SI TODO SALE SEGÚN EL PLAN, los visitantes de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 quedarán atónitos incluso antes de que empiecen los eventos deportivos. Los asistentes serán trasladados alrededor de la ciudad por taxis de automanejo.
Entrarán en un estadio nacional recién construido con pasar una tarjeta, los verificarán mediante software de reconocimiento facial y los guiarán a sus asientos con una aplicación para teléfono inteligente en uno de diez idiomas. Tal vez miren al cielo nocturno desde cualquier parte de Tokio para ver una lluvia de meteoros artificial desarrollarse a 80 kilómetros sobre sus cabezas.
Se están realizando esfuerzos concentrados para hacer realidad estas y otras metas e igualar el legado envidiable de superioridad tecnológica y la reputación de reconstrucción que surgió de los últimos juegos olímpicos de verano que celebró Japón, en 1964. Los organizadores olímpicos, innovadores, empresarios y académicos trabajan en proyectos ambiciosos que podrían mejorar la sociedad japonesa mucho después de la ceremonia de clausura. “Los juegos olímpicos son un festival deportivo, pero también es una oportunidad de mostrar la innovación en las ciencias tecnológicas”, dice Toshiro Muto, director ejecutivo del comité organizador de Tokio. Añade que el comité planea atractivos de alta tecnología como vehículos alimentados con hidrógeno para el transporte de los atletas y herramientas de teléfonos inteligentes para ayudar a los turistas.
Las ciudades son cada vez más renuentes a celebrar los juegos olímpicos, dados sus precios exorbitantes. Londres 2012 costó 12 640 millones de dólares; los Juegos Olímpicos de 2014 en Soshi, Rusia, supuestamente rebasaron los 51 000 millones de dólares. Típicamente, los gobiernos justifican tal gasto enorme mediante argumentar que se recupera a través de un aumento en el turismo, mercadeo y otras actividades. Los estudios muestran que usualmente este no es el caso, pero los legados postolímpicos son posibles. Los Ángeles tuvo un raro superávit en 1984 (232.5 millones de dólares), Barcelona 1992 revitalizó su zona costera, mientras que Londres —proclamados como los juegos con mayor capacidad digital jamás— establecieron una infraestructura vital de tecnología informática.
Japón originalmente presupuestó 3000 millones para los juegos de 2020, pero el comité organizador al momento revisa los cálculos; los medios japoneses reportan que el total podría ser tres veces más alto. Sea cual sea la cifra final, el país enfrenta un gran reto para igualar el legado de 1964. En preparación para los primeros juegos celebrados en Asia, un generoso gasto público —pagado con préstamos del Banco Mundial— suscitó una era de motorización que expandió la posesión de autos y la infraestructura, impulsando el ascenso económico de Japón. El creciente uso de televisores a color por entonces, y la introducción con ayuda de la NASA de la primera transmisión satelital internacional, crearon un espectáculo que mejoró la posición mundial del país dos décadas después de la Segunda Guerra Mundial. “Los olímpicos de 1964 tuvieron un impacto enorme en el imaginario mundial de lo que Japón podía ser y sería”, dice Christian Tagsold, un erudito en el Japón moderno en la Universidad Heinrich Heine en Düsseldorf, Alemania.
Apenas diez días antes del comienzo de los juegos de 1964, Japón lanzó el servicio shinkansen del tren bala. En las décadas siguientes, la red transportó a más de 10 000 millones de pasajeros sin un accidente y ha sido copiada mundialmente. “Ello demostró el resurgimiento de Japón como un líder tecnológico”, dice Paul Droubie, un historiador del Japón moderno del Colegio Manhattan en Nueva York.
Conforme el país se propone repetir este éxito, enfrenta circunstancias cambiadas: la economía ya no es dinámica y está afectada por la más alta carga de deuda en el mundo industrializado, y la población de Japón ha envejecido más que cualquier otra en el planeta, provocando que la fuerza laboral se reduzca. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, trata de contrarrestar esta visión. En el anual Foro de Ciencia y Tecnología en Sociedad de octubre pasado, él imaginó un Japón donde las innovaciones “salten una tras la otra”. Haciendo notar que sus fabricantes de autos han construido un ímpetu en la tecnología sin chofer en desarrollo, Abe hizo una predicción audaz: para 2020, los coches de automanejo se entrecruzarán en la calles de Tokio.
La mayor esperanza de Abe para evitar la vergüenza podría radicar en Robot Taxi. La compañía, una colaboración entre la compañía DeNA de servicios móviles y en línea y la compañía ZMP de robótica, está reequipando vehículos existentes con tecnología de automanejo (su apuesta es que esto sea más eficiente que construir unos nuevos desde cero). Robot Taxi está modificando el Toyota Estima —una miniván llamada como la Previa en Estados Unidos—, pero su método podría usarse en otros modelos y fabricantes, según un portavoz.
Hiroshi Nakajima, director de negocios automotrices de DeNA, dice que el gobierno se ha comprometido a aprobar leyes que regulen los taxis de automanejo para 2017, y la compañía espera tener varios miles de autos en el camino para los olímpicos. Pero la cifra final dependerá del rigor de las regulaciones, como en cuáles caminos serán permitidos los autos, añade. Los fabricantes de autos japoneses, como Toyota y Nissan, también trabajan en desarrollar autos capaces de cierto automanejo autónomo para 2020, pero Nakajima cree que sus taxis podrían ser pioneros tempranos al ser del todo de automanejo y orientados al servicio. La compañía ve los olímpicos como una plataforma de lanzamiento ideal dada su naturaleza supervisada, difusión geográfica y atractivo turístico. Pero el servicio Robot Taxi eventualmente podría aplicarse a industrias que van desde la logística hasta el cuidado de la salud, y conforme se expandan las áreas donde los taxis son permitidos, podría resolver problemas en Japón, como el creciente aislamiento rural y los altos índices de accidentes automovilísticos entre los adultos mayores, quienes tal vez no sean capaces de pagarse un nuevo coche autónomo.

El proyecto Robot Taxi es una de muchas innovaciones japonesas planeadas para debutar alrededor de los juegos. “Muchas compañías grandes piensan que los olímpicos de 2020 son una buena fecha límite para su investigación y desarrollo de productos de vanguardia”, dice Tomoaki Wada, director ejecutivo del Museo Kobe de Ciencias y un veterano del Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología de Japón. No son más grandes que Panasonic, un patrocinador oficial de los olímpicos que desarrolla una variedad de productos dirigidos a la ocasión, que van desde dispositivos automáticos de traducción hasta un plan para compartir bicicletas eléctricas y estaciones de enfriamiento de microneblina. Panasonic también desarrolla un “sistema de vigilancia total” que integra miles de cámaras fijas y móviles y sensores de área restringida en una red para asegurar la zona portuaria, hogar de la Villa Olímpica y muchos otros lugares de eventos, y demás lugares. Los lentes ojo de pescado de nueve megapixeles y 360 grados fijados a las cámaras se combinarán con software de procesamiento de imágenes y micrófonos direccionales incorporados que pueden “reconocer con precisión voces y sonido en un área específica”, dice Shigeo Furukawa, un demostrador de productos. Makoto Mihara, un portavoz de Panasonic, dice que la red sería efectiva para detectar y prevenir ataques terroristas, y acatará cualesquiera legislación y regulaciones para atender las preocupaciones de privacidad. Él sostiene que tendrá usos positivos amplios: “Cuando ocurran accidentes o desastres, podríamos hallar a una persona caída en la multitud y detectar ciertas voces”.
La compañía también planea asociarse con los organizadores para ofrecer el “pase maravilloso de Japón”, un dispositivo similar a una tarjeta de crédito para hacer la experiencia de los visitantes “más inteligente y más simple”, dice Furukawa. El pase de identidad, acceso y pago utilizará tecnología de reconocimiento facial para verificar a los usuarios y salvaguardarlos contra fraudes. Si Panasonic puede hacer que otras compañías clave —y el gobierno japonés— participen, podría ser un dispositivo de todo en uno, sirviendo para identificarse, abrir puertas de los lugares de los eventos o de las habitaciones de hotel y pagar por todo, desde taxis (¿de automanejo?) hasta compras.
Por años, los juegos se han tratado tanto de la pompa como de los deportes. En 1976, Montreal reencendió la antorcha olímpica con un rayo láser, activado usando una señal de radio enviada por satélite de Atenas a Canadá. En la ceremonia de apertura en California, ocho años después, un hombre con una mochila cohete atada a su espalda voló espectacularmente al Memorial Coliseum de Los Ángeles. Una compañía incipiente con la esperanza de tener un papel en la ceremonia de 2020, así como un legado a largo plazo en la innovación científica, quiere vencerlos a todos. ALE, una compañía de “entretenimiento en el espacio exterior”, trabaja en producir lluvias de meteoros artificiales por encargo. Sus creadores creen que la tecnología gradualmente podría llevar al reemplazo de los fuegos artificiales para el entretenimiento a gran escala, a la par que hace contribuciones para el estudio de meteoros y la atmósfera superior, así como tecnologías espaciales para desorbitar (traer un satélite de vuelta a la Tierra).
El equipo busca lanzar microsatélites a 80 kilómetros sobre la Tierra que expulsarán pequeños perdigones, los cuales brillarán conforme desciendan en la atmósfera y se quemen por la fricción con el aire. La directora ejecutiva Lena Okajima calcula que serán visibles desde un área terrestre de 320 kilómetros, abarcando 30 millones de personas. ALE colabora con varios académicos japoneses, incluido Shinsuke Abe, del departamento de ingeniería espacial de la Universidad Nihon. Abe ha hecho pruebas de cómo aumentar el brillo de los meteoros artificiales mediante alterar su tamaño, forma y estructura. En la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón, el equipo usa un túnel de viento arcjet, un dispositivo de 3 por 10 metros que contiene una cámara de vacío en la cual los perdigones de prueba son colocados y acribillados con flujos supersónicos de gas caliente para imitar algunas de las condiciones que enfrentarán en vuelo. “Hasta ahora, hemos tenido éxito en producir una bala especial que es casi 70 veces más brillante que las muestras de meteoritos bajo las mismas condiciones de calentamiento aerodinámico”, dice Abe. El equipo académico cree que la empresa tiene un alto valor científico. Su trabajo ya ayuda a mejorar el entendimiento de la física y química de los meteoros naturales, así como sus patrones de órbita e información clave sobre la reentrada atmosférica, dice Abe.
ALE planea montar lanzamientos en Tokio para 2018 y busca patrocinadores —compañías grandes, así como aficionados adinerados— para ayudar a cubrir el gasto de las pruebas y otros lanzamientos. Un solo lanzamiento cuesta cerca de 9 millones de dólares, calcula Okajima. A pesar del precio, Nobuhiko Otsuki, director de mercadeo de ALE (y originador de la idea), espera por completo que el sistema de microsatélites se convierta en los fuegos artificiales del futuro y quiere dispersar los colores todavía más lejos, “como usar el cielo como un lienzo”. Y añade: “En los próximos 100 años, la gente amará esto”.
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