MENDOZA,
Arg.- Saben catar vino a ciegas y con la precisión de un cirujano afirman
región del mundo, productor y añada. Saben lidiar con un servicio difícil en un
restaurante, donde un cliente le cambia las reglas y también pueden llenar, de
un tirón, quince copas de champagne de una botella de litro y medio sin dudar.
Son sommeliers de competición. Y ayer terminó su gran fiesta: el 15º Concours
du Meilleur Sommelier du Monde, que tuvo lugar en Mendoza, Argentina, y en el que
el equipo sueco se quedó con el título, en manos de una máquina humana llamada
Jon Arvid Rosengren.
Con
31 años, este joven sommelier es un competidor de elite. En su corta carrera,
que arrancó en 2009, ya ganó todos los títulos posibles en Escandinavia y ahora,
después de una brillante actuación, se queda con la copa del mundo. Superó, y
no por mucho, al favorito francés David Biraud, y la representante de Irlanda,
Julie Dupouys.
“Fue
una prueba muy difícil —dijo Rosengren en conferencia de prensa— el nivel de
los sommelier es muy alto y no pensé que tuviera posibilidades cuando llegué a
la Argentina. Sin embargo, en los cuatro días de pruebas, fui ganando
confianza”.
El
15º Concours du Meilleur Sommelier du Mondo se realiza desde 1969, cuando se fundó
la Asociación de la Sommellerie Internacional, ASI, por su siglas en inglés.
Desde entonces y cada tres años, la competencia busca elegir al mejor entre los
mejores de cada país miembro de la asociación.
De
esta última edición, que contó con la organización de la Asociación Argentina
de Sommeliers, participaron 58
países, con 61 candidatos, entre los que estuvo el mexicano Luis Morones, wine manager sommelier del Hotel Presidente Intercontinental.

El mexicano Luis Morones (tercero de la derecha) queda en el lugar 30 de entre 61 participantes. FOTO: Martín Orozco / Asociación Argentina de Sommeliers
Morones
terminó número 30 en el ranking mundial. Una excelente performance, si tenemos
en cuenta que en México hay unos 300 sommeliers trabajando en los mejores
restaurantes y la profesión es relativamente nueva. “Lo más difícil para mí —dijo
el candidato mexicano a Newsweek en
español— fue el examen escrito: preguntaron cosas imposibles, como las
subregiones vitícolas de Hungría o de países de Europa del Este cuyos vinos no
llegan a México”.
Morones,
sin embargo, estaba satisfecho. “El mercado gastronómico crece en México y hay
espacio para nuevos sommeliers que, una vez formados, nos ayudarán a poner al
vino local en las góndolas del mundo”, dijo.
DURA PRUEBA
Vestidos
de riguroso negro, con moño o corbata roja, los sommeliers compitieron en tres
etapas. Una primera, escrita, que resultó ser el filtro más importante para los
competidores de todo el mundo. Conscientes de ello, algunos, como el ganador
Rosengren, se preparan durante algunos años, aunque en los últimos meses se
abocan de lleno al estudio y a estudiar los posibles trucos que les depara la
competencia.
De esa primera etapa resultan 15
semifinalistas. Luego viene una competencia en servicio, cata a ciegas,
maridaje con comidas del mundo y recomendación de vinos. En una de ellas,
debían catar dos vinos, uno tinto y otro blanco, y sugerir su maridaje de
uno a elección. Cuando terminaban de comentarlo, el jurado les decía que
preferían tomar otro vino y sólo les quedaba un minuto para rearmar el cuento.
Sólo tres consiguen llegar a la
final, que tuvo lugar en el Teatro Independencia de la capital de Mendoza. En
un escenario montado como un restaurante de reality
show, los finalistas sortearon pruebas más complejas, con engaños varios:
desde copas sucias a propósito, para hacerlos fallar, a vinos con cosechas
cambiadas y servicio sin los elementos propios del sommelier.
David Biraud y Julie Dupouy, segundo
y tercero en el ranking, no pudieron con la solidez de Rosengren. Al campeón
ahora le espera un camino despejado: lo contratarán las grandes compañías de
compra de vino, como grandes supermercados o compañías aéreas, tal y como
suelen hacer Lufthansa o Air France.

FOTO: Martín Orozco / Asociación
Argentina de Sommeliers