Demócratas antisociales

MARIAN KOTLEBA solía usar un uniforme inspirado en la
milicia del Estado títere nazi de Eslovaquia durante la guerra. Él se opone a la democracia occidental, a
la Unión Europea y a la OTAN. Está en contra del pueblo romano y admira
abiertamente a Jozef Tiso, el sacerdote católico y líder en tiempos de guerra
que permitió que decenas de miles de judíos fueran deportados a los campos de
exterminio nazis.

En la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, los
políticos europeos han visto una larga serie de extremistas, generalmente
rabiando en los márgenes y haciendo mucho ruido, al tiempo que manifiestan un
poder limitado. Pero Kotleba, líder del Partido del Pueblo-Nuestra Eslovaquia,
de extrema derecha, ya no está confinado a los márgenes. Más de 200 000
personas votaron por su partido en las elecciones del 5 de marzo, entre ellas,
23 por ciento de votantes primerizos, con lo que obtuvo 14 escaños en el
Parlamento de 150 miembros.

El triunfo de Kotleba (el partido no estaba representado
en el Parlamento) sorprendió a mucha gente en Europa. Supuestamente, Eslovaquia
era una de las historias de éxito de la Unión Europea. El país se separó de
Checoslovaquia y logró su independencia en 1993. En años recientes, se unió a
la zona del euro, disfrutó un sano crecimiento económico (3.7 por ciento en
2015) y ha incrementado el consumo y la inversión extranjera.

Muchas personas culparon la retórica antiinmigrante del
primer ministro Robert Fico por el crecimiento de la extrema derecha. Fico, un
populista de izquierda, ha jurado repetidamente proteger Eslovaquia del flujo
de musulmanes, aun cuando Eslovaquia no se encuentra en las principales rutas
que los refugiados e inmigrantes toman para salir de los Balcanes y llegar a
Alemania, y pocas de estas personas desean vivir allí. Fico dijo que Eslovaquia
recibiría a 200 refugiados sirios, siempre y cuando sean cristianos.

En un eco de la campaña presidencial estadounidense del
multimillonario de los bienes raíces Donald Trump, Kotleba ha aprovechado la
creciente ira que existe en Eslovaquia contra el orden político establecido.
“Nuestra Eslovaquia es el único partido que está en contra del sistema,” señala
Milan Nic, director del Instituto de Política de Europa central, un grupo de
analistas con sede en Bratislava. “Hay muy poca confianza, y las personas creen
que toda la clase política está corrompida”.

Algo más profundo y desagradable se agita en toda Europa
central y del este, señalan los analistas. En lo que ahora nos parece una época
dorada durante la década de 1990, millones de personas en países que, hasta
hace muy poco tiempo, estaban bajo el control de la Unión Soviética, de repente
desbordaban optimismo. Se esperaba que formar parte de la Unión Europea pondría
un pollo en cada olla y reemplazaría a los Trabants en la cochera con al menos
un Volkswagen y, posiblemente, incluso, un BMW o un Mercedes.

CAPITALISMO DE COMPADRAZGO

Aunque la incorporación a la Unión Europea ha estabilizado
el antiguo bloque soviético, también ha abierto las puertas a un nuevo tipo de
capitalismo de compadrazgo, pues los políticos aprendieron rápidamente que podían
desviar fondos hacia sus amigos y aliados recibiendo pocas o ninguna sanción
por parte de Bruselas. La corrupción está muy extendida. Hungría y Eslovaquia
están por debajo de Namibia, Ruanda y Arabia Saudita en el Índice de Percepción
de la Corrupción de 2015, realizado por Transparencia Internacional. Al mismo
tiempo, los líderes nacionales están desarrollando un nuevo tipo de lo que los
críticos denominan “democracia gestionada”, donde el voto sigue siendo libre y
justo, pero las instituciones independientes que garantizan los derechos de los
ciudadanos están cada vez más bajo el control político.

Por ejemplo, a finales de febrero, Jozsef Nyako, miembro
socialista del parlamento húngaro, llegó a la Oficina Nacional de Elecciones en
Budapest para presentar una pregunta de referéndum acerca del cierre de las
tiendas durante los domingos. Fue bloqueado por una docena de fornidos cabezas
rapadas y se le impidió entregar su solicitud. En lugar de ello, los
funcionarios aceptaron una solicitud similar presentada por la esposa de un
exalcalde del gobernante partido Fidesz. “Me sentí aterrorizado, intimidado y
amenazado”, declaró Nyako a Associated Press. “Cuando traté de presentar mis
preguntas, fui obstaculizado y empujado”. La solicitud de referéndum presentada
por la esposa del exalcalde y que fue aceptada por los funcionarios tenía una
redacción complicada, ocultaba la pregunta y es poco probable que congregue a
las personas que desean que las tiendas abran los domingos. El cierre de las
tiendas en domingo es profundamente impopular, y es casi seguro que el gobierno
perdería un referéndum sobre el tema.

Los medios de comunicación húngaros informaron que los
guardias de seguridad tenían relación con Ferencvárosi, un club de fútbol cuyo
presidente, Gábor Kubatov, también es vicepresidente de Fidesz. Fidesz negó
tener alguna relación con estos sucesos, al igual que Ferencvárosi. Kubatov
también condenó el incidente.

Gellért Rajcsányi, periodista de Mandiner.hu, un sitio web
conservador, calificó la experiencia de Nyako como “una asquerosa burla a la
democracia húngara”. Eva Balogh, en Hungarian
Spectrum,un blog de izquierda, la calificó como un “día de la infamia”.
Otras personas estaban menos sorprendidas. “Esperaba que algo como esto
sucediera tarde o temprano”, señala Tamás Boros, codirector y líder de
estrategia de Policy Solutions, un grupo de analistas de Budapest. “Tales
tácticas son comunes en los Balcanes. Esto muestra que el sistema político
húngaro no debe compararse con los occidentales, sino con los de los Balcanes”.

Los funcionarios del gobierno rechazan tales afirmaciones.
Hungría sigue siendo una democracia verdaderamente viva, con medios de
comunicación libres y salvaguardas independientes, señalan los funcionarios.
Pero un discurso pronunciado en 2014 por Viktor Orbán, el primer ministro
derechista, hizo que muchos húngaros se preguntaran cuánto más duraría la forma
de gobierno totalmente abierta. En julio de ese año, Orbán proclamó que, aunque
Hungría seguiría siendo una democracia, sería un “Estado no liberal”. En el
mismo discurso, alabó a Rusia, China y Turquía como ejemplos de naciones
exitosas.

El discurso de Orbán fue malinterpretado, señala György
Schöpflin, miembro del Parlamento Europeo por parte de Fidesz. No se trató de
un rechazo de la democracia, sino de la democracia liberal. “La combinación de
liberalismo y democracia se ha agotado”, señala Schöpflin. “Existen otros tipos
de democracia, distintos de la democracia liberal: la democracia social, la
democracia cristiana. Todas ellas forman parte de la familia de la democracia”.

De cualquier manera, el discurso de Orbán ciertamente tuvo
repercusiones en Varsovia. Después de que el partido polaco Ley y Justicia, de
tendencia social conservadora, ganara las elecciones parlamentarias en octubre
de 2015, inmediatamente comenzó a consolidar su poder al apoderarse de
instituciones que anteriormente eran independientes. Jaroslaw Kaczynski, líder
del partido y posiblemente la persona más poderosa de Polonia, había tenido
mucho tiempo para planear. Tras perder una elección en 2011, Kaczynski declaró:
“Habrá un día en que tengamos una Budapest en Varsovia”.

Al igual que Orbán, Kaczynski piensa que su misión es
terminar el trabajo que comenzó con la caída del comunismo al rediseñar el
sistema político. Esto significa eliminar las viejas redes de la era comunista
que, de acuerdo con el partido, aún tienen influencia en las instituciones
nacionales. Los aliados de Kaczynski pronto controlaron el tribunal
constitucional, el servicio civil y los medios de comunicación estatales. Los
dirigentes del servicio de inteligencia, de la Bolsa de Valores de Varsovia y
de varias compañías estatales fueron sustituidos.

