“Una soga
amarrada a su cuello será mi pasaporte a
la libertad”, decía Agustín a sus amigos, quien hace tres años se suicidó en su
casa de Coyoacán. Padecía depresión; es decir, formaba parte del 15 por ciento de
la población mexicana que padece alguna enfermedad mental, de acuerdo con datos
de Neurocongress 2011.
La Organización
Mundial de la Salud informa que al menos dos de cada 10 adolescentes tienen
alguna alteración de este tipo. De manera más específica, el Instituto Nacional
de Psiquiatría Ramón de la Fuente revela que el 7 por ciento de la población
mexicana padece depresión; 7 por ciento, trastorno de pánico; 1.6 por ciento, trastorno
bipolar; 1 por ciento, esquizofrenia, y 1 por ciento, trastorno obsesivo
compulsivo.
“En México, por
ejemplo, de las 18 millones de personas que las padecen, tan sólo 5% se
encuentran adecuadamente diagnosticadas y bajo un tratamiento farmacológico, el
cual les permitiría regresar a niveles de funcionalidad en su vida diaria”,
explica Héctor Dueñas Tentori, gerente de Investigación Clínica en
Neurociencias de Eli Lilly México.
Los trastornos
mentales representan actualmente un problema para la productividad del país. Dueñas
indica que las enfermedades mentales tienen como principal consecuencia inhibir
la capacidad de las personas para desempeñarse de manera funcional dentro de
los ámbitos familiar, social y laboral, por lo que es muy común que un paciente
afectado por estos males pierda en el corto plazo su empleo y, por
consiguiente, su capacidad para generar ingreso.
Este panorama se
agrava si se considera que únicamente existen 2 mil 400 psiquiatras en el país;
es decir, 2.7 especialistas por cada 100 mil habitantes, de acuerdo con datos
del laboratorio Eli Lilly, que introdujo a México el medicamento Prozac hace 20
años.
La Organización
Mundial de la Salud estima que para 2020 los trastornos más comunes en los capitalinos
serán la depresión, la esquizofrenia, la epilepsia, la ansiedad, el alzheimer y
los trastornos de la adolescencia y la infancia.