Semanalmente, vendedores ambulantes tienen que dar hasta 200 pesos a los policías que custodian la entrada de la Secretaría de Educación Pública de Hidalgo (SEPH) para que no llamen a los inspectores de la dirección de Mercados, Comercios y Abasto del ayuntamiento de Pachuca.
“Es frustrante y triste la impotencia que se siente cuando ves que llegan los del ayuntamiento y te decomisan todo. Se llevan hasta las hieleras, los botes y las bolsas donde cargamos la comida que preparamos para venir a vender… a mí me ha pasado siete veces”, señaló Ofelia.
Este es el sentir de una comerciante, quien por temor a represalias pidió que se le cambiara el nombre para esta entrevista.
Junto con otras vendedoras de comida ambulante, tiene que sortear este tipo de situaciones “para ganarse el pan de cada día”.
Tras guarecerse debajo de las ramas del árbol que sobresalen de los barrotes metálicos, que separan a la SEPH de la calle, dijo estar cansada de estos atropellos. Cargando sombrero o gorra, desde las 7:00 de la mañana van llegando las vendedoras a esta zona, donde tienen que moverse constantemente para evitar ser detectadas por algún inspector.
“Son como 200 pesos los que nos piden, aunque no sabemos con certeza si ese dinero es para ellos o si ‘alguien de arriba’ les esté ordenando. Somos como 11 comerciantes que vendemos tortas, tacos y antojitos mexicanos, y a veces no logramos sacar ni lo que se invierte, pero tenemos la necesidad”, comenta.
Hace más de cinco años, Ofelia vio esa oportunidad de generar ingresos a través de la venta de comida en la zona, donde también se ubica el Hospital del Niño DIF, sobre el bulevar Felipe Ángeles, en la colonia Venta Prieta.
A diferencia de los comedores que hay dentro de las instancias estatales, en la calle puedes encontrar mucho más barata la comida. Por ejemplo, el precio de una torta dentro del Hospital es de 35 pesos; mientras, en la calle cuesta 15 pesos.
“Francamente la gente que viene a esta zona es por necesidad, ya sea que van a hacer un trámite a la SEPH o desgraciadamente tiene algún pequeñito hospitalizado. A veces no tienen para una comida y nosotras estamos conscientes de eso y no podemos vender más caro”, expresó la comerciante.
A veces es preferible dejar que se lleven la mercancía los inspectores de la dirección de mercados, comercios y abasto, pues sale más caro ir a pagar la multa de 580 pesos a que te devuelvan tus cosas.
Mientras cuenta algunos billetes y monedas, producto de la venta del día, Ofelia lamenta el grado de corrupción al que se ha llegado en este país: “ojalá y a esos policías les pagaran bien, para que no anden extorsionando a los demás”.
Cuando inició esta actividad la invitaron a afiliarse a la Federación de Organizaciones Independientes del Estado de Hidalgo (Foideh). Sin embargo perdió el interés luego que le informaron que para agremiarla tenía que pagar de inscripción 800 pesos, más 500 de la credencial.
Finalmente, ella tiene la esperanza que alguien “de arriba” pueda ayudarlas, no sólo a frenar a los policías corruptos, sino también apoyarlas para que puedan vender legalmente “la comida que preparamos con limpieza, cuidado y amor, expresó la vendedora.