Kaczynski y Orbán tienen otra cosa en común: ambos se
oponen francamente a admitir migrantes y refugiados musulmanes. En octubre,
Kaczynski dijo públicamente que estos tienen “parásitos y protozoarios”. Orbán
visitó a su homólogo polaco en enero de 2016, y ambos hombres pasaron seis
horas en una casa de invitados en la frontera entre Polonia y Eslovaquia.

“Es posible ver la influencia de lo que ocurrió en
Hungría”, señala Filip Pazderski, director de proyectos en el Instituto de
Asuntos Públicos, un grupo de analistas de Varsovia. “No se trata de una
implementación directa, pero está allí, en el núcleo. Polonia ha cambiado de
dirección”.

¿REGRESIÓN EN LA REGIÓN?

La Unión Europea está haciendo lo que puede para evitar
que los gobiernos elegidos democráticamente de algunos de sus Estados miembro
perjudiquen la independencia de sus instituciones nacionales. Pero este es un
territorio inexplorado, y la Unión no puede hacer gran cosa. En un punzante
informe de la Comisión de Venecia del Consejo de Europa (una organización
intergubernamental regional) se informa que las reformas realizadas a la
constitución polaca por el partido Ley y Justicia plantean un riesgo para el
imperio de la ley y “las funciones del sistema democrático”. La Comisión
Europea ha puesto en marcha una investigación sin precedentes para ver si el
gobierno polaco ha participado en violaciones “sistemáticas” a la aplicación de
la ley y de los principios de la Unión Europea. El artículo 7 del tratado de la
Unión Europea, que permite la suspensión de Estados miembro, es conocido como
“la opción nuclear”, y nunca ha sido usado. Asimismo, nadie espera seriamente
que se dé ese paso. El gobierno polaco dice que tiene un mandato claro para
realizar un cambio radical (Ley y Justicia es el primer partido en Polonia en
ganar por mayoría abrumadora desde el cambio del sistema político en 1991).

La inclinación de Polonia a la derecha es observada con
creciente preocupación en Berlín, señala Julian Rappold, funcionario de
programación del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores. “Polonia era
considerada como un socio vital. Pero ahora, con el cambio de gobierno y la
retórica antialemana, la relación es mucho más difícil. Los responsables de la
política en Alemania deben encontrar un equilibrio al criticar los cambios y
restricciones constitucionales a la libertad de prensa, pero también deben
reconocer que se trata de un gobierno elegido libremente”.

Los políticos conservadores niegan que se haya producido
una regresión en la región. “El incidente en el que participó Jozsef Nyako fue
inaceptable, pero se trató de un hecho aislado”, afirma Schöpflin. “El verdadero
problema es que los países occidentales necesitan señalar continuamente a otros
países y hacer un escándalo acerca del supuesto extremismo en ellos, con el
objetivo de desviar la atención de sus propios problemas políticos”.

Destacar continuamente las supuestas fallas de Europa
central y del este es una forma de imperialismo cultural, afirma Schöpflin.
“Siempre tiene que ser un país del Este, de manera que puedan decir: sí, las
cosas aquí no son perfectas, pero miren cuán peores son en Hungría o en cualquier
otro país, por lo que deben dar gracias por vivir aquí y no allá. Sin embargo,
no están hablando de un lugar real, sino de un constructo imaginario”.

Otras personas no están de acuerdo. Se han enviado más de
2000 cartas a Andrzej Duda, el presidente polaco, exigiéndole que despoje a Jan
Gross, un importante historiador del Holocausto de origen
polaco-estadounidense, de la Orden al Mérito de ese país. ¿El pecado de Gross?
Señalar la complicidad de algunos polacos con los nazis durante el Holocausto y
afirmar que los polacos mataron a más judíos que alemanes durante la guerra.
Debemos preocuparnos, dice Boros. Se extiende una fiebre por toda la región.
“Si cada vez más personas no creen que la élite política las representa
—señala—, recurrirán a fuerzas extremistas”.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek