Renace de los escombros víctima de terremoto en Ecuador

Pablo Córdova fue rescatado tras pasar 47
horas bajo los escombros de un hotel derruido por el sismo en Ecuador. Para
sobrevivir tuvo que beber su propia orina; temía morir por las máquinas que removían los
escombros. Su mujer ya le buscaba ataúd, según un comunicado que publica la
agencia AFP.

Por un mensaje en el celular supo que
saldría vivo de lo que quedaba del hotel El Gato, en Portoviejo, capital de la
provincia de Manabí, una de las más afectadas por el terremoto de 7,8 grados de
magnitud que el 16 de abril arrasó con la costa del Pacífico ecuatoriano.

“Apártate que vamos a perforar”,
leyó Córdova en la pantalla del teléfono, casi dos días después de haber
quedado atrapado cuando el edificio de cinco pisos en la histórica calle Pedro
Gual de Potoviejo se desplomó por el potente sismo que duró aproximadamente un minuto.

“Yo todavía lo tengo a ese
mensaje”, comentó. “Yo tenía
dos rayitas de carga de batería. Entonces yo no lo podía gastar. Yo tenía que
decir hasta qué momento me podía llegar la señal y ver. Veía si no había señal,
de inmediato lo apagaba”, contó.

Córdova, de 52 años, trabajaba los fines de
semana en el hotel. Estaba en el segundo piso cuando sintió “un remolino
fuerte” que lo dejó “inconsciente”. “Cuando desperté me
encontré debajo de uno de los muebles de la recepción”, relató, aún con la
sensación de que hubiese caído “una bomba atómica”.

Según Córdova, había ocho personas en el
hotel cuando el terremoto, y solo tres sobrevivieron: él y dos colombianos.

Sonia Zambrano, la esposa de Pablo, lo daba
por muerto. “Todo era escombros, no podía haber un ser humano vivo
ahí”, comentó. Angustiada, le pidió al jefe de su marido
que le donara un ataúd, “porque no tenía con qué enterrarlo, dónde meterlo
para darle cristiana sepultura”.

Pero no tuvo que usarlo. “Me hizo dos
llamadas. Una no le creía, pensé que era una broma, miré el teléfono, que no lo
tenía registrado”, contó esa mujer de 50 años, que tiene dos hijos con
Pablo. “Volví a decir: ‘¿Qué?’. Y me dijo: ‘¡Estoy vivo!”