Una confesión vergonzosa como preámbulo: he disfrutado de
una adicción de toda la vida a lo más extremo del espectro de la TV por cable,
donde charlatanes con gran labia y tanto sagrados como profanos dispensan todo
tipo de artículos para sentirse bien —desde exprimidores hasta Jesús— del
amanecer al atardecer y ya entrada la madrugada.
Acredítale a la naturaleza y la crianza mi obsesión con
las estrategias de engaño entregadas por los medios. Mi difunto padre, Rubin,
fue uno de los reyes de la voz en off de TV y radio en el Medio Oeste de EE UU,
y a menudo estuve en la sala de controles mientras él se ponía más y más
extático con las pistas de arrancones y los encurtidos de eneldo y cosas
similares. Él incluso fue la voz difícil de vender el Veg-o-Matic, el primer
vendedor de la cortadora y rebanadora octava maravilla del mundo de los
adminículos de Sam Popeil. (“Las únicas lágrimas que llorará son lágrimas de
alegría”, dijo él sobre una imagen de un ama de casa con los ojos rojos y
picando cebollas a la antigüita.)
También fue en mi adolescencia cuando descubrí las
virtudes terrenales y el humor curtido del sacerdocio afroestadounidense de la
radio de Detroit, cuya predicación gutural y métrica era el complemento
perfecto de las grabaciones de Howlin’ Wolf y Muddy Waters que me habían
enamorado. Para mí, había poca diferencia entre un bluesman y un predicador:
ambos estaban en el negocio de inspirar a sus correligionarios obreros y
cansados. Escuchar al “Reverendo John” soltar metáforas de carreras de caballos
en medio de sus enseñanzas bíblicas era casi lo bastante seductor para convertir
a un judío no practicante de los suburbios exteriores. Yo podía relacionarme
con los jacos en desventaja; no tanto con la persuasión moral.
Pero lo que me desconcierta hasta el día de hoy es cómo un
vendedor o santón solo nominalmente carismático es capaz de persuadir a
personas por lo demás razonables en sus voluntades y sus carteras sin ningún
lloriqueo. ¿La frase a menudo citada de P.T. Barnum sobre el prolífico índice
de nacimiento de tontos en realidad explica nuestra susceptibilidad a ardides y
estafas y al gafe escatológico? Tal vez no somos el “animal político” como nos
llamó Aristóteles, sino el crédulo. Estamos hechos para creer.
Y no pienses que no hay muchísimos tiburones allá afuera
beneficiándose de nuestra necesidad de unirnos a algo más grande que nuestras
pequeñas vidas. Uno de los timos espirituales más desalmados de los últimos 75
años es el “evangelio de la prosperidad”: prometer remuneraciones milagrosas a
aquellos lo bastante fieles para “plantar una semilla de fe”.
“Necesitas dar para recibir” es el mensaje implícito e
incesante: el Gran Hombre mira de reojo a aquellos demasiado tacaños para
costear su fe con Visa, pero sí le da una caritativa mirada de águila a
cualquier pecador común y corriente que apoquine un ciento al mes a un
multimillonario sobrealimentado con Biblia en mano como Benny Hinn, Mike
Murdock, Creflo Dollar o Peter Popoff, mi “favorito” personal. Popoff es tan
próximo a la vida real como un sketch de Saturday Night Live: su ruego
sensiblero y su afectación son divertidos, en especial si le gusta esa vieja
rutina de “¡deshazte de esas muletas!” Sí, unas cuantas gotas de su “milagrosa
agua de manantial” curará lo que aqueja su cuerpo, su alma y su cuenta bancaria
por igual.
Pero Popoff y los de su clase difícilmente son algo
novedoso; pues los sanadores mágicos como Oral Roberts han estado por allí
desde que apareció la religión. ¿Pero qué tal si un estafador especialmente
dotado pudiera fusionar el televangelismo con los infomerciales menudistas en
un género híbrido, uniendo una plataforma de ventas con fines de lucro con una
súplica cósmica para una vida basada en la fe? Entra el tristemente célebre
hombre andrajoso del clero Jim Bakker, un malhechor convicto quien está de
vuelta en la televisión (a través de DirecTV, Roku, Apple TV) para advertir a
sus compinches que el temido fin de los tiempos se acerca deprisa, y que deben
empezar a acumular comida deshidratada de sobrevivencia a la voz de ya.
