Un día del otoño de 1974, cuando tenía nueve años, Sergio Canavero visitó su habitual puesto de revistas en una calle desbordante en Turín, Italia, para comprar un cómic.
Cuando era un niño intimidado en la escuela, el hombre, quien ahora afirma que puede completar el primer trasplante de cabeza humana, estaba tristemente consciente de su patético estatus social —“nerd convencional”— y buscaba un escapismo en la ficción. Su apego al Peter Parker de Spider-Man, otro cerebrito, lo atrajo profundamente al mundo de los cómics de Marvel, con su dosis de medicina futurista. Ese día trascendental compró el número 51 de Marvel Team-Up, en el cual el Dr. Strange les presume a Spider-Man e Iron Man:“Yo mismo he unido de nuevo las neuroconexiones cortadas… Las terminaciones nerviosas se han fusionado, el proceso de sanación ha comenzado”. Esto marcó el primer encuentro de Canavero con la idea de la fusión de la médula espinal. Y quería más.
Hace tres años, Canavero, ahora con 51 años, tuvo su propio momento de Dr. Strange cuando anunció que había sido capaz de hacer un trasplante de cabeza humana en un procedimiento de dos partes que llama “heaven” (operación de anastomosis de cabeza) y “géminis” (la subsiguiente fusión de la médula espinal). Valery Spiridonov, un hombre ruso de 31 años y gerente de programación en el campo del desarrollo de software,pronto surgió del éter de internet para ofrecer su coco. Sufre de la enfermedad de Werdnig-Hoffman, un trastorno que atrofia los músculos, y está desesperado. Calavero vincula la disposición de Spiridonov a aventurarse en una nueva frontera médica con la resolución audaz del cosmonauta Yuri Gagarin de convertirse en el primer ser humano que viajara al espacio en 1961.
Pero muchos descartan los planes de Canavero como una fantasía. Y si tiene un némesis al estilo de los cómics —¿o tal vez él sea el héroe aquí?— es Arthur Caplan, fundador de la División de Bioética de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York. “Pienso que él es un charlatán, un matasanos y un promotor de sí mismo”, dice Caplan, quien también tilda a Canavero de “lunático” que “trafica con falsas esperanzas”. Quienes juzgan a Canavero usualmente le asignan una de dos categorías: o es un estrafalario Dr. Frankenstein que busca fama sin importarle el riesgo o es un innovador dispuesto a intentar lo que otros consideran imposible.
Mientras tanto, Canavero afirma que sus detractores lo denuncian públicamente, pero luego se acercan a él para saber más. Y en un mundo de trasplantes de corazón, pulmón, riñón, útero y mano, se pregunta por qué todavía no podemos trasplantar la cabeza humana. Después de todo, en 1970 el neurocirujano estadounidense Dr. Robert White llevó a cabo el primer trasplante exitoso de una cabeza a otro cuerpo cuando operó un mono Rhesus. La tecnología moderna de fusión de médula espinal todavía no se había desarrollado, y el mono vivió sano sólo unos pocos días. Pero en 1999, White predijo que aquello que “ha sido materia de la ciencia ficción —la leyenda de Frankenstein— se hará una realidad clínica a principios del siglo XXI”.
Canavero tiene un plan, descrito en un artículo de 2013 en la revista evaluada por sus pares Surgical Neurology International y presentado en 2015 como las palabras de presentación de la 39º conferencia anual de la Academia Estadounidense de Cirujanos Neurológicos y Ortopédicos. Es un procedimiento de 36 horas y 20 millones de dólares que involucra por lo menos a 150 personas, incluidos médicos, enfermeras, técnicos, psicólogos e ingenieros de realidad virtual.
En una sala de hospital especialmente equipada, dos equipos quirúrgicos trabajarán simultáneamente, uno enfocado en Spiridonov y, el otro, en el cuerpo del donante, seleccionado de un paciente con muerte cerebral y coincidente con el del ruso en altura, complexión e inmunotipo. A ambos pacientes —anestesiados y equipados con tubos para respirar— se les inmovilizarán las cabezas usando sujetadores y abrazaderas de metal, y se conectarán electrodos a sus cuerpos para monitorear la actividad cerebral y cardiaca. Luego, la cabeza de Spiridonov será casi congelada, alcanzando finalmente los 12 a 15 grados Celsius, lo cual causará una muerte cerebral temporal.
Los médicos entonces drenarán la sangre de su cerebro y lo llenarán de una solución quirúrgica estándar. Un cirujano vascular serpenteará tubos de tipo camisa hechos de silástico (una combinación de silicona y plástico) alrededor de las arterias carótidas y las venas yugulares; estos tubos se apretarán para detener el flujo sanguíneo y luego se aflojarán para permitir la circulación cuando la cabeza y el nuevo cuerpo estén conectados. Luego los dos equipos, trabajando en sincronía, harán incisiones profundas alrededor del cuello de cada paciente y usarán marcas con código de color para señalar todos los músculos en la cabeza de Spiridonov y la del donante, para facilitar la reconexión.

Luego sigue el paso más crítico de todos. Bajo un microscopio quirúrgico, los médicos cortarán limpiamente ambas médulas espinales, con una nanocuchilla de diamante de 200 000 dólares tan delgada que se mide en angstroms, provista por la Universidad de Texas. Entonces empiezan las prisas: tan pronto se le ha cortado, la cabeza de Spiridonov tendrá que ser unida al cuerpo del donante y conectada al flujo sanguíneo en máximo una hora (cuando la cabeza es traspasada, los vasos sanguíneos principales se sujetarán con abrazaderas para evitar que el aire provoque una obstrucción). Los cirujanos rápidamente coserán las arterias y las venas de la cabeza de Spiridonov con las de su nuevo cuerpo. El flujo sanguíneo del donante entonces, en teoría, calentará de nuevo la cabeza de Spiridonov a temperaturas normales en cuestión de minutos.
Si todo eso sale como se planea, Canavero entonces podrá hacer válida su inspiración del Dr. Strange con “géminis”. Las longitudes de los muñones cortados transversalmente de la médula espinal se ajustarán para que sean iguales, y los axones mielinizados, las partes parecidas a espagueti de las neuronas, serán unidas usando un tipo especial de pegamento hecho de glicol de polietileno, un polímero inorgánico del cual Canavero dice que es el verdadero elíxir mágico del procedimiento. De esta manera, se establecerá la función de la médula espinal al permitir que el citoplasma de las células adyacentes se mezcle.
Entonces es hora de cerciorarse de que la fusión espinal esté segura con unas pocas suturas holgadas aplicadas alrededor de la médula unida y ensartadas a través de la membrana delgada que rodea el cerebro y la médula espinal. Para terminar de asegurar la cabeza de Spiridonov, las arterias vertebrales previamente expuestas del donante y Spiridonov también se conectarán para lograr el flujo sanguíneo apropiado. Además, la duramadre, la membrana dura y más externa que cubre el cerebro y la médula espinal, se coserá herméticamente con alambres y abrazaderas. De manera similar, los médicos reconectarán la tráquea, el esófago, los nervios vagos y frénicos, junto con todos los músculos cortados, y cirujanos plásticos coserán la piel para resultados cosméticos óptimos.
Todo el tiempo, los médicos garantizarán un sistema inmune suprimido mediante medicación, y después del trasplante monitorearán con regularidad la sangre de Spiridonov en busca de anticuerpos contra el donante mientras él yace en un coma inducido por cuatro semanas para permitir que su cerebro se recupere. Durante ese tiempo, los médicos estimularán eléctricamente la médula espinal para fomentar la comunicación entre neuronas y mejorar las funciones motoras y sensoriales de Spiridonov.
En cuanto despierte, Spiridonov comenzará su rehabilitación, incluido entrenamiento con realidad virtual. Canavero predice que su paciente será capaz de caminar de tres a seis meses después de la cirugía.
A pesar de la minuciosidad en la presentación en la conferencia de Annapolis, Maryland, Canavero y Spiridonov enfrentaron críticas fuertes y dudas. Spiridonov respondió una pregunta sobre la ética de esta cirugía mediante preguntar si a alguien le gustaría estar en sus zapatos: necesitando asistencia para defecar y orinar y vivir una vida sin sexo. Un silencio cayó sobre el público. El ruso dijo que él prefería arriesgarse a morir en esta cirugía experimental para conseguir una mejor calidad de vida que sufrir las cargas de su existencia actual. “Si él va a morir —dijo Canavero después—, él es el único que puede decidir”.
Canavero lo entiende. Un mujeriego autoproclamado quien dice que estudió los cómics de Spider-Man en alemán cuando era soltero para seducir a mujeres germanoparlantes, él es un hedonista quien quiere que sus pacientes experimenten todos los placeres de la vida.
El colaborador de Canavero, Xiaoping Ren, de la Universidad Médica Harbin en China, recientemente completó un trasplante de cabeza en un mono. Y el colega de Canavero, C-Yoon Kim de la Escuela de Medicina de la Universidad Konkuk en Corea del Sur, publicó un estudio en la revista Spinal Cord, donde mostró cómo su equipo restableció los movimientos motores en ratones cuya médula espinal del cuello había sido cortada y fusionada de vuelta. El Dr. Michael Sarr, profesor emérito de cirugía en la Clínica Mayo y coeditor en jefe de Surgery, recientemente aceptó uno de los artículos de Canavero sobre trasplante de cabeza para su publicación. “Es un poco fantasioso, pero es un tipo serio”, dice Sarr. “No es sólo un fanfarrón. Esto no es ciencia ficción. Esto ahora es ciencia. Hay trabajo experimental que apoya el concepto de la fusión de membrana nerviosa”. Sarr está interesado en especial en cómo esta técnica podría aplicarse más ampliamente para tratar a pacientes con lesiones traumáticas de la médula espinal. Por supuesto, admite que la cirugía tiene riesgos serios y se pregunta qué tan bien será capaz de funcionar Spiridonov, si sobrevive.
“Conceptualmente, mucho de esto podría funcionar, pero el resultado más favorable será poco más que un grado de función como el de Christopher Reeve”, dice el Dr. John Adler, un neurocirujano y profesor emérito en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, refiriéndose al actor de Superman quien quedó paralizado del cuello para abajo después de un accidente montando a caballo. En otras palabras, Spiridonov podría terminar con un cuerpo que no funcione mucho mejor que aquel que abandonó. Adler dice que cada parte del método de Canavero es viable en un sentido estrictamente técnico, pero al juntarlas hay demasiado riesgo de fallar, con parálisis o muerte para Spiridonov. Los retos van desde que los axones en la sección unida de las médulas espinales formen cualquier tipo de conexiones significativas hasta la posibilidad de que el cerebro de Spiridonov sufra un daño irreparable cuando esté sin flujo sanguíneo.
Algunos escépticos son más honestos. “En mi opinión, este procedimiento no tiene viabilidad en absoluto”, dice el Dr. Lorenzo Pinessi, director de la Clínica de Neurología en la Universidad de Turín, Italia. “Es demente”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek