Castañeda y los independientes: ¿Y la capacidad para gobernar?

La política es parte esencial de vivir en colectividad.
Gracias a ella nos ponemos de acuerdo y construimos la armonía que nos permite
salir a la calle y entender el funcionamiento de la sociedad. No me refiero sólo
a la política electoral o a los partidos políticos, sino a ese arte que
coadyuva a que existan reglas y valores entendidos para todos. Si lo revisamos
con detenimiento, realmente todos hacemos política; ya sea en la escuela, en el
trabajo o en la familia, siempre buscamos colocar con éxito nuestras ideas y
fortalecer nuestros intereses o privilegios. Desde luego que los partidos
políticos y, en general, la política electoral funcionan igual, pues a eso se
dedican.

Lo comento a raíz del último librito —o largo ensayo dice
él—, publicado por el excanciller Jorge Castañeda Gütman, un hombre que entre
la política electoral y la comentocracia ha logrado estar casi siempre vigente
en los temas polémicos de la opinión pública. Ahora, reciclando el papel de
padre o propietario de las candidaturas independientes —recordemos que en 2006
intentó sin éxito aparecer en la boleta electoral presidencial como candidato
independiente—, vuelve por el camino andado en busca de una nueva oportunidad
para las presidenciales de 2018.

En su texto, don Jorge señala que, dado el descontento
generalizado a escala nacional por los temas de corrupción e impunidad de la
clase política, la opción más viable para lograr una evolución en el país es el
triunfo de un candidato independiente en 2018. Es interesante y creo que
también hábil su planteamiento, pues sitúa el tema de la impunidad ante los
actos de corrupción, incluso por encima de las agendas económica y de derechos
humanos. Considero que parte de una diagnóstico sólido y que da en el clavo
sobre lo que la sociedad necesita escuchar. Pero, claro, de ello a que la
población se organice en torno a un proyecto político hay un abismo de
distancia.

El autor menciona que la probabilidad de éxito de una
candidatura independiente existe, siempre y cuando todos los interesados en
ella se pongan de acuerdo y lancen una candidatura de unidad, un solo candidato
pues. A ello se agrega el buscar la concordancia con los múltiples candidatos
independientes que recorrerán el territorio buscando gobiernos estatales,
diputaciones locales y federales, senadurías, alcaldías y demás. En síntesis,
Castañeda propone un gran bloque de candidatos independientes para 2018, con la
premisa de que vayan organizados y muy bien tomados de la mano, para hacer
sentir su fuerza y contrapeso ante los partidos políticos.

Sin duda son planteamientos interesantes, sobre todo
porque lo que Castañeda propone luce como un partido político, camina como
partido político y requiere de todos los oficios que los partidos políticos
llevan a cabo para organizar una bola de intereses particulares y de deseos de
participación en todo el país. Sucede que, más allá de las definiciones que
pueda brindarnos la ciencia política, el sentido común nos dice que la línea
divisoria entre lo que ya existe y lo que propone don Jorge es muy delgada.

Su escribidor coincide plenamente con el autor en que una
candidatura independiente puede obtener el triunfo en 2018, sin duda que sí. Y
también coincide en que si se organizan grupos de candidatos independientes
para ir juntos tendrán más fortaleza y posibilidades de triunfo, sobre todo
porque estarán siguiendo el caminito ya recorrido por quienes han llegado a la
primera magistratura del país: los partidos políticos.

Obviamente que no es un esfuerzo sencillo, pues los hoy
tan de moda candidatos independientes lo son sólo de los partidos políticos,
pero para nada de otros intereses que inciden en su financiamiento y en su
programa de gobierno. El claro ejemplo es el hoy gobernador de Nuevo León que
bastantes problemas enfrenta para poder gobernar el estado. Sucede que no se
puede ignorar la política cuando de tomar decisiones para la colectividad se
trata. Por eso le escribía que es la mejor forma que hemos inventado para
conciliar nuestros intereses y que, siendo así, no resulta viable ni recomendable
intentar comer lumbre.

Bienvenidas las candidaturas independientes como parte del
espectro político y democrático de nuestro país. Qué bueno que puedan
participar quienes lo deseen y cumplan con las reglas, pero aún falta buen
tramo para que esta nueva figura demuestre ser una verdadera opción de gobierno
y no sólo de mercadotecnia electoral. Reitero que un independiente puede ganar
la presidencia en 2018, sin duda que los porcentajes alcanzan para ello. No
obstante, y más allá de las fobias para con los partidos actuales, ojalá que
triunfe quien pueda gobernar mejor al país.

Y bueno, ya veremos si Jorge Castañeda logra aglutinar
todos los interesados a favor de su candidatura presidencial; porque ni modo
que esté emprendiendo esta cruzada por el bien de la democracia. Opino que no
le alcanzará para ser él el abanderado único, pero bueno, al tiempo.

Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una
alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado le corresponde a usted.