Manta.— Bomberos usan trajes color blanco, para protegerse de los riesgos biológicos derivados de la putrefacción de cadáveres, durante las operaciones de limpieza y rescate de víctimas tras el terremoto que sacudió a Ecuador el 16 de abril. Al cierre de esta edición se contabilizaban casi 600 víctimas mortales, más de 8000 heridos y unas 1700 personas desaparecidas. Desde el mortal terremoto, que registró 7.8 grados y es considerado el peor desde 1979, ha habido más de 500 réplicas, las cuales, según expertos, pueden continuar por días, semanas o meses. El último balance oficial también reporta que el sismo dejó sin hogar unas 26 000 personas y destruyó o afectó 4000 edificios. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, que evaluó los daños en 3000 millones de dólares —el equivalente a tres puntos del PIB—, anunció drásticas medidas económicas para hacer frente a una reconstrucción que, advirtió, será larga y costosa. La ayuda humanitaria internacional no se ha hecho esperar, y la labor de socorristas de Colombia, México, Venezuela y Chile, entre otros países, ha dado resultados alentadores: al momento, 113 personas han sido rescatadas con vida de entre los escombros.