San Diego, Municipio de Casas Grandes.-
Enclavada en un valle junto al río “Piedras Verdes”,
la Hacienda San Diego, que fuera propiedad de Luis
Terrazas, se erige majestuosa frente al pequeño
poblado del mismo nombre ubicado a poco más de
diez kilómetros al sur de Casas Grandes, entre
Colonia Benito Juárez y Mata Ortiz.
Con 112 años a cuestas, los muros se resisten al
paso del tiempo, de las inclemencias del clima y del
vandalismo que ha dejado huella no solo en forma
de impactos de bala sino de intentos de saqueo. A
pesar de todo, el hierro y la cantera se sostienen,
llevando sobre la superficie retazos de historia que
incluye nombres ilustres como el de Francisco I.
Madero o el propio Francisco Villa.
Guillermo Genaro Acosta Gutiérrez, nació en una de
las habitaciones de la hacienda y toda su vida la ha
pasado en ella. Ahora, al igual que el edificio que
habita, toma la historia en sus manos y la sostiene
en una esfera imaginaria para que no se pierda.
Sus abuelos, dice, estuvieron al servicio de Luis
Terrazas –el hombre más rico del estado en su
momento- quien les invitaba a tomar café en las
pocas ocasiones que visitaba la casa.
“Mi abuela contaba que sólo venía dos o tres veces
al año, pero cuando lo hacía, los invitaba a tomar
café y les decía que después de la Quinta Carolina,
esta era la hacienda que más quería. Le gustaba
mucho el lugar”, recuerda.
La abundancia y prosperidad, del lugar las conoció a
través de las palabras de sus ancestros, quienes
aseguraban que en su momento, era tal la cantidad
de ganado que había, que ya no pudieron tener la
cuenta exacta.
“Decía mi abuela que al millón de cabezas de
ganado se les perdió la cuenta pero algunos libros
manejan que eran 750 mil vacas, 250 mil borregas,
25 mil caballos, 5 mil mulas, fábricas de jabón, de
hilos, lana, carnicerías, cervecera y producción de
hielo lo que el señor Terrazas tenía. Era el hombre
más rico de México en los años de 1900”.
Sin embargo, la abundancia y la belleza de la
Hacienda San Diego, Terrazas sólo pudo disfrutarla
durante seis años ya que, el inmueble se terminó de
construir en 1904 y en 1910 empezó la revolución y
él tuvo que huir.
“La construcción empezó en 1902 y terminó en 1904
con 250 trabajadores. Nunca tuvo menos de 2 mil
trabajadores a su servicio y la disfrutó solo 6 años.
En 1910, cuando la revolución estalló, él llenó
furgones del tren con dinero, papeles y joyas y se
fue a El Paso, Texas, donde murió su esposa y un
hijo. Terrazas se marchó a Los Ángeles y regresó a
finales de 1920. Llegó a El Paso, sacó los restos de
su esposa y los trajo a sepultar a Chihuahua”.
Luego de la partida de Terrazas hacia el extranjero,
un tío abuelo de Guillermo se quedó a cargo del
lugar y el puesto fue pasando a otros familiares
hasta llegar a su padre.
“Primero estuvo a cargo de Genaro Andazola, luego
de Ricardo Chávez y finalmente mi papá quedó al
mando. Aquí nacimos sus 14 hijos. Mis hermanos se
fueron y yo me quedé. Tengo 60 años viviendo en
este sitio que ha pasado a mis manos por derecho
de antigüedad”.
Guillermo hace una pausa y abre el viejo baúl que
permanece en la entrada de la casa como evidencia
de los años de antes; extrae fotografías en blanco y
negro que muestran a Francisco I. Madero de pie en
la escalinata de entrada de la Hacienda flanqueado
por Abraham González y Manuel Gutiérrez Sáenz,
su abuelo, quien posteriormente participaría en la
lucha revolucionaria.
“Aquí fue la presidencia de la República el 11 de
marzo de 1911”, asegura. Cierra el baúl y pasea la
mirada por las paredes donde aún penden algunos
objetos propios de la época e incluso unas
chaparreras que dice “fueron del señor Terrazas”.
La mirada cambia de rumbo y se dirige hacia el patio
central donde la estatua de un caballo emerge desde
una fuente, “no es la original, sino una réplica que
hicimos porque la otra se la llevaron”.
El viento tibio del noroeste sopla trayendo una nueva
oleada de recuerdos que fluyen en voz baja,
recorren los muros de adobe y de cantera, el piso de
madera, los techos de vigas y terrado para huir
luego, hacia el río que en silencio espera.
“Terrazas murió el 16 de junio de 1923 de un
derrame cerebral, el mes siguiente murió Francisco
Villa y el 11 de diciembre del mismo año, mataron a
mi abuelo”.
NOTA DE APOYO
El tiempo y el vandalismo
deterioran la construcción
La Hacienda San Diego presenta evidentes daños
ocasionados por el paso del tiempo y por los
vándalos que, de acuerdo con sus moradores, más
de una vez han intentado saquearla.
“Hubo un tiempo en que estuvo sola y la saquearon.
Luego, estando mi papá aquí, se peleaba mucho con
los delincuentes que venían a veces solo a tratar de
destruir pero en otras, sí buscaban llevarse canteras
o pilares pero no lo permitimos. Todavía ahora
tenemos muchos problemas de ese tipo; hace
tiempo se cayó una parte de la cantera del frente y
mucha gente vino a querer llevarse algo”.
Durante estos años, agrega, se han visto en la
necesidad de dar mantenimiento y realizar algunas
remodelaciones para evitar que se caigan algunas
estructuras, aunque “se busca que quede en su
forma original”.
En corto…
La Hacienda fue construida entre 1902 y 1904
Está ubicada a poco más de 10 kilómetros al sur de
Casas Grandes
Además de la casa, cuenta con dos edificios que
albergan el granero, área de trabajadores,
caballerizas y un espacio para las herramientas
La casa tiene 18 habitaciones, 2 baños y 8
chimeneas
Era de las preferidas de Luis Terrazas por el clima y
el paisaje que la rodea
El río Palanganas y el Piedras Verdes se unen en La
Boquilla, ubicada a escaso metros de la Hacienda