Sí, el buen Pastor Jim le cambiará una provisión para
siete años de pasta, avena, suero de leche y una mezcla para hamburguesa de
frijol negro a cambio de un “regalo amoroso” a su “ministerio” de 3500 dólares.
Además de ello, le intercambiará un generador de energía solar y “libre de
combustible” (1784 dólares) para calentar el agua para cocinar las gachas
universitarias, así como varias botellas de agua sin marca y radios con
manivela que de seguro le serán útiles cuando Satán y sus soldados tiznados se
larguen a su última búsqueda del tesoro de almas sin redimir.
He aquí el formato del nuevo Jim Bakker Show: Bakker y su
segunda esposa, Lori Beth (a cuyo nombre todos los bienes de él están
aparentemente protegidos, dada su deuda sin pagar de 6 millones de dólares a la
oficina impositiva), se han arraigado en un suburbio rural de Branson, Misuri,
presentando en conjunto un “programa de debates” con temática apocalíptica
cuyos invitados no paran de hablar exclusivamente de ese molesto fin de los
tiempos que se acerca con rapidez. Tsunamis, terremotos, catástrofes
financieras, el virus del Zika y el Estado Islámico, todos son citados con una
pizca del Apocalipsis y el arrebatamiento, seguidos inmediatamente por la venta
ardiente de linternas sordas, comestibles e incluso ventas de bienes raíces y
rentas en Morningside (un terreno de 600 acres en la ladera Ozark), doce
Bakker, de 76 años, ha hecho equipo con el constructor local Jerry Crawford
para desarrollar un enclave residencial de orientación cristiana.
¿Le suena familiar? Quienes recuerdan a Bakker en su
programa de TV PTL (Praise the Lord) Club tal vez también recuerden cómo él
entró en conflicto con el FBI en 1978: por vender de más tiempos compartidos en
el plagado de deudas Heritage USA —el parque de diversiones y centro vacacional
de temática bíblica— que llevó a Bakker tras las rejas por fraude por correo y
telecomunicaciones por casi cinco años. Su compañero de viaje Jerry Falwell lo
maldijo con elogios vagos, llamándolo “la costra y el cáncer más grandes en la
cara de la cristiandad en 2000 años de historia de la iglesia”.
Quizás también recuerdes los episodios más escabrosos en
la vida de Bakker, como los 265 000 dólares en coimas que le pagó a la entonces
secretaria de la iglesia Jessica Hahn para que callara sobre su relación sexual
“consensuada” (o violación, en la versión de ella). Bakker y su entonces esposa
Tammy Faye —la de los acres de delineador y pestañas de un pie de largo—
también eran consumidores ostentosos de primera línea, paseando en Rolls-Royce
que combinaban y equipando una casa del perro de 50 000 dólares con aire
acondicionado, todo ello con los dólares donados por sus seguidores fieles (158
millones de dólares, según su sentencia por fraude).
Por estos días, Bakker habla abiertamente de su pasado
poco glorioso (aunque todavía niega su culpa), y cómo se sumergió en la palabra
de Dios mientras se ponía cómodo en un encierro de mínima seguridad, al cual él
acredita por su “restauración” milagrosa y su muy poco probable historia de
regreso. Su benefactor reciente y —aparentemente— socio comercial, Crawford, se
dice que invitó a Bakker y su esposa a transmitir desde su reducto en Branson
para agradecerle a Bakker por salvar su matrimonio otrora problemático.
Resultó ser una perspicaz medida de mercadeo: ahora una
porción considerable del programa interminablemente cíclico de Bakker está
dedicada a promover las rentas y ventas de bienes raíces en Morningside. Dada
su similitud inquietante con la operación de Heritage USA, uno reza porque el
involucramiento de Bakker sea investigado de cerca por abogados y contadores de
impuestos para asegurarse de que no termine otra vez haciendo crucigramas en un
mono anaranjado.
Su híbrido de última moda de religión y ventas al menudeo
—que uno podría llamar rocambolescamente como una cepa mutante de PTL y QVC—
podría poner en duda qué porcentaje de la empresa de Bakker está libre de
impuestos (bajo la sección 501(c)(3) del código del servicio tributario que
rige las organizaciones de caridad) y cuánto está sujeto a los requisitos
federales del diezmo. Aun cuando Bakker ocasionalmente carga y cita el Nuevo
Testamento (el cual también vende en su sitio en la red, en varias versiones y
colores), la mayor parte de la transmisión está dedicada a vender artículos
difíciles que en realidad se pueden comprar por 50 centavos de dólar en
competidores sitios en la red sobre supervivencia.
Y según un investigador retirado del servicio tributario,
los clientes/parroquianos que “donan” fondos a cambio de las cubetas gigantes
de Baker de “cremosa sopa de papa” y similares pueden desgravar solo la
cantidad que exceda el valor justo de mercado de los artículos recibidos.
Quienes esperan deducir toda la compra por 9660 dólares de, digamos, la Oferta
de Marinara Italiana para Tiempos de Problemas (o sea, siete años o 7728
porciones de pasta) deberían leer de nuevo las letras pequeñas. ¿En cuanto al
sabor? Bueno, puede ver a un chef profesional preparar y (tratar de) comer la
cosa si se atreve a buscarlo en la red.
Por otro lado, si usted compró tal cosa por menos, no se
beneficiará del desfile diario de pesimistas de ojos saltones que Bakker
presenta en su programa. Uno de tales histéricos —un rabí de Brooklyn llamado
Jonathan Cahn— continuamente predice erróneamente el fin del mundo en libros
como The Mystery of the Shemitah, mientras además provee tours guiados a
Israel. Y por supuesto, ¡los DVD de estos derroches/peregrinaciones están a la
venta en el programa! Los Bakker son el centro de atención, junto con el
chiflado derechista Joseph Farah de World Net Daily (la editorial de Cahn). Más
recientemente, la pareja se presentó retozando en San Cristóbal y Nieves, donde
Bakker afirma que está en conversaciones con el primer ministro para erigir un
transmisor de onda corta.
“No podemos hacerlo solos, gente”, dice Bakker repetidas
veces en su ruego por más dinero, citando la necesidad de una capilla en una
cima, un piano nuevo o un hogar para adolescentes embarazadas. Así, siempre hay
un producto nuevo en campaña que promocionar sin respiro, seguido por historias
que provocan pesadillas sobre la llegada de tiempos terribles. (A Bakker le
encanta poner sobre la mesa los temibles “pulsos electromagnéticos”, los cuales
él promete que matarán a 95 por ciento de la humanidad, a la par que destruyen
la red eléctrica y el sistema financiero mundial simultáneamente.) ¿Alguien
quiere crema de papa?
Todo lo anterior podría ser mucho más divertido si la
mayor parte de la cohorte crédula de Bakker no estuviera compuesta de personas
de medios humildes. Más de 60 por ciento de los 5 millones de espectadores
perennes de los telepredicadores son mujeres ancianas, esto según Ole Anthony
de la Fundación Trinitaria, la cual ha monitorizado por años a tales
telepredicadores movidos por la codicia. “Es soledad tóxica” lo que lleva a
tales personas a ver tal programación, dice Anthony a Newsweek. “Y luego están
aquellos en el grupo de la desesperación, como lo llamamos. Su hijo tiene sida.
Están muriendo de cáncer, y han intentado todo lo demás. Así que envían dinero.
“Simplemente me asombra que él pudiera regresar al aire
después de que un juez dijo que él no podía hacer ese tipo de cosas otra vez”,
añade Anthony con resignación. “El tipo definitivamente tiene siete vidas”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in
cooperation with Newsweek