“Y ahora nos viene
una porquería de América Latina. Una clase de virus (…) que afecta a mujeres
embarazadas, lo que puede tener graves consecuencias para los niños”:
Vladimir Putin, presidente de Rusia.
“Si hubiese sabido me habría cuidado más, habría usado
repelente. Toda la vida nos han picado los zancudos, pero sólo ahora pasa todo
esto”, se queja Kleisse Marcelina en una sala del hospital Irmã Dulce, en
Salvador de Bahía, en el noreste de Brasil. Su esposo, Mateus Lima, la secunda
con un “¡zancudo del demonio!”.
La joven de 24 años relata a la agencia AFP que fue
contagiada de zika en el quinto mes de embarazo, pero el médico le aseguró que
no había riesgo para el bebé. Sin embargo, cuando nació, el 22 de noviembre,
les comunicaron que tenía microcefalia.
Pietro es el primogénito de la pareja. “Fue como un
bombazo. Yo tenía tantos sueños, quería que hiciera deportes, que jugara, que
fuera sano y fuerte”, señala Mateus. “Tengo miedo por el futuro de mi hijo.
¿Podrá caminar o hablar?”, replica la mujer.
El hospital Irmã Dulce es católico y atiende gratuitamente
a familias de escasos recursos. Por desgracia, hay otros bebés diagnosticados
con la malformación. Ana Paula Santos, de 34 años, está entre los casos. “Me
enfermé de zika en el embarazo y me dijeron que no pasaría nada, pero al octavo
mes detectaron microcefalia. Desde ese momento no dormí más”. Su hija
Flavia, de mes y medio, efectivamente nació con el problema.
Hasta el 30 de enero, Brasil había confirmado 404 casos de
microcefalia e investigaba 3670 como sospechosos, de acuerdo con información
oficial del Ministerio de Salud.
Además, el gobierno de Dilma Rousseff tenía el registro de
la muerte de 76 bebés, 15 de ellos con microcefalia o alguna alteración del
sistema nervioso y en cinco se identificó el virus de Zika en el tejido fetal.
Otros 56 estaban bajo análisis y cinco fueron descartados.
Hasta el momento, 26 países y territorios de América
Latina tenían casos confirmados de zika, aunque científicos advirtieron que por
la velocidad de los contagios, podría convertirse en una endemia, es decir, un
mal que afectará a toda la región durante un largo periodo, como ocurrió en la
década de 1990 con el dengue hemorrágico.
Las únicas dos naciones que estarían exentas son Canadá y
Chile, pues por sus condiciones meteorológicas no permiten la reproducción del
insecto.
Por eso, el Comité de Emergencia de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) se reunió el primer día de febrero y acordó declarar
una “emergencia de salud pública de importancia internacional”.
Esto significa que, entre otras medidas, los países se
comprometen a aumentar la vigilancia de la infección; desarrollar nuevos medios
de diagnóstico; mejorar la comunicación de los riesgos; tomar medidas para
reducir la exposición al virus, así como brindar orientación a las embarazadas
que han estado expuestas y dar seguimiento a cada caso.
Con esta decisión, la OMS “se ha curado en salud” ante las
críticas que recibió en 2014 cuando tardó cuatro meses en declarar el brote de
ébola y otros cuatro en decretar la emergencia. Aunque esto no ha evitado la
controversia, ya que la decisión llegó ocho meses después del comienzo del
brote en Brasil.
Pero a todo esto, ¿en qué consiste esa “porquería” que
amenaza al mundo desde el continente americano?
EL ORIGEN DEL MAL
Muy a pesar de la opinión del presidente ruso, el virus de
Zika no tiene su origen en el continente americano. El mal fue diagnosticado
por primera vez en monos provenientes de India que habitaban en el Bosque de
Zika, en Uganda, en 1947.
Pero fue hasta 1952 cuando se detectó el primer caso en
humanos, en Uganda y Tanzania. Por más de medio siglo, la propagación del virus
sólo se dio en el continente africano y con menor frecuencia en Asia.
Para 2007, el 75 por ciento de la población de la Isla de
Yap, en Micronesia, resultó afectada; y seis años después también se
presentaron casos en la Polinesia Francesa.
El primer caso de zika en el continente americano se
registró en Chile el 3 de marzo de 2014, en un paciente que vivía en la Isla de
Pascua; pero fue hasta mayo del año siguiente cuando las autoridades sanitarias
de Brasil reportaron la transmisión del virus en el noreste de ese país.
La Secretaría de Salud de México confirmó en noviembre de
2015 el primer caso en territorio nacional en un hombre originario de Querétaro
que había visitado previamente Colombia. La cifra de mexicanos contagiados para
principios de febrero era de 37.
El virus es transmitido por la picadura de los mosquitos
tipo Aedes Aegipty,los mismos que
provocan el dengue y el chikungunya. Estos insectos son propios de países con
climas tropicales.
Los síntomas suelen presentarse de dos a siete días y
consisten en fiebre moderada, erupciones cutáneas, dolores musculares y en
articulaciones, jaquecas y conjuntivitis. Se puede detectar a través de
muestras sanguíneas y de la prueba Reacción en Cadena de la Polimerasa, que consiste
en analizar una muestra de ADN para establecer qué virus o gérmenes atacan al
paciente.
Hasta el momento no hay tratamientos, ni vacunas
específicos, aunque la compañía farmacéutica hindú Bharat Biotech anunció que
tiene en desarrollo dos posibles vacunas, incluso una de ellas en fase
preclínica por lo que ya es probada en animales.
El fármaco ha sido bautizado como Zikavac y, de
confirmarse su efectividad, es probable que este laboratorio sea el primero del
mundo en registrar una patente global. La empresa lanzó una vacuna contra el
rotavirus de la diarrea, tiene registradas cerca de 50 patentes y ha
distribuido más de 3000 millones de dosis de diferentes vacunas a unos 65
países.
Esto abre otro frente: el signo de dólares que tiene la
enfermedad y el “sospechosismo” detrás de su origen.
LA VERDAD SOSPECHOSA
Los titulares de algunos diarios brasileños fomentan la
histeria: “Brasil envía 200 000 soldados para detener la propagación del zika”;
“Manténgase alejado de Río si está embarazada”; “Perdemos la batalla contra los
mosquitos” o “Virus amenazando dos continentes”.
¿Se trata de un estado de histeria inducido? Es difícil
decirlo sin entrar en el terreno de la especulación, pero en tanto se
desarrollan los fármacos, sí se puede señalar que algunas empresas son
beneficiadas con la presencia del virus.
Una de ellas es Oxitec, a la que se le ha encargado la
liberación de mosquitos genéticamente modificados como método para prevenir la
enfermedad. Ese método ya fue utilizado para reducir la fiebre del dengue en
Brasil, Malasia y las Islas Caimán.
Jon Rappoport, un periodista dedicado a trabajos de
investigación, advierte que pese al uso de mosquitos transgénicos para combatir
el dengue en Brasil, los índices de infección de este mal siguen siendo altos.
Y agrega que no hay estudios de los efectos sobre la salud
a largo plazo de estas técnicas y de los eventuales cambios y daños que generan
estos mosquitos transgénicos al medioambiente.
El reportero también advierte que, hasta ahora, no se ha
logrado confirmar la relación entre el virus de Zika y la microcefalia; y pide
poner énfasis en el uso de plaguicidas como otra posible causa de las
malformaciones.
Según el informe, “Brasil se muestra como el mayor
consumidor mundial de plaguicidas”, la utilización de pesticidas creció más de
un 162 por ciento entre 2000 y 2012, cifra que lo convierte en el principal
consumidor de plaguicidas del mundo.
El informe incluye estudios científicos del Instituto
Nacional del Cáncer que muestran una relación directa entre el uso de
pesticidas y problemas de salud. “No sólo estamos utilizando más pesticidas,
sino que estamos usando pesticidas más potentes y más fuertes”.
Otro análisis publicado en Environmental Health Perspectivesen julio de 2011 advierte que
“la presencia de niveles cuantificables de atrazina en los plaguicidas o del
metabolito específico atrazina se asocia con restricción del crecimiento fetal
(…) y provocan una menor circunferencia de la cabeza en los recién nacidos (…)
la circunferencia de la cabeza también se asocia inversamente con la presencia
del herbicida metolacloro”.
Según la interpretación de Rappoport, los pesticidas con
atrazina provocan defectos de nacimiento como los que —presuntamente, y de
forma no demostrada— causa el virus de Zika.
El periodista añade otro elemento: los Juegos Olímpicos de
Río de agosto próximo. “¿Los propios Juegos Olímpicos podrán ser utilizados
para crear la imagen de una especie de pandemia mundial? ¿Será una vacuna
contra el Zika mágicamente ‘descubierta’ y se precipitará su producción, en el
momento justo para mostrar, como si fuera un gran anuncio planetario, a colas
de ciudadanos caminando obedientemente a recibir esas vacunas antes y durante
los juegos, cuando todos los focos estén sobre Brasil?”.
Los medios han puesto énfasis en otro tema. Por ejemplo, The Washington Postpublicó una nota
titulada: “A medida que el virus de Zika se propaga, El Salvador pide a las
mujeres que no se embaracen hasta el año 2018”.
El texto apunta: “La rápida propagación del virus de Zika
ha llevado a los gobiernos latinoamericanos a instar a las mujeres a no quedar
embarazadas durante un máximo de dos años, una precaución extraordinaria
dirigida a evitar los defectos de nacimiento que se creen que están vinculados
a la enfermedad transmitida por mosquitos”.
¿Se trata de un nuevo “método anticonceptivo” promovido
por los gobiernos para hacer frente a la sobrepoblación?
Más allá de especulaciones, el zika está ya entre nosotros
y, como lo ha recomendado la OMS, los gobiernos deben redoblar esfuerzos y
mejorar su coordinación para hacer frente a ese peligro que amenaza al mundo
desde América.