atrevemos a cambiar lo que no ha generado los beneficios que siempre la sociedad ha estado buscando. Y en ese sentido creo que sí hay un reconocimiento de mí hacia ellos, más que de ellos hacia mí, de que en la diferencia de las ideas debatamos cómo encontramos el mejor camino porque las cosas no están bien. Y que creo que al final sí logré que nos lo reconocieran. Podemos estar en desacuerdo, pero el objetivo es el mismo.
—Pero más allá de desacuerdos o acuerdos, hay un respeto del opositor…
—Es que logré, logramos… con esa conciencia logramos cambios y de ahí viene el reconocimiento. Las reformas las hicimos los que votamos a favor de ellas y los que votamos en contra de ellas, la democracia así es. Por ejemplo, a mí me sorprende mucho que digan: es que en el Senado y en la Cámara de Diputados se la pasan discutiendo, pues para eso es. El presidente sabía perfectamente que los cambios tan brutales, tan fuertes que se hicieron, iban a generar reacciones y ánimos de crítica y ánimos, incluso, a veces de desánimo. Yo le admiro al presidente que no ha claudicado porque lo que viene es mejor para el país que lo que teníamos. La gente quisiera que tuviéramos varitas mágicas y que de un día a otro las cosas cambiaran; no, no, no, eso es demagogia, eso es irresponsable pensarlo o plantearlo. No puedes pedir cambios de un día para otro luego de haber estacionado al país en modelos que estuvieron encerrados por 70 años, el sector energético; modelos que estuvieron encerrados 30 años, como el sector de las telecomunicaciones; quién más que nosotros quisiéramos que el cambio fuera en automático, no. Los cambios se tienen que luchar, se tienen que trabajar, se tienen que poner en práctica, se tienen que cambiar mentalidades, se tiene que enfrentar la crítica por los intereses que se rompen, lo estamos asumiendo con toda responsabilidad. Y hoy que trabajo aquí, pues todas esas políticas convergen porque la patria, te repito, se forma hogar por hogar, y aquí trabajamos para hacer hogares y ahí puede haber y estoy seguro que hay un mejor futuro para todos. Creo que todos queremos que a nuestros hijos les vaya bien: con justicia, con responsabilidad, apegados a derecho. Yo no me imagino otro sentimiento y ese es el sentimiento que debe de mover y está moviendo a México.

—Mencionaste la palabra sentimiento. Tengo la impresión, o al menos eso has demostrado, de que eres un hombre de sentimientos, de emociones. Te despides del Senado, te despides con lágrimas y tus compañeros también se despiden así de ti. ¿Qué pasó?
—Es que no pasa nada. Me da un poco de risa y sentimiento otra vez porque los políticos muchas veces nos hemos alejado tanto de la sociedad, que la sociedad se olvida de una premisa básica: somos tan seres humanos como ustedes, somos gente que sabe reír y llorar, somos gente que tienen ratos buenos y ratos malos, tenemos angustias.
—Pero no lo parece…
—Creo que hoy los políticos tenemos la obligación de quitarnos batas, máscaras, y tenemos que ser ciudadanos antes que políticos, porque… ¿qué crees?, somos ciudadanos. Yo soy un padre de familia, pago impuestos, tengo una esposa, tengo una madre, mi padre lamentablemente falleció… tengo alegrías y tristezas, tengo angustias y esperanzas, tengo lo mismo que tú y que cualquiera que está vendiendo una torta o el que está dirigiendo una empresa o un banco o el que está manejando un taxi, soy tan persona como ellos. Mira, si nos picamos las manos nos sale sangre como a cualquier mortal, somos tan ciudadanos como los ciudadanos, aunque nuestra responsabilidad es distinta. Pero eso no nos deja ni nos quita el factor humano y creo que los políticos entre más humanos seamos, vamos a hacer mejor nuestro trabajo. No podemos, ni debemos, ni tenemos permitido marearnos en un ladrillo, porque entonces desvías tu atención y empiezas a hacer cosas indebidas, no podemos desprendernos de que somos padres de familia. Yo quiero que el día de mañana mis hijos no se sientan avergonzados de quién fue su papá. De modo que no me parece espectacular…
—No lo es, pero parece espectacular porque en los hechos no es común.
—Creo que tenemos la obligación de hacerlo común. Creo que tenemos la obligación de aceptar nuestros errores, nuestras virtudes, nuestros defectos, nuestros afectos: somos seres humanos. Si los políticos fueran robots, estarían en otro lado. Y uno es transitorio en la vida de las instituciones, y uno tiene la obligación de fortalecer las instituciones, obligación es fortalecer al Infonavit.
—¿No es esa parte humana, más allá de partidos y de colores, esa sensibilidad, la que ha faltado a la política en México?
—Yo creo que sí, pero también lo que ha faltado es el entendimiento conjunto de una sociedad. A ver, uno puede tener un partido político si se dedica a la política, eso es normal, porque formas parte de algo, por eso se llaman partidos políticos, porque los partidos políticos son una parte de una manera de pensar, y tú puedes irle a un partido o a otro o a ninguno porque hoy hemos impulsado las libertades políticas. Yo soy parte de un congreso, fui parte de un congreso que impulsó la regulación que nadie se atrevía a hacer, que era la posibilidad de los candidatos independientes, hasta esa opción ya tenemos. Bueno, tú, como ciudadano, seguramente le vas al América, a las Chivas o a los Pumas, estás tomando parte de un equipo. A lo mejor a ti te gustan más las tortas que los tacos, estás tomando parte de tu gusto culinario. Tú pudiste haber sido muchas cosas en la vida, pero escogiste la profesión de periodista, tomaste una decisión como una parte de las opciones que la vida te daba. A mí me gustó la política, me metí y escogí. Y cuando escogí ser parte de una ideología había muy poquitas ideologías, hoy hay muchas para que la gente escoja. Lo que no se vale es ser ajeno a formar parte del destino de tu país. Eso sí no se vale. Votar es un derecho, pero también es una obligación, y si queremos una democracia más fuerte hay que votar, participar, fijarse, escoger y evaluar. Entonces, creo que los políticos tenemos que regresar a lo básico de la sociedad mexicana, al sentido común, a no sentirnos más que aquellos a los que servimos; no tenemos ese privilegio.
—La política que se ha hecho en México, no importa quien la haga, no ha estado siempre a la altura de lo que necesitaría este país o lo que se exige dadas las carencias o circunstancias…
—Siempre habrá quien haga mal la política en la medida en que no todos hagamos lo que tenemos que hacer, en las sociedades los espacios se llenan cuando no los ocupas, aunque sea de aire. Hay fenómenos de los que no nos damos cuenta, pero los incentivamos con pequeñas partes: el tema de la corrupción, sobornar a un policía en un crucero por pasarte el alto es corrupción; todos tenemos que cambiar. Por supuesto, hay algunos que tienen más obligación que otros, por ejemplo, nosotros que administramos las cosas de los demás, sí, pero eso no nos desprende de otras obligaciones que todos debemos tener. Entonces sí, sin duda, hay políticas o políticos que le han faltado a México y que es imperdonable que lo hagan, pero también debemos reconocer que todos tenemos que trabajar más.

—Hoy entre la ciudadanía existe un gran desencanto por la política, por los políticos, quizá se debe a eso.
—Yo tengo la esperanza de que en las futuras contiendas políticas la demagogia la deje atrás la sociedad. Los políticos no necesariamente tienen por qué hacerlo, cada quien adopta su estrategia, eso a mí no me espanta, la sociedad debe tener la madurez para no entrar en el fenómeno de los mesianismos, en caudillismos que en otro tiempo han hecho mucho daño. El poseedor de la verdad en la política mexicana es el pueblo de México, no el político, y no se vale engañar, porque cuando encuentras demasiada demagogia cubierta de popularidad vas directo a un fascismo, y eso es lo que hay que impedir.
—Pero incluso en un país tan desarrollado políticamente como Estados Unidos lo estamos viendo.
—Sí porque las sociedades están atravesando… y qué bueno que me lo preguntas porque esto no es un tema de México, es un tema del mundo, es curioso. El mundo en sus diferentes latitudes tiene muchas oportunidades por delante, pero a la vez tiene muchas demagogias, caudillismos absurdos que faltan a la verdad. Estamos viviendo una época muy compleja, imaginar tan sólo que en Estados Unidos exista la posibilidad de una candidatura en manos de un fascista como Donald Trump. El Hitler de América contra los migrantes, particularmente los hispanos, es absurdo lo que plantea Trump: la mano de obra de sus desarrollos inmobiliarios —que le hicieron acumular una enorme fortuna— tiene un gran contenido hispano por delante. Es un fascista y es una amenaza, una amenaza tan fuerte que pareciera que va a ser el candidato de los republicanos; bueno, ahí hay algo que anda mal. Y en otras latitudes también.
—El futuro, ¿cómo se ve el futuro de México y cómo se ve el futuro de David Penchyna?
—El futuro de México es tal vez, como nunca, una gran oportunidad en la historia de un país joven, somos un país muy joven. Creo que mucha parte de la sociedad no se da cuenta, pero 200 años en la vida de un país es muy poquito, hay otros países que tienen, no sé, diez siglos, cinco siglos, como Inglaterra, Francia, Rusia. Somos un país joven con un gran futuro, que se ha atrevido a apostar como nunca en su historia, a detonar su crecimiento y su desarrollo a partir de la capacidad emprendedora de la gente. El futuro de México es extraordinario y yo espero que no caigamos en la lógica de nuevos caudillismos de esta ola internacional extraña que está pasándole el mundo, porque como nunca tenemos la oportunidad de ser mejores a partir de nuestro propio esfuerzo, a partir de más libertades, y no de estar esperando que el gobierno haga por nosotros lo que nosotros tenemos que hacer por este gran país.
“El futuro de David Penchyna es lo de menos —concluye el director del Infonavit—. Creo que David Penchyna sabe trabajar y quiere trabajar y no me da miedo el futuro, venga lo que venga. Tengo forma de salir adelante porque la vida ha sido muy generosa conmigo y me han preparado para enfrentarlo. Hoy tengo una gran trinchera para aportar y un gran reto profesional que es el Infonavit, el gran pilar de la seguridad social el México junto con el IMSS, el ISSSTE, que son instituciones del Estado. Vamos más allá de la coyuntura de un gobierno y creo que ese reto está muy padre. Y me gusta trabajar y le estoy poniendo todas las ganas, por ganas no va a parar”.