En los últimos dos años, México y, más concretamente, su capital, ha albergado una buena cantidad de eventos deportivos de talla internacional y con participación de las ligas más importantes del mundo.
Se acaba de concretar un partido de temporada regular de futbol americano de la NFL, se ha jugado también basquetbol de la NBA, torneos de golf con Lorena Ochoa, la Fórmula Uno regresó a México tras 23 años de ausencia, y también regresó el beisbol de Grandes Ligas, la UFC (artes marciales mixtas) quiere quedarse en el país y se han tenido también eventos de talla internacional como copas del mundo de taekwondo, clavados y tiro con arco.
Sin embargo, sólo un evento de tal magnitud puede presumir de haber llegado para quedarse e ir creciendo y mejorando edición tras edición. Se trata del Abierto Mexicano de Tenis, torneo que naciera hace 23 años, en 1993, en el Club Alemán de la Ciudad de México.
De los eventos arriba mencionados, algunos han tenido lugar de manera aislada y otros tienen poco tiempo de realización; sólo el Abierto Mexicano se ha mantenido como el evento deportivo internacional más antiguo del país.
Este torneo puede presumir de haber tenido en su canchas a jugadores que en su momento fueron número uno del mundo o que estuvieron en el top ten. Nos referimos a Rafael Nadal, Gustavo Kuerten, Andy Murray, David Ferrer, Thomas Muster, Venus Williams, Flavia Penetta y María Sharapova.
Raúl Zurutuza es el director general del evento y conoce perfectamente las entrañas del torneo, puesto que ha estado ligado a este desde su nacimiento, en 1993. De esa fecha y hasta el año 2002 desempeñó varios cargos en el comité organizador; fue a partir de 2003 que tomó la dirección general de la competencia.
“El torneo se compró en 1992 a un promotor brasileño que ya no pudo seguir haciéndolo en su país y en la operación participaron la Federación Mexicana de Tenis y el desaparecido Banco Mexicano, que buscaba que el evento fuera el instrumento publicitario para promoverse; así nació el Abierto como una mera necesidad de un tema publicitario, liderado por gente muy amante del tenis”, cuenta.
Entre esos amantes del tenis estaban el empresario mexicano Alejandro Burillo, quien fue uno de los socios fundadores del torneo y en 1997 compró en su totalidad las acciones a Banco Mexicano cuando la institución cambió de nombre.
A lo largo de 23 años el Abierto Mexicano de Tenis ha sufrido tres grandes momentos de evolución: el cambio de sede, el cambio de categoría y la modificación en la superficie de sus canchas.

ACAPULCO, GUERRERO: La tenista rusa María Sharapova durante su participación en el Abierto Mexicano de Tenis, en febrero de 2015. FOTO: CUARTOSCURO
La primera vez que se jugó fue el año 1993 en las instalaciones del Club Alemán de la Ciudad de México, y esa fue la sede hasta el año 2000. Como medida de crecimiento en todos los sentidos, Alejandro Burillo movió el evento al puerto de Acapulco, Guerrero, en 2001.
El incremento de la bolsa a repartir y la presencia de jugadores de élite propició que pasara de ser un Open 250 (el torneo más común en el mundo dentro de la élite del tenis) a un Open 500 (sólo existen 13 torneos en el circuito).
La tercera gran modificación fue el cambio de superficie: durante 20 años se jugó en arcilla y en 2014 se transformó a cancha dura, lo que per se significó una apuesta aventurada, ya que el público estaba acostumbrado a los tenistas de terre battue. Una decisión complicada que implicó cerrarle las puertas a los tenistas españoles y argentinos, especialistas en este tipo de canchas y con los cuales la afición mexicana había desarrollado mucha empatía.
“Fue una decisión difícil”, concede Zurutuza a la vez que solicita comprensión y tiempo. “La gente estaba muy acostumbrada a la arcilla y muchos se molestaron por el cambio; pero creo que fue lo correcto: cerramos un gran ciclo de 20 años con un estandarte de esta superficie como Rafael Nadal ganando el último torneo en ese tipo de canchas”.
—Entonces, ¿estás convencido de que el cambio fue lo mejor?
—Totalmente, fue meternos de lleno a la gira de torneos de cancha dura que van encaminados a dos de los grandes, como son Indian Wells y Miami, los dos primeros Open 1000 del año, y fue abrirnos al tenis europeo —con excepción de los españoles— que no se fijaban en nosotros. De hecho el año pasado, un 70 u 80 por ciento de los jugadores, tanto hombres como mujeres, eran tenistas que nunca habían estado en nuestro país. Estoy convencido de que si este año no es el de la consolidación, sí será el año que nos dará más certidumbre de si estamos o no haciendo bien las cosas.
En el año 2009 el Abierto Mexicano de Tenis ascendió a la categoría Open 500. En los siete años que han transcurrido desde entonces, dado el éxito sostenido y el continuo paso de jugadores de élite, se ha especulado sobre la posibilidad de ascender a Open 1000, la máxima categoría, sólo por debajo de los torneos de Grand Slam (Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open).
—¿Es verdadera la posibilidad de subir de categoría a Open 1000?
—Creo que es lo lógico tener una aspiración así, llegar lo más lejos que podamos como torneo. Pero para que suceda eso tiene que darse una serie de factores, incluyendo —y creo que es lo más importante— que uno de los Masters u Open 1000 estén sufriendo y el dueño quiera venderlo. Y aun así es muy complicado, porque hay que hacer cambios en las fechas de torneo entre otras muchas cosas, por lo que lo veo lejano.

“ES PREOCUPANTE la situación de violencia en el país, pero te voy a ser sincero: en relación con el torneo no hemos tenido ningún inconveniente”. FOTO: ANTONIO CRUZ / NW NOTICIAS
—¿Pero sí es un objetivo en mente?
—Si es un objetivo que tenemos, por supuesto. De hecho, si tú me dices en este momento qué hace falta para ponernos a la altura de un Masters, te diría que sólo necesitaríamos meter cuatro o cinco canchas más, hacer un reacomodo de vestidores y oficinas, y poner 5000 lugares más al estadio (el aforo actual es de 7500 personas).
—Hablando del estadio, ese es otro tema pendiente. Hace cuatro o cinco años hablaron de la posibilidad de dejar las instalaciones del Hotel Princess y ahí mismo, en la zona Punta Diamante de Acapulco, construir uno completamente funcional y moderno, ¿sigue firme esta idea?
—¡Sí, claro! El estadio es algo que está puntual en la agenda. Y en algún momento tendríamos que hacerlo puesto que el actual estadio tiene ya 16 años y está empezando a hacerse “viejo”. En su momento, de haberlo iniciado nos hubiera afectado la crisis, y ya no digamos si el año pasado o este hubiésemos comenzado el proyecto, ¡imagínate cómo está ahora el dólar! Yo creo que vendrá en su momento y será a mediano o incluso a largo plazo, pero de que deseamos tener un estadio propio y de gran calidad, es un hecho, y seguiremos teniéndolo como un gran objetivo.
—¿Existe una fecha prevista?
—No, para nada, eso es muy complicado. La verdad ahora estamos pensando en sacar adelante el torneo de este año y sólo tenemos en órbita la planeación del evento de 2017 y 2018, cuando estaremos cumpliendo nuestro aniversario de plata y por ello estamos pensando en hacer algo especial. Te repito: el estadio sí está en nuestra agenda, pero es difícil manejar fechas.
Para Raúl Zurutuza, el Abierto Mexicano de Tenis se encuentra dentro de los 15 mejores torneos del mundo. “Yo estoy convencido de que somos top 15, sin duda alguna. Incluso te aseguro que estamos por encima de uno que otro Masters”.
Un afirmación aventurada.

TORNEO DE MUY ALTOS VUELOS: Debut del tenista español Rafael Nadal en el Abierto Mexicano de Tenis, en febrero de 2015. FOTO: BERNANDINO HERNÁNDEZ/CUARTOSCURO
—¿Por qué lo aseguras?
—Por la calidad del torneo. He estado en muchos torneos alrededor del mundo y te puedo asegurar que la organización que tenemos, las instalaciones, los servicios, el estadio, el nivel de jugadores que vienen… eso me da el parámetro para asegurarte que estamos entre los 15 mejores del mundo. Incluso, hemos recibido premios por parte de la ATP y laWTA, y los mismos jugadores nos han ido recomendando y han sido nuestros mejores embajadores con el resto de sus compañeros.
Organizar el AMT que se está jugando esta semana (del 22 al 27 febrero) cuesta entre 5 millones y 6 millones de dólares. Esto incluye la bolsa a repartir en ambas ramas —cerca de 1.5 millones—, amén de sueldos, logística y operatividad del evento. Pero, ¿cuál es entonces el verdadero valor del torneo acapulqueño?
“La franquicia de un ATP Open 500 debe estar alrededor de los 12 millones de dólares, pero el que tenemos nosotros por los contratos y los compromisos que hay con los patrocinadores, tiene un valor muy superior a esa cifra. Si el señor Alejandro Burillo dijera que lo quiere vender y apareciera un inversionista, tendría que pagar más de 12 millones, sin duda alguna”.
—Eso es lo que vale un Open 500. Eso significaría que si llegaran a conseguir el estatus de Open 1000, ¿tendrían que pagar por lo menos el doble de los 12 millones que cuesta el torneo?
—La última vez que se vendió un Masters 1000, costó entre 80 millones y 100 millones de dólares.
—¿Sería entonces rentable?
—¡Sí, a largo plazo, por supuesto! La clave aquí se llama largo plazo, por eso hemos cumplido 23 años. Si Alejandro Burillo hubiera planeado tener su dinero de regreso en cinco años, el torneo se hubiera ido. En ese sentido las cosas se han hecho bien y con la tranquilidad de que tienes un proyecto a largo plazo. El proyecto de Los Cabos (un Open 250 en Baja California Sur que se jugará por primera vez) que Burillo acaba de comprar (el precio fluctuó entre 4 millones y 4.5 millones de dólares) es un proyecto a largo plazo: vamos a estar en Los Cabos por lo menos diez años y eso es lo mismo que pasaría si se adquiere un Masters 1000: costaría mucho dinero pero, sería redituable”.
—Nuevamente, el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal A. C. reveló que Acapulco es la segunda ciudad más violenta del Mundo. ¿Esto no les preocupa o ha conflictuado la realización del torneo?
—Claro que es preocupante la situación de violencia en el país, pero te voy a ser sincero: en relación con el torneo no hemos tenido ningún inconveniente. Hemos recibido mucho apoyo de los tres gobiernos, local, estatal y federal, y nunca ha afectado el evento. De parte del público no ha existido una disminución en la asistencia al estadio y hemos seguido con las mismas excelentes entradas año con año.
—Pero ¿no has recibido en los últimos años algún comentario al respecto o te has enterado de que algún jugador no quiso venir por la violencia que ahí se vive?
—De verdad que no; o por lo menos no me lo han expresado a mí o a mi grupo de trabajo. De hecho, tú sabes que como el hotel sede, el estadio y las canchas están en el mismo lugar, los jugadores no salen y sólo van a la playa del mismo hotel. Cuando llegan a salir de día o de noche a algún restaurante o lugar turístico, van acompañados de algunos elementos de seguridad privada. Es más: me he enterado de que algunos jugadores han salido de noche sin avisar a nadie y afortunadamente no ha pasado nada.
—Se sabe que de los jugadores que han venido, a quienes más se les ha pagado son Rafael Nadal y María Sharapova, con una “garantía” aproximada de un millón de dólares. A partir de esto, ¿no se podría buscar a otros jugadores de este rango?
—No lo hemos explorado con muchos. Con Roger Federer sí, desde hace tiempo, pero él siempre ha tenido esta especie de lealtad y compromiso moral con Dubái (torneo que se juega a la par del AMT) y se respeta. Yo me quedé con muchas ganas de traer otra vez a Andy Murray (vino en 2014 tras ser campeón de Wimbledon) y valdría la pena intentarlo otra vez; creo que habría buenas posibilidades.
—¿Y qué hay de jugadores como Novak Djokovic, Stan Wawrinka y Serena Williams?
—No sé, es muy difícil cuando hablas de “garantías” de 1 millón o 1.5 millones de dólares. Y ahora con dólares de a 20 pesos la verdad está muy difícil. Pero bueno, tampoco hay que cerrarnos, ahora no es el momento, hay que tener paciencia.

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Agradecemos al Hotel Fiesta Inn Aeropuerto las facilidades prestadas para la realización de esta entrevista.