“Sueño ser campeón con Cruz Azul”

HACE 13 AÑOS llegó a México procedente de su natal Argentina. El Veracruz se fijó en él debido a los títulos y éxitos que acumuló con Boca Juniors, equipo en el que debutó profesionalmente en 1998, además de haber militado en Unión de Santa Fe e Independiente. En agosto del año 2004 debutó en la Liga MX con los Tiburones Rojos, con quienes permanecería durante un año, para después jugar dos Torneos con el América.

Veinticuatro torneos cortos después de su aparición en el balompié mexicano, Christian Chaco Giménez exhibe números muy respetables: más de 400 partidos, casi 30 000 minutos jugados y más de 100 goles. Sin embargo, más allá de sus sobresalientes estadísticas, el Chaco Giménez se ha convertido en uno de los últimos ídolos de la afición mexicana.

En una época en donde un futbolista difícilmente juega toda su carrera en un solo equipo y en donde el cambio de camiseta es una constante, este veterano de 35 años ha dividido su corazón en dos pedazos. Tras dejar al América emigró al club Pachuca, en el que jugó de 2006 al 2009 y obtuvo los campeonatos de Liga, Concacaf y la Copa Sudamericana. Luego de eso, en 2010 emigró a Cruz Azul, equipo en el que ha militado 13 torneos y, por ello mismo, hoy es el último gran ídolo de la Máquina.

“Quiero mucho a los dos (Pachuca y Cruz Azul), son equipos con los que me identifico mucho; la verdad estoy agradecido con ambos, son dos equipos que están en mi corazón y no me los puedo sacar ninguno de los dos”, afirma.

Seis años y medio con la Máquina, pero el equipo no es campeón desde hace 18 años. Giménez lo sabe: “Uno se responsabiliza de todo lo que pasa en Cruz Azul. Te lleva a vivirlo como un ‘hincha’; a mí la verdad me duele cuando no salen las cosas y más con esta sequía de títulos, pero al mismo tiempo me motiva a seguir, estoy muy agradecido de jugar en Cruz Azul y quiero retribuirle con éxitos”.

Acostumbrado a ser titular casi toda su carrera, el Chaco (apodo que surge a partir de su lugar de nacimiento: la ciudad de Chaco, en la Provincia de Resistencia) se ha convertido en el principal recambio ofensivo del equipo y le ha ido muy bien, puesto que en los últimos juegos ha marcado goles apenas ingresar en la cancha.


“Me duele cuando no salen las cosas”. FOTO: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS

“No me importa porque estoy en un momento… nunca pensé en decirlo… pero hoy entrando de cambio estoy en uno de los mejores momentos de mi carrera, me siento pleno y me adapto bien”, confiesa el camisa número 10 de la Máquina Celeste.

—¿Cuál fue tu última gran alegría?

—Creo que tiene que ver con el gol que le hice al Monterrey (jornada 8, 27 de febrero, victoria por 4-0), fue muy lindo entrar en la cancha y la primera pelota que toco fue gol, fue maravilloso.

—¿Tu último gran dolor?

—Yo creo que las lesiones. Las lesiones me “matan” psicológicamente y me tumban mucho. Cuando uno se lesiona, es lo que más le duele.

—¿La última vez que lloraste?

—Fue cuando mi mamá tuvo una operación y yo estaba acá en México y ella en Chaco, dos horas duró la operación y fueron eternas y me sentía mal porque no podía estar con ella.

—¿Tu último gran título?

El que ganamos en 2014, cuando Cruz Azul le ganó al Toluca el título de la Copa de Concachampions, creo que fue muy emotivo.

—¿La última vez que pensaste en el retiro?

—Fue cuando tuve dos lesiones continuas… volví y me lesioné otra vez y ahí dije: “Tengo que pensarlo muy bien”, pero después me motiva más el amor por el fútbol que cualquier otras cosa.

—¿Tu último gran ídolo?

Messi.

–¿Algún mexicano que admires o hayas admirado?

—Admiro mucho al Cuau (Cuauhtémoc Blanco). Ahora que fue su homenaje —que en verdad lo mereció—, me enseñó que, a pesar de cualquier cosa, nunca hay que esconderse dentro de la cancha.

El Chaco está a punto de cumplir 35 años de edad; su hijo mayor, Santiago, juega con la sub-15 de Cruz Azul. Inevitable preguntar:

—¿Tu último gran sueño?

—Tengo dos: uno es ser campeón con Cruz Azul, me muero por ese título y se lo debemos a la afición; el otro sueño es, si me da el cuerpo, poder jugar con mi hijo: sería maravilloso. Y creo que sí podría darse, ya que él tiene 14 años, va a cumplir 15, y tengo que ver si yo sigo ahí y lo concretamos… ¡Ese sería un gran sueño!


“Admiro mucho al Cuau”. FOTO: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS