Acusan abuso de los policías municipales

Una delgada camiseta y pantalones de mezclilla roídos de las rodillas son lo único que cubre a Willy del frío de la mañana, aunque eso no le preocupa tanto como la tos de Samantha, que le comenzó desde la madrugada.

Es una chiquilla de ojos grandes y vestidito rojo que, obediente, se mantiene sentada en la vía del tren mientras su padre pide monedas para seguir su camino a los Estados Unidos.

La neblina apenas se comienza a disipar y él, con una sonrisa y brincando sobre un pie, trata de hacer gracias para ganar la consideración de los automovilistas en el crucero de Bojay que comparte con otros cuatro migrantes procedentes de Honduras.

Recelosos, se cuidan la espalda, luego del susto de antenoche al ser asaltados por una camioneta azul con letreros que decían Policía Municipal, sin otro detalle más.

“Nos tiraron al piso sobre la vía, los chin… cortaron cartucho en nuestras orejas y nos bolsearon”, se llevaron monedas, credenciales, recuerditos, medallitas de oro y demás.

El grito enérgico de Willy para que no lastimaran a su hija de tres años fue motivo para escuchar la amenaza: “no te pongas pendejo, porque te la quitamos y termina en el DIF, a ver qué haces”.

Sometidos y espantados por el corte de cartucho, hicieron todo lo que les pidieron, menos guardar silencio.

Eran cuatro, tres de ellos regordetes y un flaco que daba órdenes. La camioneta de policía no tenía identificación de a qué municipio pertenecía.
Ya por la mañana se quejaron con agentes de la Policía Estatal, según decía la camioneta, y éstos sólo le dijeron que como estaban de forma ilegal en el país, que se quedaran callados, “antes no los mataron, den gracias”, nos dijeron.

Willy es originario de El Progreso, allá en Honduras, en un caserío asentado a la orilla del río Ulúa, donde vivía de la pesca y los jornales agrícolas.
Ya en confianza, muestra su preocupación por su esposa Sula, a quien vio la última vez hace dos semanas en una estación de Veracruz. “Levantó una camiseta llorando, se cayó y no alcanzó La Bestia”. Ellos, Samantha y Willy iban colgados de la escalerilla.

Aunque paisanos de ellos le dijeron que ya va adelantada y que lo espera en Guanajuato sobre la misma vía. La chiquilla levanta las manos y le avisa que viene el tren a sus espaldas.

Fueron más de 920 los inmigrantes centroamericanos detenidos en Hidalgo durante 2015, según cifras preliminares del INM, quienes son repatriados luego de ser enviados a las oficinas centrales en la Ciudad de México.

Viajan a bordo del tren de Ferrosur procedente del sur del país, con dirección a la Ciudad de México.

En la estación de Irolo, en Tepeapulco, es donde se realiza el mayor número de detenciones de los más de mil inmigrantes que llegan a cruzar por Hidalgo.