Saucillo–
Un
grupo de más de 50 normalistas del sur del país arribó ayer a las
instalaciones de la escuela Normal Rural “Ricardo Flores Magón”,
en apoyo a las exigencias y demandas de las alumnas de dicha
institución hacia el Gobierno del Estado.
Durante su trayecto
al municipio de Saucillo, el autobús de la empresa “Caminante”
en que se transportaban los jóvenes normalistas, entre ellos, del
estado de Michoacán; derribaron las plumas de las casetas de peaje
de Saucillo y Jiménez, daños que fueron reportados por las
autoridades estatales.
Después de casi
tres horas de reunión a puerta cerrada, a la que se impidió el
acceso a representantes de medios de comunicación, no se lograron
acuerdos concretos, por lo que las negociaciones se reanudarán hoy
al mediodía
IMPIDEN
ACCESO A LA PRENSA
La
cita es a las 12 horas. La escuela Normal Rural “Ricardo Flores
Magón” luce en calma aparente. Las estudiantes permanecen en los
patios, corredores, pasillos y entrada. Vigilan todo desde adentro.
No hay paso para nadie que no sea reconocido como miembro de su
equipo o de la comunidad estudiantil. Tampoco hay maestros, los
vecinos dicen que por la mañana fueron despedidos por las alumnas.
Adentro,
un grupo conformado por padres de familia y líderes de
organizaciones civiles portan cartulinas manifestando el apoyo a las
normalistas. Posan para la foto que toman los reporteros, pero no les
permiten el ingreso al edificio. Las estudiantes argumentan que tanto
el pliego petitorio como las negociaciones “no son públicos, es
algo que sólo nos concierne a nosotros”.
Pero
las manifestaciones y bloqueos ¿no son públicos, acaso? Preguntan
los reporteros. No hay respuesta.
Tres
estudiantes cruzan la reja para decir que “la gente de Educación
vino y se fue. No sabemos por qué, pero no podemos dar
declaraciones. Vamos a esperar”.
“El
contingente de gobierno está en el Oxxo”, dice alguien, mientras
todos siguen esperando.
A
las 12:30 arribó el Secretario de Educación, Ricardo Yáñez, quien
aseguró a los representantes de los medios de comunicación, que
“estamos en la mejor disposición de negociar”. Unas cuantas
preguntas y se dirige a la puerta, que otra vez se cierra para la
prensa. “Nadie que no sea autoridad puede pasar”, insisten las
alumnas, y la autoridad no dice nada, no hace nada a pesar de que la
invitación emergió desde allí. Algunos logran “colarse” a la
reunión, pero las jóvenes insisten en que “no habrá negociación
mientras haya reporteros presentes”. Logran su cometido.
La
parte oficial dice que insistirá para que haya acceso. La
estudiantil se niega. Gana la segunda. La prensa a la calle porque
hoy no se le necesita, quizá mañana cuando haya inconformidad.
Minutos
más tarde, dos estudiantes salen e intentan justificar la decisión;
insisten en que “no es público”. No hay más.
A
las 13:17 horas, un camión proveniente del sur del país, que según
datos recabados en el lugar y confirmado horas después por las
autoridades estatales, pasó casetas de peaje sin detenerse, arriba
al lugar y por un costado ingresa al edificio. “Caminante”, dice
el letrero en la parte trasera donde también se aprecia el número
económico 1063 y las placas 220-HZ-1. Cincuenta y un hombres jóvenes
descienden de él. Desde la entrada puede apreciarse su paso en fila
por la parte trasera del edificio.
Quince
minutos más tarde, esos mismos hombres ingresan a un salón ubicado
en el costado contrario por donde llegaron, mientras afuera un par de
patrullas de la Policía Municipal hacen un “rondín” para “ver
cómo andan las cosas”.
A
las 14:00 horas, elementos de la policía ministerial llegan y se
quedan de manera permanente en el lugar. “Solo vigilamos”,
aseguran. La calma es tensa. Los minutos pasan lento y la espera se
prolonga entre rumores que “dicen que ya viene otro camión con más
gente”.
De
última hora, algunas estudiantes llegan al plantel de última hora,
con mochila en mano y hasta colchonetas.
A
las 14:20 empleados de la escuela salen en grupo, “es la gente que
trabaja en el comedor, los sacaron para que no se enteren de nada”,
dice otro alguien. Las estudiantes asegurarán más tarde que fue la
directora del plantel quien pidió su salida.
A
las 14:25 una patrulla de Vialidad se une a los “rondines de
vigilancia”, así, como si todo fuera casualidad. La espera
desespera hasta los policías que terminan sentándose junto a los
reporteros. Vehículos van y vienen por la calle frente a la enorme
manta que reza “si no luchas al menos ten la decencia de respetar a
quien sí lo hace”.
A
las 14:55 la mesa de negociaciones se levanta y los involucrados
salen para informar que, luego de casi tres horas de reunión, “hubo
avances”, pero nada en concreto ni definitivo. Los padres defienden
a sus hijas y aseguran que “la lucha no es sólo por ellas, sino
por las que vienen atrás”.
Los
reporteros insisten en querer tomar fotografías de los espacios que
aseguran están inconclusos. Otra negativa. Los hombres del camión
permanecen en el salón. Metros adelante, en las instalaciones de la
Fiscalía, el número de elementos reunidos, va en aumento.