“Nuestra frivolidad ha puesto a la poesía junto a la política”

SUPONGAMOS QUE LAS LENGUAS INDÍGENAS son un manglar en alguna costa del Caribe mexicano y que el artículo 230 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión es un buldózer queriendo arrancarla de un espacio —el radiofónico— que de manera natural le pertenece, según señala la misma Constitución mexicana tan pronto se lee su artículo 2.

Mardonio Carballo asiente con la cabeza. Comparte, así, la analogía que le planteo al inicio de nuestra charla, luego de dar el primer sorbo a la taza de americano que le ha preparado su hermana en el Café de Raíz, lugar de nuestra cita en la recién nacida “Ciudad de México”.

“Pensé que ibas a empezar más light, cabrón”, me dice el poeta, riendo. De inmediato cambia su expresión. Asegura que, tal como ocurre en Tajamar, el 230 de la Ley Telecom “es un atropello a los derechos humanos ante intereses de una clase política coludida con una ‘oligarquía mexicana’ que hace lo que quiere y demuestra que no estamos entendiendo la sana convivencia con el otro”.

El autor de Tlajpiajketl o la canción del maíz (Consejo Nacional de Fomento Educativo, 2015), un libro que describe a través de breves canciones cómo los niños indígenas son educados en las tareas colectivas desde pequeños, asegura que “el querer constreñir el habla de lenguas originarias a los espacios de uso social indígena es algo totalmente retrógrado, absurdo y oscurantista” que, afortunadamente, encontró un freno en la Suprema Corte de la mano del ministro Arturo Zaldívar, quien nos recordó que México es un país multilingüe.

Sin embargo, el multifacético Mardonio —poeta, periodista y actor, actividades que realiza en los idiomas náhuatl y español— deja ver que en esto hay algo terrible: “Estamos ante la frivolidad de una clase política y un desencuentro de la inteligencia en su parte más fundamental por parte de nuestros gobernantes, cuyo encargo es que administren bien, es decir, para todos”.

ESPECIAL

—¿Es un artículo que busca excluirlos o mantenerlos en el anonimato? —le cuestiono.

–Así es, su pensamiento es que allá en el cerro, allá en el monte, no hay problema, no hay prejuicios, sin embargo, ¿quién les dice que sólo estamos en la sierra? Hay radios indígenas en Chicago, Los Ángeles y, perdón, pero esas ciudades no son el rancho, donde la gente supone que es el hábitat de las lenguas originarias.

—¿Calificarías esta ley solamente como “ignorante” o ves algo más?

—Sí, y quiero pensar que sólo es ignorancia,
que no hay mala leche, quiero suponer
e insisto en la frivolidad, en la ignorancia,
superficialidad del aparato administrativo
del Estado mexicano. Me parece que del
presidente hacia abajo no viven en México, la
burbuja del poder los ha consumido y los ha
blindado para tener una comunicación directa
con la sociedad, la separación que tienen
con el pueblo es brutal.

Pone de ejemplo el escándalo que ha marcado
a la administración de Peña Nieto y que
valió también su salida de MVS junto al equipo
de Carmen Aristegui. 

“El asunto de la casa blanca se descubre
por frívolos: presumen una casa que a alguien
se le ocurre investigar y resulta que hay un
conflicto de interés con alguien que está retribuido
vía licitaciones y contratos millonarios”,
comenta el nacido en Chicontepec, Veracruz.

—¿Crees que este artículo tenga una “dedicatoria
especial” para Mardonio Carballo,
quizás el último sobreviviente en radio del
equipo de Aristegui? 

—Parece que sí —y antes de que pudiera
sonar arrogante, ataja—: No quiero sonar
petulante o soberbio, pero digamos que hay
matices y demos espacio a la suspicacia (…)
La realidad es que soy de los pocos que hemos
logrado romper el techo respecto a los
temas indígenas y las lenguas originarias en
los medios de comunicación para llevarlo a
un público de masas.

—La poesía en México, los poetas, ¿qué ocurre en estos tiempos con este tipo de reflexión y pensamiento?

—La poesía ahí está y nunca ha estado en donde nos dijeron que estaba, el asunto es que ahora los poetas también son frívolos, hemos llegado a un punto donde la poesía también esta divorciada de la sociedad, podría decirse que está junto a la política. Y prosigue: “La frivolidad lo ha corrompido todo, incluyendo a la poesía. La poesía está en la calle pero los poetas no, y si pensamos en cierta clase de poetas, también están —como los políticos— en su burbuja y me parece que puede ser que en algún momento podamos ser frívolos, pero no en este momento”.

—¿Cuál es este momento?

—Cuando nos están asesinando, cuando están matando estudiantes, cuando desaparecen y asesinan mujeres; no podemos ser frívolos y estar alejados de la sociedad. Y si estamos alejados de la realidad como poetas, como escritores, estamos perdidos. La poesía se pierde cuando no encuentra un asidero y un espejo para reflejar al otro. El arte es una fuerza bruta que te estrella a la realidad.

—¿Frivolidad enfocada a una indiferencia o a un lenguaje basado en el consumo?

—Asistimos a la narrativa de los 140 caracteres, todo se resuelve en cuántos likes, favs y retuits tienes (…) ser famoso a costa de lo que sea, muestra el culo, las nalgas, lo que sea. Fuimos entrenados para creer que podemos hacer todo desde nuestros teléfonos “inteligentes” —afirma Carballo con sarcasmo.

—¿En qué momento te diste cuenta de que eras un poeta, un artista?

–Algo que siempre quise ser es creador, desde niño quería bailar, pintar, hacer teatro (…) De pequeño escribía teatro sin saber qué era aquello y que se estudiaba para eso o que había gente que sí podía estudiar para eso. Yo vengo de un pueblo (Chicontepec, Veracruz) donde no había libros hace 42 años y a la fecha no hay libros. Empecé a escribir sin saber que esta era una parte importante de las artes.

—¿Qué pasó después? ¿Cómo llegaste a ser un poeta reconocido por tu labor?

– Me vine a la Ciudad de México e intenté
hacer un tipo de vida que debería ser
un derecho para todos y que no pude, es
decir, intenté estudiar. Tras el fracaso, me
involucré con un grupo teatral y el teatro
me devolvió a la escritura. “¿Por qué no
veo gente morena en papeles importantes
en el teatro o en el cine?”, me cuestionaba.
Entonces comencé a reescribir y a mezclar
las obras clásicas con lo indígena, que al final
es lo mismo, la separación es absurda
y racista, somos seres humanos, unos con
más ventajas que otros, unos más vilipendiados
que otros, pero nada más. El teatro
en ese azaroso andar creativo me devolvió a
la escritura.

FOTO: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS