Se derrite en tu cabeza

PESE a la pasmosa celeridad del desarrollo
científico en el siglo XXI, muchos dispositivos biomédicos aún se basan en
tecnologías de la década de 1980. Por ejemplo, cuando recibe un paciente con
lesión cerebral, la primera consideración del cirujano es medir y controlar la
presión dentro del cráneo. Sin embargo, el equipo de monitoreo que se ha
utilizado desde hace tres décadas es estorboso y peligroso: en los cables de
los implantes electrónicos pueden desarrollarse bacterias que provocan
infecciones, y la cirugía para recuperar los dispositivos exponen al paciente a
complicaciones adicionales.

Dos investigadores, el Dr. Rory Murphy,
residente de neurocirugía de la Escuela de Medicina de la Universidad de
Washington, y John Rogers, profesor de ciencia e ingeniería de materiales en la
Universidad de Illinois, se dieron a la tarea de diseñar un monitor para el
siglo XXI: un sensor preciso que puede implantarse y no requiere de rescate
quirúrgico porque se disuelve sin riesgo dentro del cuerpo.

Sensor que se
implanta en el
cerebro. FOTO: J. ROGERS/UNIVERSITY OF ILLINOIS

A partir de materiales de alto rendimiento
—silicona y ácido poli(láctico-co-glicólico), un material biodegradable que se
encuentra en varios dispositivos aprobados por la Administración de Alimentos y
Medicamentos— construyeron un prototipo capaz de transmitir datos precisos vía
inalámbrica a un sistema externo, y disolverse en un baño de solución salina al
cabo de pocos días. Luego, el equipo probó el dispositivo en ratas de
laboratorio. Según Murphy y Rogers, la capacidad de medición del dispositivo
comparó favorablemente con los estándares clínicos actuales, y como estaba previsto,
el dispositivo fue absorbido por el cuerpo de los animales.

Ahora los investigadores pretenden probar
su invento en un paciente humano durante una cirugía de traumatismo cerebral.
Dicen que, más adelante, el dispositivo podría usarse en otros órganos durante
periodos de atención crítica. “Los dispositivos pueden adaptarse para medir
flujo de líquidos, movimiento, pH o características térmicas, en formatos
compatibles con el abdomen y las extremidades, y también en las partes más
profundas del cerebro”, escribieron los investigadores en un artículo reciente
de la revista Nature

PUBLICADO EN COOPERACIÓN CON NEWSWEEK / PUBLISHED IN COOPERATION WITH NEWSWEEK