Llevar la guerra a casa

En un restaurante chino que da a la calle, en el norte del
estado de Nueva York, las luces de neón de un anuncio multicolor colocado en la
ventana iluminaban la cara de un extremista que planeaba un asesinato en masa.
Había estado pidiendo apoyo para su ataque y, en este pequeño establecimiento
en Scotia, se reunía con un hombre que había aceptado tomar parte en su plan
para construir un dispositivo de radiación, un arma de destrucción masiva que
mataría lenta y dolorosamente a cualquier persona que pasara cerca de ella.

“Cualquier cosa que respire estaría muerta por la mañana”,
dijo el hombre que ideó el ataque a su cómplice en un pésimo inglés. “¿Qué
puede ser más dulce que una pila de cadáveres hediondos?”.

Pero no habría ningún ataque. El supuesto cómplice que se
encontraba en el restaurante Ming’s Flavor en junio de 2012 era un informante
del FBI, y el diálogo había sido grabado. En los meses posteriores, otra
persona se unió a la conspiración. Finalmente, en junio de 2013, mientras los
conspiradores trabajaban duro en su terrible arma, agentes armados del FBI
hicieron una redada, irrumpiendo en un depósito en Schaghticoke y los
arrestaron.

Sus nombres eran Glen y Eric.

Evidentemente, ellos no eran los típicos “terroristas
islámicos” descritos en las historias de horror de los políticos
estadounidenses que se aprovechan del miedo para obtener votos. Glen Crawford,
el mecánico industrial que concibió el plan, luce como un vendedor de zapatos
de Macy’s; Eric Feight, un ingeniero de software
que ayudó a desarrollar el dispositivo, parece una versión menos pícara de Kurt
Vonnegut. Pero su inofensiva apariencia oculta sus creencias. Crawford fue
miembro del Ku Klux Klan, y la trama que ideó con Feight suponía matar una gran
cantidad de musulmanes, así como a funcionarios de la mansión del gobernador en
Albany, Nueva York, y en la Casa Blanca.

Ellos, y muchos miles de personas más, son los extremistas
que se esconden entre los estadounidenses, los militantes de derecha que desde
2002 han matado a más personas en Estados Unidos que los yihadistas. En esa
época, de acuerdo con New America, un grupo de analistas de Washington, los
islamistas pusieron en marcha nueve ataques que asesinaron a 45 personas,
mientras que los extremistas de derecha realizaron 18 ataques que dejaron 48
muertos. Estos estadounidenses gustan de las teorías de odio y conspiración,
muchas de ellas alimentadas por políticos y comentaristas que dicen tonterías
alegremente sobre campos de concentración del gobierno, la inminente ley
marcial, el plan para embargar las armas de fuego y otros galimatías
distópicos, aparentemente sin darse cuenta de que hay personas que los escuchan
y que ignoran que son sólo mentiras. Estos extremistas recurren a la violencia
contra los no cristianos, los promotores del aborto y los funcionarios
gubernamentales, en lo que creen que es una lucha para salvar a Estados Unidos.
Y ese potencial de violencia aumenta todos los días.


NUEVA YORK ES UN ESTADO DE ÁNIMO: Crawford y Feight están
acusados de planear la construcción de un dispositivo de radiación que mataría
a musulmanes, así como a funcionarios gubernamentales en Albany, Nueva York, y
Washington, D. C.

SKIP DICKSTEIN/THE ALBANY TIMES UNION/AP

“Los organismos de aplicación de la ley en Estados Unidos
consideran que los extremistas violentos antigubernamentales, y no los
musulmanes radicalizados, son la más grave amenaza de violencia política que
enfrentan”, informó en junio pasado el Centro Triangle sobre el Terrorismo y la
Seguridad Nacional, con base en encuestas realizadas entre 382 grupos de
aplicación de la ley.

El problema es cada vez peor, aunque pocas personas ajenas
a los organismos de ejecución de la ley lo saben. Muchas fuentes confidenciales
notificaron al FBI el año pasado que miembros de milicias habían vigilado
escuelas musulmanas, centros sociales y mezquitas en nueve estados para lo que
un informante describió como “propósitos de operaciones”. Los informantes
también notificaron a los organismos federales de ejecución de la ley que
milicias extremistas de Misisipi analizan la posibilidad de raptar y descabezar
a un musulmán para después publicar un video de la decapitación en internet. El
FBI también averiguó que los extremistas de derecha habían producido falsas
identificaciones diplomáticas y de organismos de ejecución de la ley, no porque
estos radicales quisieran fingir ser policías y embajadores, sino porque creen
ocupar esos puestos en un gobierno que han creado dentro de Estados Unidos.

La inusual, y a menudo estrafalaria, visión de algunos
extremistas de derecha estuvo a la vista en enero, durante la recuperación
armada de instalaciones federales en la reserva natural nacional de Malheur en
Oregón. Al expresar su consternación debido a que a dos rancheros condenados
por incendio provocado se les ordenara cumplir el resto de sus penas de prisión
mínimas obligatorias, miembros de distintos grupos militantes ocuparon un
edificio en la reserva natural, declarando su disposición a luchar contra el
gobierno y, si era necesario, a morir por su causa. Proclamaron que el gobierno
federal era tiránico y que la Constitución estaba bajo asedio.

Los ocupantes del Malheur recibieron burlas en los
programas nocturnos de opiniones y en las redes sociales que los llamaron
“y’all-Qaeda” y “yee-haw-distas”, imitando el acento rural estadounidense, pero
lo que se desarrollaba en Oregón no era divertido, sino muy preocupante. Estas
personas hablan de martirio, de baños de sangre y de asesinatos, opiniones que
pueden ser escuchadas en cualquier video de reclutamiento islamista. Y
finalmente, el 26 de enero, cuando los organismos de ejecución de la ley
emprendieron acciones en un arresto en masa, uno de los miembros de las
milicias, Robert LaVoy Finicum, quien
proclamó que prefería morir que ir a la cárcel, fue muerto de un disparo.

Y mientras esos miembros de las milicias ocupaban tierras
federales, otros extremistas de otras partes del país trabajaban duro. Volantes
que buscaban reclutas para el KKK aparecieron en el césped y en las puertas de
las casas en Alabama, California, Georgia, Nueva Jersey y Oklahoma. En
Johannesburgo, California, la política descubrió bombas y trampas en la casa de
un hombre que amenazaban con volar la Oficina de Administración de Tierras
(BLM, por sus siglas en inglés) y otros edificios federales. En Colorado
Springs, un defensor de la supremacía de los blancos, sospechoso de estar
ligado al asesinato en 2013 del jefe de la prisión de Colorado, fue herido de
un disparo en un tiroteo con la política. En Lafayette, Luisiana, los
funcionarios hicieron público el diario de un hombre que mató a dos personas en
un cine el verano pasado; el diario estaba lleno de rabia contra el gobierno
federal y de elogios hacia un asesino racista. En Oakdale, California, dos
apicultores fueron acusados de un fraude relacionado con un plan de extremistas
que declaraban que no estaban bajo ninguna de las leyes de cualquier gobierno.
Y al día siguiente de los primeros arrestos de los ocupantes de Malheur, un
hombre de Nueva Hampshire que dijo a un informante del FBI que formaba parte de
un grupo que deseaba traer de regreso “la Constitución original” y tenía hasta
200 000 dólares a la mano para adquirir explosivos y cohetes, fue detenido tras
adquirir ilegalmente granadas de mano.

¿Quiénes son estos militantes de derecha? ¿Y qué los hace
creer que los estadounidenses tienen que participar en el combate armado contra
su propio gobierno en lugar de votar, matar a otros ciudadanos en lugar de
tolerar las diferencias, volar edificios en lugar de simplemente obtener un
empleo? Se han escrito y se han dicho miles de millones de palabras sobre los
extremistas islámicos violentos. Ha llegado el momento de hacer lo mismo acerca
de la anticuada variedad estadounidense que podría constituir el mayor riesgo
para todos nosotros.

UN VIOLENTO CUENTO DE HADAS

No todos son como Timothy McVeigh.

McVeigh, el tristemente célebre extremista
antigubernamental, asesinó a 168 personas en 1995 cuando hizo detonar un camión
bomba en el edificio federal Alfred P. Murrah en la ciudad de Oklahoma. Pero no
todos estos violentos radicales derechistas están de acuerdo con las creencias
de McVeigh o no tienen la capacidad de
llevar a cabo un ataque tan devastador. Los expertos dicen que existen tres
grupos distintos, que comprenden algunas facciones que se desprecian entre sí.


EJÉRCITO DE UN SOLO HOMBRE: McVeigh, un veterano de la
guerra del Golfo Pérsico, fue ejecutado en 2001 por plantar la bomba frente a
un edificio federal en la ciudad de Oklahoma en 1995, la cual mató a 168
personas y lesionó a más de 600.

JIM ARGO/THE DAILY OKLAHOMAN/AP

De acuerdo con Arie Perliger, director de estudios sobre
el terrorismo del Centro para el Combate del Terrorismo de West Point, las tres
ideologías dentro de la ultraderecha violenta estadounidense son la racista, la
antifederalista y la fundamentalista. Cada una tiene subgrupos; entre los
racistas se incluyen los grupos que promueven la supremacía de los blancos como
el KKK, los neonazis y los cabezas rapadas que pueden diferir en forma sutiles.
Los antifederalistas comprenden milicias, grupos autodenominados “patriotas” y
supuestos “ciudadanos soberanos”, que sostienen que sólo están obligados por su
interpretación personal del derecho consuetudinario y, por ende, no están
sujetos a las leyes federales y estatales o locales. Los fundamentalistas son
principalmente grupos de identificación cristiana que creen que la guerra
bíblica del bien contra el mal se desarrolla entre los descendientes de las
naciones anglosajonas y todos los demás grupos étnicos. Tangencialmente a los
fundamentalistas se encuentran los atacantes antiabortistas, que también
invocan la religión como un motivo fundamental de su violencia. Estos grupos tan
dispares de personas, violentas y no violentas, anhelan distintas versiones de
un pasado muy idealizado.

El abuelo de estas tres tendencias en Estados Unidos es el
movimiento racista, cuya versión moderna tiene sus orígenes en la formación del
KKK, en 1865. El movimiento de Identidad Cristiana comenzó algunas décadas
después, con el surgimiento de creyentes que suscribían la teología de John
Wilson, un británico que argumentaba que las tribus perdidas de Israel se
habían establecido en el norte de Europa. Los antifederalistas son mucho más
jóvenes y entraron a escena a principios de la década de 1990 con grupos
prominentes como la Milicia de Montana y la Milicia de Michigan; muchos
expertos sostienen que el movimiento fue un producto de la crisis financiera de
las granjas, ocurrida en la década de 1980, del rápido cambio económico y
cultural, y de la aprobación de las leyes para el control de armas y de
protección ambiental. En los últimos años, el rápido aumento en el número de
milicias ha sido relacionado por los expertos con el origen de la Gran Recesión
de diciembre de 2007 y la elección de Barack Obama meses después. En 2008, de
acuerdo con el Centro Sureño de Leyes contra la Pobreza, había 42 grupos de
milicias; en la actualidad hay 276.


TUMULTO BLANCO: Los expertos dicen que el abuelo de todas
las modernas facciones violentas y racistas de Estados Unidos es el Ku Klux
Clan, creado en 1865.

JOHNNY MILANO/REUTERS

Y aunque frecuentemente son menospreciados como personas
con creencias descabelladas, los extremistas de derecha a menudo lucen como
cualquier hijo de vecino. Aunque los expertos dicen que muchas de estas
personas son paranoicas y narcisistas, con poderosas tendencias
antidemocráticas, “el rasgo más común entre los terroristas es la normalidad”,
señala Perliger. Lo que los impulsa, de acuerdo con varios estudios, no es
tanto la ideología como sus redes sociales. Cuando amigos y compañeros declaran
que el gobierno está destruyendo la libertad, o que todos los musulmanes son
terroristas, o que las minorías están arrasando al país, la presión social para
compartir esa opinión es muy intensa.

Para empeorar las cosas, muchos de estos extremistas basan
sus opiniones en mentiras. En un discurso pronunciado en 2009 en Hamilton,
Montana, un líder de las milicias dijo a una multitud: “¿Saben cómo define el
terrorismo el Diccionario Oxford? ‘Gobernar mediante la intimidación’. Es algo
muy profundo”. No realmente, porque no es cierto. El Diccionario Oxford define
el terrorismo de la misma forma en que lo hacen otros diccionarios: “El uso de
la violencia y la intimidación para perseguir objetivos políticos”. Las
personas que ponen bombas para provocar una revolución cumplen con esta definición,
a diferencia del gobierno que despeja el área después de una explosión. Pero
esos fanáticos de Hamilton escucharon un cuento de hadas y lo creyeron.

Los argumentos y los “hechos” citados por los ciudadanos
soberanos son a menudo tan enrevesados que serían graciosos si no produjeran
muertes. Los radicales basan sus creencias en la variación de esta teoría de la
conspiración: hace muchos años, alguna fuerza exterior se infiltró en el
gobierno federal y lo reemplazó con uno ilegítimo y tirano. Entonces, ese
“gobierno ilegítimo” esclavizó a todos los estadounidenses usando la 14º
enmienda para crear “ciudadanos de Estados Unidos” que no tenían ningún
derecho. Los ciudadanos soberanos piensan que los estadounidenses han sido
engañados para aceptar su designación como ciudadanos de Estados Unidos al
otorgárseles licencias de conducir y tarjetas de Seguridad Social, que son
contratos ocultos que entregan la soberanía personal al gobierno. Algunos de
estos ciudadanos soberanos no utilizan códigos postales porque piensan que eso
podría constituir un contrato con el gobierno federal ilegítimo. Otros insertan
signos de puntuación, como comas o puntos, para separar su nombre y su primer
apellido del segundo, al que consideran el nombre dado por el gobierno.

Y pueden hablar sobre el tema durante horas sin fin,
retorciendo las palabras en un confuso calidoscopio de tonterías. “Mediante la
refinación metafísica, al examinar una forma de gobierno, podría ser correcto
decir que no existe tal cosa como un ciudadano estadounidense”, escribió
Richard MacDonald, uno los ideólogos más prominentes del movimiento. “Pero el
uso continuo, derivado de la conveniencia, y quizá de la necesidad, y que data
de la formación de la Confederación, ha dado una existencia sustancial a la
idea que transmite el término. Un ciudadano de cualquiera de los estados de la
unión debe ser, y es calificado, como un ciudadano de Estados Unidos, aunque en
forma técnica y abstracta, no existe tal cosa”.

Algunas personas crédulas escuchan la interminable
sucesión de argumentos, salpicados de palabras como “libertad” y “tiranía”, y
llegan a creer que no tienen que pagar impuestos, o tener dinero para pagar los
cheques que giran u obedecer la ley en cualquier otra forma. Como resultado,
muchos ciudadanos soberanos terminan bajo investigación delictiva, que suele
llevar a juicios en los que los jueces se frotan las sienes mientras escuchan
parlotear acerca de alguna gran conspiración. Pero en los peores casos, todos
estos candorosos galimatías hacen que los creyentes recurran a la violencia,
particularmente contra los organismos de ejecución de la ley durante los altos
de tránsito. El más famoso de estos casos: los dos oficiales de política de
Arkansas muertos por el ciudadano soberano Joseph Kane en 2010. Kane los
eliminó con una variante de una AK-47.

Luego están los grupos de milicias, cuya lealtad
pronunciada hacia la Constitución sólo es excedida por su evidente negativa a
leerla. También lanzan montones de frases con las palabras “libertad” y
“tiranía” (de hecho, una considerable proporción de ciudadanos soberanos
también son miembros de las milicias) y agitan en la mano su versión de
bolsillo de la Constitución, pero los Padres Fundadores quedarían asombrados al
escuchar la jerigonza pronunciada por los miembros de las milicias sobre su
creación más importante. Empecemos con lo obvio: la Constitución no es ningún
panfleto filosófico compuesto con palabras elegantes sobre la libertad; es el
plano que determina cómo debe funcionar el gobierno estadounidense, mientras
que las enmiendas son la enumeración de los derechos de los ciudadanos. Las
olas recientes de locura miliciana, con guerreros en uniformes de camuflaje
hablando airadamente acerca de las libertades constitucionales, van totalmente
en contra de las palabras del documento que estas personas dicen venerar.

Consideremos el enfrentamiento Bundy en 2014. Todo empezó
cuando el gobierno decidió finalmente emprender acciones contra Cliven Bundy,
un ranchero de Nevada que había apacentado su ganado en tierras federales
durante dos décadas, resistiéndose a pagar la cuota requerida, por lo que
acumuló una cuenta de más de 1 millón de dólares. Cuando Bundy envió su ganado
a las tierras protegidas para tomar un refrigerio, funcionarios de la BLM
empezaron a rodearlos. Bundy habló públicamente de esta “afrenta” usando las
palabras del movimiento de ciudadanos soberanos, que hizo que grupos
antifederalistas como Oath Keepers (Guardianes del Juramento), la White
Mountain Militia (Milicia de la Montaña Blanca) y la Praetorian Guard (Guardia
Pretoriana) acudieran en su auxilio, con las armas al ristre. En poco tiempo,
Bundy el infractor fue un héroe del movimiento de las milicias cuando declaró
que no reconocía la autoridad federal sobre las tierras. La Constitución y la
libertad estaban en peligro, aseguró.


INTIMIDADO: Cliven Bundy, un ranchero de Nevada, dirigió
un tenso enfrentamiento con autoridades federales en 2014 porque no pensaba que
debía pagar por el privilegio de apacentar su ganado en tierras federales.

JIM URQUHART/REUTERS

Pero no lo estaban. En realidad, el tema subyacente a esta
lucha de voluntades, con los partidarios de Bundy declarando su disposición a
asesinar a funcionarios federales si era necesario, está asentado directamente
en la Constitución. En el artículo 4, sección 3, cláusula 2, la Constitución
concede plena autoridad al Congreso para crear todas las reglas y regulaciones
para la gestión de las tierras federales. A principios del siglo XX, el
Congreso utilizó ese poder para ordenar a la rama ejecutiva que manejara las
operaciones y la planificación para esas tierras. Por supuesto, la legislatura
conserva la autoridad constitucional para evitar que el presidente desempeñe
cualquier función en la gestión de las tierras federales, pero no lo ha hecho.
En otras palabras, Bundy y sus partidarios, al declarar que el gobierno federal
no tenía ninguna autoridad sobre las tierras federales, estaban escupiendo
sobre la Constitución.

La misma imbecilidad estuvo detrás de la ocupación armada
de la reserva natural de Malheur encabezada por los hijos de Bundy, Ammon y
Ryan. Poco después del comienzo de la ocupación, el asunto del ranchero que
había sido enviado a prisión por incendio provocado perdió importancia conforme
los miembros de las milicias exigían que las tierras federales fuesen
entregadas a las personas e instaron a los rancheros a destruir los contratos
de arrendamiento a través de los cuales pagaban cuotas de pastoreo. De nueva
cuenta, los miembros de las milicias afirmaron que hacen esto en nombre de la
Constitución, a pesar del hecho de que las palabras de ese documento dejan
claro que sus creencias son erróneas.

LA INCURSIÓN EN ISLAMBERG

Alex Jones, ávido de conspiraciones, expuso una nueva
teoría para los oyentes de su programa de radio el 19 de marzo de 2015: el
gobierno federal se preparaba para invadir Texas. “Esto será infernal”, dijo
Jones. “Ahora bien, esto es sólo una cubierta para desplegar el ejército en la
calle… Se trata de una invasión”. ¿La razón? O un colapso financiero
inminente o el primer paso del plan de Obama para no entregar la presidencia al
final de su segundo mandato.

Los tableros de anuncios y otros foros de debate en línea
para extremistas de derecha estallaron con la noticia. El ejército llevaba a
cabo lo que podría considerarse un ejercicio de entrenamiento, al que denominó
Casco de Jade 15. Un mapa que había sido impreso en los diarios hacía varias
semanas para informar a los residentes sobre el ejercicio fue declarado como un
registro secreto que mostraba que el ejército calificaba a Texas y Utah como
territorio enemigo, el tipo de descripción que cualquier persona razonable
podría esperar en documentos relacionados con este tipo de misión de
entrenamiento.


SIN CANSANCIO: Alex Jones (centro) dijo a los oyentes de
su programa de radio que un ejercicio de entrenamiento militar en Texas,
denominado Casco de Jade 15, era parte de un golpe de Estado orquestado por
Obama, que planeaba mantenerse en el cargo más allá de 2017.

JIM URQUHART/REUTERS

Durante la siguiente semana, los únicos medios de
comunicación que tomaron nota de la histeria en línea sobre Casco de Jade
fueron un par de periódicos que lo ridiculizaron despiadadamente. Luego, el 26
de marzo, Megyn Kelly, presentadora de Fox News, presentó el primer reportaje a
escala nacional sobre el pánico provocado por Casco de Jade: “Mientras que
el Ejército afirma que simplemente está entrenando a sus soldados para las
realidades de la guerra, los críticos afirman que el Ejército se prepara para
imponer la ley marcial”, dijo.

Más o menos por esas fechas, Robert Doggart, un extremista
antigubernamental de Tennessee, hablaba por teléfono con un simpatizante de las
milicias de Texas. Ambos hablaban del plan en desarrollo de Doggart para lanzar
un ataque contra una comunidad principalmente musulmana cerca de Hancock, Nueva
York, llamada Islamberg. Pensaban que se declararía la ley marcial en Texas y
probablemente en Utah, y que ese acontecimiento debía tener una función
importante en la trama.

“Esperaremos a ver lo que ocurre en Texas, y la
información conforme vaya llegando”, dijo Doggart. “[Tan] pronto como
ocurra el hecho en Texas y Utah, entonces atacas, justo entonces. Justo
entonces, porque ello distraerá a todo el gobierno federal y lo llevará a
pensar: ‘Hey, tenemos un problema en este otro estado’”.

Doggart, un ministro cristiano ordenado en la Iglesia
Nacional Cristiana que se postuló sin éxito para el Congreso en 2014 como
candidato independiente de extrema derecha, lamentó el hecho de que él y los
otros diez miembros de su equipo de ataque nunca serían celebrados como héroes
tras su ataque a Islamberg porque la historia la escriben los ganadores. “Pero
vamos a hacerlo de todos modos”.

Todas las palabras de Doggart fueron grabadas. El FBI
había escuchado rumores sobre la trama de Islamberg e intervino sus teléfonos
unos días antes.

Doggart fue arrestado el 10 de abril, pero nadie relacionó
públicamente su plan con la teoría de la conspiración de Casco de Jade. Y así,
algunos políticos empezaron de nuevo a jugar juegos, sugiriendo con guiños e
inclinaciones de cabeza que quizás Obama estaba a punto de imponer la ley
marcial.

El 28 de abril, Greg Abbott, gobernador de Texas, ordenó a
la Guardia Estatal de Texas que monitoreara la operación para garantizar que
los derechos constitucionales y las libertades civiles no fueran violados. Días
más tarde, Ted Cruz, senador republicano de Texas, anunció que había preguntado
al Pentágono sobre Casco de Jade y que le habían asegurado que era un ejercicio
de entrenamiento; aun así, dijo, “comprendo la razón de la preocupación y la
incertidumbre, porque cuando el gobierno federal no ha demostrado ser digno de
confianza en esta administración, la consecuencia natural es que muchos
ciudadanos no confíen en lo que está diciendo”. Louie Gohmert, representante
republicano de Texas, avivó un poco más el fuego, diciendo: “Cuando los líderes
del gobierno actual piensan que entre las mayores amenazas para el país se
encuentran aquellos que apoyan la Constitución… los estadounidenses
patrióticos tienen una razón para estar preocupados”.

Mientras tanto, en Gastonia, Carolina del Norte, dos
extremistas antigubernamentales cuyos temores sobre Casco de Jade habían sido
reforzados por las palabras y las acciones de políticos como Abbott, Cruz y
Gohmert, trabajaban para construir bombas que pudieran usar contra los soldados
estadounidenses cuando se declarara la ley marcial. Presuntamente la trama fue
concebida por Walter Eugene Litteral, quien había logrado que un amigo
construyera las bombas. Las autoridades dicen que Litteral deseaba rellenar
pelotas de tenis con pólvora sin humo para rifles y un explosivo binario que
puede detonar con un disparo; luego, para añadir poder destructor, Litteral
quería pegar clavos con cinta adhesiva en el exterior de las pelotas, de manera
que pudiera dispararles desde cierta distancia y hacer volar metralla hacia los
soldados que pasaban. Planeaba hacer lo mismo con latas de café, las cuales
rellenaría con bolas de rodamiento de acero.

Conforme pasaban las semanas, el remolino de rumores
acerca de impedir la inminente ley marcial se volvió más intenso en los foros
de debate extremistas en línea. Las autoridades dicen que Litteral adquirió
munición para un rifle de calibre .338, radios de mano con micrófonos de
garganta para la comunicación, cascos de Kevlar de tipo militar, chalecos
antibalas y cubiertas de tela diseñadas para mostrar sólo algunas partes de la
cara. Un tercer conspirador se unió y aceptó ayudar a construir bombas caseras.
Pero el ataque nunca se produjo. Alguien a quien Litteral pidió ayuda alertó al
FBI, que arrestó a los hombres el 3 de agosto.

OTRA VEZ, ESTADOS UNIDOS TUVO SUERTE

No ha habido ningún nuevo ataque de la misma escala del
bombardeo de la ciudad de Oklahoma realizado por McVeigh. Pero no ha sido por falta de intentos. Está el denominado
“Plan 241” de 2011, que suponía asesinar a dos funcionarios del Estado si un
miembro de las milicias moría. Está la conspiración extremista de derecha de
2014 para volar edificios y centrales eléctricas con la esperanza de provocar
una revuelta extendida contra el gobierno. En otro ataque frustrado de ese
mismo año se pretendía asesinar a oficiales de policía y volar el Departamento
de Policía de Tremonton en Utah, otra vez, con la esperanza de que el público
se levantara en armas como consecuencia del hecho.

También estaba la trama de las milicias de Georgia: el
grupo radical planeaba asesinar empleados gubernamentales y puso en marcha un
esfuerzo para desarrollar ricina, una toxina mortal, con el propósito de
esparcirla en Washington, D. C. Durante meses, mientras el FBI escuchaba con la
ayuda de un testigo cooperador, el grupo habló de los mejores venenos, cómo
aplicarlos y las formas de matar a la mayor cantidad posible de personas. Y
nada de esto funcionaba, sugirió Frederick Thomas, el cabecilla del grupo,
siempre podían volver a los métodos ya comprobados. “Tenemos que poder volar
todo el edificio, como Timothy McVeigh”.

¿POR QUÉ OBAMA NO HA SIDO ARRESTADO?

Es posible que los factores que alimentan el crecimiento
del extremismo de derecha sea lo que divide al Partido Republicano. Las
estadísticas indican que la violencia de estos extremistas aumenta cuando los
republicanos controlan al menos una Cámara del Congreso. La razón, de acuerdo
con un informe analítico realizado para West Point, puede ser la “relativa
privación, que ocurre cuando las altas expectativas de los activistas de
extrema derecha durante una legislatura conservadora no son plenamente
satisfechas”. En otras palabras, estos radicales esperan ser ignorados cuando
los demócratas están a cargo, pero cuando los republicanos en el poder no
abanderan la causa extremista, atacar al gobierno les parece la única opción
que les queda.

Si esto es cierto, la privación debe ser monstruosa ahora.
Pensémoslo de nuevo: ¿cuántas veces los políticos republicanos han dicho a sus
seguidores que Obama podría ser acusado? ¿Cuántas veces han sugerido que era
musulmán o que no nació en este país? ¿Cuántas veces dijeron que mintió para
encubrir algo en Benghazi? ¿Cuántas veces han dicho que su política de atención
a la salud incluía paneles de la muerte? ¿Cuántas veces han dicho que el
presidente comete crímenes o impulsa políticas que matarían a las personas?


A LAS GUILLOTINAS: La ira extremista aumenta cuando los
republicanos controlan una cámara del congreso, lo cual podría reflejar la
revolución de las crecientes expectativas detrás de la revolución francesa.

HAKLEY/SIPA/AP

Luego, en 2009, los republicanos se identificaron
directamente, y casi con seguridad, de manera inadvertida, como alineados con
los radicales. El Departamento de Seguridad Nacional produjo un análisis en el
que se decía que los extremistas violentos de derecha planteaban la mayor
amenaza terrorista para el país, un informe que ha demostrado su veracidad
desde entonces. Pero los republicanos utilizaron esto para alimentar otra
teoría conspiratoria, declarando que el gobierno de Obama había considerado a
los conservadores como una amenaza terrorista. Para las personas que ignoran lo
que dice en realidad el informe, esta era otra prueba de una inminente guerra
ideológica. Para los radicales que conocían el contenido quería decir que la
élite del Partido Republicano estaba de acuerdo con que los conservadores y los
extremistas violentos de derecha eran la misma cosa. Se realizaron audiencias
en el Congreso, y los burócratas aterrorizados cerraron la división de
Seguridad Nacional que llevó a cabo el análisis del extremismo de derecha,
precisamente cuando lo que habían averiguado era aún más necesario.

Los republicanos continuaron con su sarta de teorías
conspiratorias para atraer a su base, capturando la Cámara en 2010 y el Senado
2012. E imaginemos lo que pensaron estos extremistas de derecha. ¿Dónde estaban
las actas de acusación? ¿Por qué Obama no estaba bajo arresto? El hombre era un
asesino, un tirano que escupe sobre la Constitución, un fraude que ocupa la
presidencia ilegalmente. Sólo había dos respuestas posibles para los
extremistas: aceptar que los republicanos les habían mentido, o decidir que
estos políticos se habían vendido desde el momento en que obtuvieron el
control.

Y así, la ultraderecha, incluidos los militantes más
violentos, se volvió contra el Partido Republicano. La élite de los
republicanos ahora titubea, tratando de comprender por qué sus candidatos
preferidos están siendo ignorados a favor de Donald Trump, que despotrica
contra los políticos vendidos y promete hacer cosas que los radicales adoran.
Foros de debate como Stormfront se desbordan con elogios y devoción hacia Trump
mientras que casi escupen sobre los candidatos más tradicionales.

Los republicanos jugaron un juego peligroso al dar
credibilidad a todas esas teorías conspiratorias sobre Obama, un juego que los
convirtió en blanco de la ira de derecha que engendraron. Ellos han sido los
autores del crecimiento de los radicales, pacíficos y violentos, que, a su vez,
están dividiendo al partido.

Mientras tanto, los extremistas de derecha continúan su
conspiración contra Estados Unidos.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek