Por qué las elecciones 2016 de EEUU son como “The Bachelor”

Tanto The Bachelor como la cobertura de las elecciones 2016 en Estados Unidos están muy lejos de concluir; están en vías de reducir un campo de candidatos principalmente poco atractivos sujetándolos constantemente a tareas ignominiosas y sacando a la luz sus fallas más notorias (Olivia tiene úlceras bucales; Hillary tiene a Benghazi).

Fue una gloriosa noche de barras y estrellas en la historia de la televisión estadounidense. Un viaje vespertino en el tiempo. Allí estaba Lauren, maestra de un jardín de infantes, informando al personaje titular de The Bachelor que había terminado una relación de cinco años con un hombre tras descubrir que salía con varias mujeres. Ben, nuestro héroe alto, moreno y apuesto, asimiló melancólicamente esta información y luego regresó a su valioso trabajo de salir y besar a varias mujeres.

Mientras tanto, en Iowa, demócratas y republicanos pusieron en marcha la temporada de las elecciones primarias. Los dos favoritos demócratas, Hillary Clinton y Bernie Sanders, terminaron en un virtual empate (mientras que a Martin O’Malley se le concedió el 1 por ciento de los delegados). El sondeo realizado en Iowa 12 meses antes indicaba que la ex Primera Dama tenía 68 por ciento de los delegados de Iowa, pero el senador de 74 años de Vermont había llegado e impulsado a los jóvenes votantes del estado, sus así llamados chicos del maíz. Acerca de Sanders, un declarado “socialista democrático”, el comediante Matt Goldich tuiteó, “Es muy probable que Bernie esté muy feliz de que los votos estuvieran distribuidos uniformemente.”

Lo surrealista sustituyó a lo rutinario. En un distrito demócrata de Ames, el resultado se decidió mediante el lanzamiento de una moneda después de que unos 60 delegados se fueran antes de contabilizar los votos finales. En otro distrito, un hombre que llevaba una capa se mantuvo de pie con seis delegados más, la totalidad del apoyo de O’Malley, mientras un corresponsal de MSNBC les preguntaba acerca de su viabilidad.

El cruce entre The Bachelor y el comité político fue extraño. Ben envió a casa a Jubilee. Los demócratas enviaron a casa a O’Malley. Ambos eran posiblemente los candidatos más sensatos y moderados en sus respectivas batallas. No es de sorprender que ninguno de los dos tuviera ninguna posibilidad.

De manera extraoficial, la ganadora del episodio de anoche de The Bachelor fue Olivia, una presentadora de noticias de TV de Texas. Con sus enormes ojos azules y su sonrisa del noticiario Live at Five, Olivia ha estado avanzando al frente de la manada, o muy cerca de él, desde el inicio de esta temporada. Los demás candidatos la encuentran poco sincera y totalmente desagradable.

El ganador del comité político republicano de anoche fue Cruz, un senador de Texas. Con su énfasis en el evangelismo (“Primero”, comenzó Cruz su discurso de victoria, “toda gloria a Dios”) y sus suéteres azul marino, ha estado avanzando al frente de la manada o muy cerca de él desde, oh, al menos el 17º debate del Partido Republicano. Sin embargo, los otros candidatos lo encuentran poco sincero y totalmente desagradable.

En realidad, todos lo hacen. “Preferiría que cualquier otra persona fuera Presidente de Estados Unidos de Norteamérica”, declaró a The Daily Beast Craig Mazin, su compañero de habitación durante su primer año en Princeton. “Cualquiera. Preferiría elegir a alguien de la guía telefónica.”

A nadie le gusta Cruz… Excepto a todos los originarios de Iowa que votaron por él.

Olivia es el tema dominante de la conversación entre los concursantes de The Bachelor (¿así que quizás Olivia es la Donald Trump del programa?). Es egoísta, dicen. Manipuladora. No juega en equipo. Un semifallo, Emily, incluso la delató ante Ben como bravucona.

A Olivia no le importa. “No estoy aquí para hacer amigos”, dice la mujer que compite para ser la próxima novia loca de Ben. “Sí, soy agresiva, no voy a desaparecer en el fondo.” Olivia podría dejar la competencia mañana para convertirse en compañera de Ben y terminar no menos que en cuarto lugar en Nueva Hampshire.

Fue una noche extraña para los admiradores del Congreso de Estados Unidos y del congreso sexual. Marco Rubio, un senador junior de Florida que terminó en tercer lugar en el comité político de Iowa, actuó como si hubiera ganado. Emily, que ya ha sobrevivido al enfrentamiento cigótico al durar más tiempo que su gemela idéntica, Haley, en The Bachelor, se echó a llorar. Donald Trump, que alguna vez tuiteó, “’Nadie recuerda al que llega en segundo lugar’ – Walter Hagen”, terminó en segundo lugar.

Sin embargo, recordaremos a Trump, y debemos recordar esta noche, mientras una joven dama competía por esa rosa final y un hombre (o dama) mayor competían por una casa con un jardín de rosas.

Ya sea que sólo trates de superar a otras damas solteras por un tipo o que esperes obtener el trabajo más importante del mundo, no hay ninguna diferencia en dignidad en relación con el público estadounidense. Lo único que importa realmente es que tu búsqueda sea televisada. Después de todo, una rosa con cualquier otro nombre se sigue llamando Ted Cruz.