“¡Hemos dejado de ganar!”, nos dice el
candidato presidencial estadounidense Donald Trump. Una de las principales
razones, de acuerdo con Trump, son los tratados de libre comercio.
En un mitin realizado en Carolina del Norte,
declaró: “¿Saben una cosa? Todo este libre comercio es libre comercio para
ellos, no para nosotros. Estamos perdiendo hasta la camisa”.
Trump ha propuesto aplicar varios impuestos a
las importaciones extranjeras que entran en Estados Unidos porque piensa que
esto contribuirá a facilitar la creación de nuevos empleos en ese país.
Las declaraciones de Trump acerca del
comercio injusto y sus propuestas de castigar a los importadores han hecho eco
en muchos estadounidenses. De hecho, en una reciente encuesta realizada por CBS/New York Times se descubrió que 61 por ciento de
los estadounidenses están de acuerdo en que “las restricciones comerciales son
necesarias para proteger a las industrias locales”, mientras que 29 por ciento
afirman que se debe permitir el libre comercio aún si las industrias locales
resultan perjudicadas por la competencia extranjera.
Sin embargo, es posible que los
estadounidenses no estén dispuestos a pagar los precios más elevados que
resultarían de las restricciones comerciales propuestas por Trump. En una
encuesta reciente realizada por AP/GfK se encontró que 67 por ciento de los
estadounidenses preferirían comprar productos más baratos fabricados en otro
país que pagar más por el mismo producto hecho en Estados Unidos.
Treinta por ciento afirma que preferiría
pagar más por adquirir productos estadounidenses. Dicho lo anterior, 71 por
ciento informan que les gustaría comprar mercancías fabricadas en Estados
Unidos, pero que éstas suelen ser demasiado costosas o difíciles de encontrar.
Además, sólo nueve por ciento afirman que se mantendrían firmes comprando
únicamente mercancías fabricadas en Estados Unidos, aún si costarán más.
Los resultados de estas encuestas nos ayudan
a comprender mejor las preferencias reveladas de los estadounidenses o su
verdadera conducta de compra. Aunque, en teoría, a los estadounidenses les
agrada la idea de comprar bienes fabricados más cerca de casa por sus propios
compatriotas, en última instancia, sus bolsillos serán más relevantes para
determinar su conducta.
En relación con el impacto de los tratados de
libre comercio en los empleos y salarios en Estados Unidos, los estadounidenses
están divididos, pero en general el tema no les preocupa. Cuarenta y cuatro por
ciento nocree que los tratados de libre
comercio reduzcan los salarios de los obreros estadounidenses, mientras que 43
por ciento piensa que dichos tratados sí perjudican los salarios.
De manera similar, 51 por ciento no piensa que los tratados de libre comercio disminuyan
el número de empleos en Estados Unidos, mientras que 46 por ciento piensa que
sí lo hacen.
En términos generales, los estadounidenses
están bastante divididos con respecto a los beneficios generales del libre
comercio, y un tercio de ellos piensa que los tratados de Libre Comercio son
positivos para la economía, 37 por ciento afirman que no marcan ninguna
diferencia y cerca de la cuarta parte que piensen que dichos acuerdos
perjudican a la economía.
Emily Ekins es investigadora del
Instituto Cato.
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Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek