Luis Pazos cuenta que, al analizar el pensamiento de varios sectores, incluyendo el empresarial, percibió que existen muchos sofismas y mitos. Por ejemplo, una de las justificaciones que utilizan los gobernantes para aumentar impuestos en países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, Francia, México y Venezuela es que el aumento de impuestos a los ricos y a las empresas tiene como consecuencia la reducción de la desigualdad y de la pobreza.
Sin embargo, según demuestra en su nuevo libro, intitulado Desigualdad y distribución de la riqueza, de la editorial Diana, esa política tiene efectos adversos, ya que aumentar impuestos para redistribuir la riqueza por la vía del Estado en realidad genera más pobreza.
“Muchos hacen referencia a [Thomas] Piketty, quien ha tenido mucho éxito en Francia y otras partes y cuya obra es cabecera de la nueva izquierda”, explica el economista. “El éxito de esa teoría es que permite al político engañar a la gente con el viejo principio de que los ricos le quitan el dinero a los pobres, que es la tesis de Marx desde hace cien años y que dice que, a través de una dictadura de proletariado, quitándole las empresas a los ricos va a haber más justicia e igualdad. La igualdad fue uno de los objetivos de los gobiernos marxistas del siglo pasado en China, en Rusia. ¿Y qué pasó ahí? Hubo igualdad, pero en la miseria”.
Ante el fracaso estruendoso de los sistemas socialistas que partían del capitalismo de Estado, en estos tiempos revive una tesis que parte de las mismas premisas: el mercado en el capitalismo es injusto. Cada vez se crea más desigualdad y, por lo tanto, el Estado tiene que intervenir para distribuir la riqueza.
“¿Cómo? Quitándole a las empresas ricas impuestos para presuntamente distribuírselos a los pobres. Y esta tesis la han comprado muchos gobiernos porque es una excusa para aumentar impuestos”. No obstante, las consecuencias son que, en donde se han aumentado impuestos, se ha reducido el crecimiento y la inversión y ha crecido el número de pobres. “Entonces estas tesis son falsas. ¿El primer país en donde pasó esto? Francia, de donde es Piketty. [El presidente François] Hollande aumentó los impuestos porque la izquierda radical, los simpatizantes de Piketty, decían: hay que aumentar el impuesto a los ricos para darle a los pobres; lo aumentaron, ¿y qué sucedió? Emigraron los inversionistas, se fueron, y provocó un desempleo de emergencia nacional”.

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—Luis, ¿ello cómo se visualiza en América Latina?
—En América Latina el país con mayor igualdad, según el coeficiente de Gini, es Cuba. Y es el país que más ha bajado sus niveles de vida: son los más iguales en la pobreza. Contrariamente, en el libro también demuestro que, en los últimos 40 años, el país que más aumentó sus niveles de vida, sus indicadores sociales, su clase media, es Chile, y es el país más desigual.
—¿Definitivamente no hay una relación entre la mucha desigualdad y la gran pobreza?
—Al contrario: en donde hay más igualdad generalmente hay mayor pobreza; y en donde hay mayor desigualdad hay menos pobreza. La igualdad debe ser ante la ley, igualdad de oportunidades, pero la igualdad económica es una excusa para quitarle dinero a las empresas ricas y transmitírselo a una burocracia ineficiente. En México, la distribución a través del Estado empeora la situación; de 2012 a 2014 los programas de combate a la pobreza aumentaron su gasto en 22 por ciento, y de 2012 a 2014 el número de pobres aumentó de 53.3 millones a 55.3 millones. Mayor gasto público en combate a la pobreza, mayor número de pobres.
—¿El discurso de quitarle a los ricos para darle a los pobres es una vileza?
—Yo no hablaría de vileza. Simplemente es una política con efectos contrarios. En el libro hago la diferencia entre ricos productivos, que hacen su dinero a través de la inversión, del ahorro, de su propio esfuerzo, y los ricos parásitos o cortesanos, de los cuales está lleno México y que sí empobrecen porque no crean riqueza, sino que toman la riqueza del Estado, en contubernio, como pasa en Pemex, donde se han hecho ricos muchos contratistas y empresarios privados.

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—¿Entonces cuál es la oferta para reducir la pobreza?
—La causa de la miseria no es que haya millonarios. En China, por ejemplo, han aumentado los millonarios y se ha reducido el número de pobres. ¿Entonces qué hay que hacer? Entre otras cosas, bajar los impuestos, en las zonas económicas especiales China bajó impuestos a 15 por ciento. Pero en México todo se hace a la mitad, se crean zonas económicas especiales y no se dice cómo van a funcionar porque el gobierno no quiere dar su brazo a torcer en el sentido de que los altos impuestos en México reducen la inversión como está pasando ahora en el sector minero, las mineras no están invirtiendo porque están fuera de competencia por motivos fiscales.
—Abundemos en este punto: ¿si aumentar la recaudación de impuestos no es una solución, qué alternativa se sugiere?
—La respuesta, y también algunos académicos la han hecho ver, como [Arthur] Laffer, es que una mayor recaudación no siempre trae mayores impuestos, sino que una baja recaudación genera un mayor crecimiento económico y se generan más impuestos. En los países emergentes esto es cierto, los países que han surgido con mayores crecimientos económicos son los que tienen menos impuestos, como China y Singapur. ¿Cuál es la solución? Bajar impuestos, para lo cual el gobierno tiene también que reducir sus gastos; yo he estado en el gobierno como presidente de la Comisión de Presupuesto y puedo decir, con toda seguridad, que el 20 por ciento de todo el gasto público en educación y salubridad se desperdicia. Si hubiera verdaderos ahorros en el IMSS, el ISSSTE, en Pemex, en la SEP, con 20 por ciento menos podrían hacer más.
—¿Y cuál sería la propuesta hacia una nueva sociedad sin desigualdad?
—Lo que debemos buscar es la igualdad ante la ley, pues en México las cárceles están llenas de pobres. Cuando un pobre comete un fraude va a la cárcel, pero cuando lo comete un gobernador o un exgobernador no tan sólo no va a la cárcel, sino que tiene la protección del mismo gobierno. No hay igualdad ante la ley, México es el segundo país del mundo con los mayores niveles de impunidad. Por otro lado, buscamos la igualdad de oportunidades, uno de los problemas de la pobreza en México no son los ricos, sino la mala educación gubernamental que reciben los pobres y que los condena a la pobreza; ahí tenemos a Oaxaca, no es que haya ricos que explotan, sino que existe un sindicato que ha secuestrado la educación y que es el que menos clases da, y eso hay que corregirlo. Buscar la igualdad económica es un mito, en ningún país la ha habido. En los países socialistas del siglo pasado la desigualdad fue clave, desapareció la clase media y se creó una clase social de gobernantes muy ricos y todo el pueblo muy pobre. ¿Entonces cuál es la sociedad que buscamos? Una sociedad que viva mejor.
