En México
existen diferentes culturas que a lo largo de los años se han dedicado a
fabricar, de manera artesanal, vestidos, blusas, trajes típicos y un vasto
catálogo de prendas, cuyos diseños son exclusivos y que, sin embrago,
están a la mano de cualquier persona que desee reproducirlos.
El tema de la
protección del patrimonio textil de nuestro país cobró relevancia después de
que en 2015 se difundiera la noticia de que una mujer de origen francés, Isabel
Marant, había diseñado una túnica con bordados muy parecidos a los que realizan
los artesanos de la sierra de Oaxaca, en la comunidad de Santa María
Tlahuitoltepec, una población que pertenece a la etnia mixe.
En aquella
ocasión, el entonces alcalde de la comunidad, Erasmo Hernández González, dio
una conferencia de prensa en el Museo Textil, donde condenó a cualquier persona
o empresa, nacional o internacional, que utilizara los diseños artesanales de
la comunidad con fines de lucro. Asimismo, acusó a Marant de no dar los
créditos correspondientes de un diseño que pertenece a una cultura con más de
600 años de tradición.
En febrero de
este año se anunció que el Senado de la República ha aprobado un punto de
acuerdo para que instituciones afines como la Secretaría de Cultura, el
Instituto Nacional de Derechos de Autor y el Fondo Nacional para el Fomento de
las Artesanías, entre otras instituciones, promuevan políticas que preserven,
protejan y fortalezcan el patrimonio textil nacional. Entre las propuestas
destaca el registro de la indumentaria como propiedad intelectual.
Este es uno de
los primeros pasos que las autoridades han dado en el largo camino que falta
por recorrer en materia de protección del patrimonio textil nacional.