Muro fronterizo amenaza vida silvestre

Una fila de postes de acero de 5.4 metros de altura
colocados a 10 cm uno del otro atraviesan como una cicatriz la reserva natural
nacional de Lower Río Grande Valley cerca de McAllen, Texas. Es un trecho de
una barrera que se extiende intermitentemente por más de 1000 km a lo largo de
la frontera entre Estados Unidos y México, de California a Texas, y los
candidatos presidenciales Ted Cruz, Donald Trump y Marco Rubio han jurado
ampliarla si son electos. El objetivo de la barrera es disuadir la inmigración
ilegal y el contrabando. Aún no está claro si ha logrado esos objetivos, pero
lo que sí es evidente es que varias secciones de la barrera dividen y aíslan
tierras públicas y privadas, amenazando con diezmar hábitats de flora y fauna y
con llevar a la extinción a comunidades de ambos lados de la frontera que
dependen del turismo relacionado con la vida silvestre.

El Río Grande marca la frontera de más de 2000 km entre
México y Texas. A lo largo de un trecho de 193 km del río que termina en el
Golfo de México, a más de 321 km de San Antonio, se encuentra lo que se conoce
como el Valle de Río Grande. Comunidades de ambos lados del río comparten
generaciones de relaciones familiares y de negocios. Jim Darling, Alcalde de
McAllen, una de las comunidades más grandes del lado de Texas, dice que los
visitantes mexicanos gastan alrededor de 1.3 mil millones de dólares cada año
al ir de compras en esa ciudad. Afirma que las cifras de cruces ilegales están
a la baja en el área de McAllen, y que muchas de las personas que cruzan
ilegalmente no lo hacen exactamente de manera subrepticia. “Se trata
principalmente de mujeres y niños y de menores no acompañados provenientes de
América Central que buscan asilo”, dice Darling. “Cruzan el puente y dicen,
‘aquí estoy’”.

Dado que esta parte del Río Grande gira, se enrosca y
suele desbordarse, la barrera se asienta hasta varios kilómetros al norte de él
en muchos lugares, y a menudo corre en línea recta en las partes donde el río
gira. Por consiguiente, parte de la tierra de Texas terminó del lado mexicano
de la barrera, incluyendo casas particulares y partes importantes de tres
reservas naturales nacionales.

Los observadores de flora y fauna gastan 463 millones de
dólares cada año en el valle, uno de los lugares con mayor biodiversidad de
América del Norte, con más de 700 especies sólo de vertebrados. Acuden personas
de todas partes del mundo para ver aproximadamente 500 especies diferentes de
aves.

Antes de que comenzara la construcción de la cerca en
2009, el Departamento de Parques Naturales y Flora y Fauna de Texas elaboró una
lista de las especies que probablemente resultarían afectadas. En ella se
incluyeron a 10 plantas y animales que aparecen en listas federales y estatales
de especies en peligro de extinción, 23 en la lista de Texas de especies en
peligro, y docenas de especies en riesgo. Pero el muro se construyó de todos
modos.

Las especies con poblaciones pequeñas y hábitats
especializados son las que más han sufrido esta perturbación, afirma Jesse
Lasky, profesor adjunto de biología de la Universidad de Penn State. Este
investigador es coautor de un estudio realizado en 2011 en el que se informa
que la barrera redujo hasta 75 por ciento el alcance de algunas especies. Un
alcance pequeño se relaciona con un mayor riesgo de extinción y, de acuerdo con
el estudio, el muro impone una tensión adicional sobre los sapos de arroyo, las
ranas de ancas rojas de California, los tritones de manchas negras y las
tortugas de las lagunas del Pacífico, todas ellas consideradas como en peligro
de extinción o amenazadas por la Unión Internacional para la Conservación de la
Naturaleza, así como el jaguarondi, un pequeño gato montés en peligro de
extinción en Estados Unidos y amenazado en México.

Otra investigación llegó a la conclusión de que la barrera
afectaba los movimientos y la distribución del búho pigmeo ferrugino y del
borrego cimarrón, y que podía aislar a poblaciones pequeñas de grandes
mamíferos de la región de Sky Island en Arizona, entre ellos, los osos negros y
los pumas. Este aislamiento reduce el intercambio de material genético y hace
que los animales sean más vulnerables a las enfermedades.

Los postes de la barrera cruzan la Reserva Sur de
Conservación de la Naturaleza de la Fundación Lennox cerca de Brownsville, y
los empleados han visto un creciente número de venados de cola blanca y
pecaríes en la propiedad. Esto no es algo bueno; probablemente significa, de
acuerdo con Laura Huffman, directora de la sección de Texas de Conservación de
la Naturaleza, que esas especies expulsadas de su hábitat natural se han visto
obligadas a migrar hacia la reserva, y no que el número global de estos
animales se haya incrementado.

“La cerca es la definición misma de la fragmentación del
hábitat, la definición misma de lo que inhibe el libre movimiento de la vida silvestre
dentro de su hábitat natural”, señala Huffman.

La barrera afecta hasta 70 por ciento de las tres reservas
naturales nacionales del valle. Por ahora, existen aberturas en distintas
secciones de la barrera, y algunas especies parecen haberlo averiguado; se ha
detectado a linces rojos moviéndose alrededor de la cerca, a menudo varias
veces al día. “Si suponemos que los animales se desplazan tanto como lo
necesitan pero no más, esto indica que algo los está obligando a utilizar ambos
lados, incluso si ello significa caminar un kilómetro adicional para rodear la
barrera”, afirma Hilary Swarts, bióloga del Servicio de Pesca y Vida Silvestre
(FWS, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Si se cierran las aberturas,
los gatos perderán el acceso a lo que necesitan el otro lado.

El Valle de Río Grande también aloja a los aproximadamente
50 ocelotes que aún quedan en Estados Unidos. Pero es posible que esto no dure;
la cerca ha fragmentado su hábitat y ha separado a estas pocas docenas de gatos
de Texas de sus primos más grandes y más genéticamente diversos del norte de
México. Los animales prefieren tener una cobertura densa y es poco probable que
crucen los 18 metros de espacio abierto a cada lado de la barrera, aun cuando
haya aberturas por las que pueden pasar.

El FWS añadió recientemente 1119 acres a los terrenos de
la reserva natural nacional en la zona, pero este tipo de proyectos no son más
que remedios temporales. La cura consiste en dejar sin barreras las áreas clave
de flora y fauna, dice Lasky.

Los científicos y ecologistas temen que, a largo plazo, la
barrera pueda provocar la pérdida de ciertas especies, entre ellas, aquellas
que las personas han dedicado décadas de trabajo para su protección. Para los
residentes y empresas del valle, el muro también pone en riesgo millones de
dólares de comercio y relaciones fronterizas alimentadas durante generaciones.
Dado lo anterior, casi nadie quiere ver ni un centímetro más de la barrera por
aquí. Por lo menos, quieren que aquellos que prometen ampliarla tomen en cuenta
a las personas y la flora y fauna que viven en la zona.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek