La nueva arruga de la tecnología

La industria de la tecnología necesita dejar de ser tan zoquete con la tecnología para gente vieja.

En la última década, la industria ha estado más que enfocada en transformar la vida y el trabajo de un segmento disparado del mercado, o sea, la gente de veinticinco años con dinero. Rutinariamente ha evitado, subestimado o mantenido ignorante sobre el otro segmento disparado del mercado, los viejos y los familiares que se hacen cargo de ellos.

Esto es personal. Como muchas personas nacidas entre 1946 y 1965, tengo padres que en verdad podrían usar maneras nuevas de lidiar con cosas como la pérdida de memoria, inmovilidad, círculos sociales reducidos, hastío y, por supuesto, mayores necesidades de cuidado sanitario. He buscado productos y servicios que serían realmente útiles y hechos para ellos, no hechos para la multitud que vive acelerada, pegada al teléfono inteligente y a Snapchat. Estoy frustrado con lo poco que puedo hallar.

Muchos indicadores sugieren que tampoco aparecerán muchas cosas al corto plazo. El monstruoso Show de Electrónicos de Consumo recientemente concluyó. Al deambular por el evento uno podía hallar el sartén conectado SmartyPans (¡te dirá qué estás cocinando! ¡Yupi!). O el monitor de pañal Digi-Sense (informa sobre las flatulencias de tu bebé, en serio). Pero te las pasarás duras para hallar algo construido para adultos mayores. “Fue patético”, dice Laurie Orlov, una defensora del cuidado a los ancianos que monitoreó el SEC para su blog Aging in Place Technology Watch.

O checa la lista de unicornios tecnológicos, las 144 compañías tan llenas de financiamiento privado que cada una vale más de 1000 millones de dólares. Ni una está enfocada en lo que se ha llamado “tecnología envejecida”. No es un negocio que haga salivar a los inversionistas de riesgo: “[Los capitalistas de riesgo] están demasiado ocupados invirtiendo en Uber y cosas que se vuelven virales”, dice Ashfaq Munshi, un exejecutivo en jefe de tecnología para Yahoo y científico de IBM Research, quien, a sus 54 años, se ha interesado en la tecnología envejecida. “La realidad es que venderles a los ancianos es difícil, y si los capitalistas de riesgo detectan resistencia, no invierten”.

La edad de los empresarios en tecnología no ayuda. La información recopilada por Harvard Business Review puso la edad promedio de un fundador de compañía tecnológica en 31 años, y la mayoría está entre 20 y 34 años. A los empresarios se les dice que la mejor manera de iniciar una compañía es resolver un problema que entiendan. Tiene sentido que esos problemas vayan desde cómo lograr que te entreguen alcohol las veinticuatro horas toda la semana hasta cómo construir un sistema empresarial de recursos humanos basada en la nube, los problemas tangibles en la vida y el trabajo de alguien con 25 a 30 años de edad. Pero para ellos, las dificultades de los ancianos son demasiado distantes, cosas de abuelos que probablemente viven lejos de Palo Alto.

No es que nada se haya hecho. El viejo dispositivo “Me caí y no puedo levantarme” ha florecido en toda una multitud de aparatos portátiles para llamados de emergencia. Seth Sternberg, un empresario inteligente —y viejo— que vendió una compañía a Google por 100 millones de dólares, ha recabado 20 millones de dólares para iniciar Honor, un servicio en la nube que coordina el cuidado para una persona vieja. Pero puede contar los desarrollos que en verdad importan con un par de manos, si descuenta los productos que rayan en lo ridículo como SingFit. Como si alguien fuera a convencer a mi padrastro de que cante a voz en cuello “Let Me Call You Sweetheart” como una manera de mejorar su cerebro.

Pero por lo menos un cuadro creciente de gente como Munshi ve que es hora de moverse ante la oportunidad de la tecnología envejecida. Tecnologías como la inteligencia artificial y la realidad virtual empiezan a hacerse lo bastante buenas para transformar la experiencia del envejecimiento.

Munshi está empezando a trabajar en un dispositivo de escucha hogareño que sería el descendiente de un Amazon Echo o Apple Siri. Usará el aprendizaje de máquina para ser capaz de entender palabras dichas y ponerlas en contexto. Para una persona vieja, el dispositivo le evitaría la necesidad de navegar por un teléfono inteligente o sitio en la red, una imposibilidad para alguien con alzhéimer o demencia. Sólo di: “Quiero hablar con mi hijo”, y podría abrir un chat de video en la pantalla de TV. Alguien con pérdida de memoria podría no recordar a dónde fue su esposa o cuánto tardará en regresar. Haz la pregunta, y el sistema podría responder. Con sólo escuchar la manera en que habla una persona y compararla con conversaciones pasadas, el sistema podría identificar problemas como una apoplejía leve o un empeoramiento en la pérdida de memoria. “Está dentro de nuestro alcance resolver ese tipo de problemas”, dice Munshi.

Las posibilidades se expanden a partir de allí. Los lentes de realidad virtual en la próxima década se harán más pequeños, más simples y mucho mejores, a un punto en que un anciano aislado podría visitar más naturalmente a su familia, o sociabilizar con contemporáneos, sin moverse del sofá.

Combine tecnología como Hearbuds con GPS y tecnología de reconocimiento facial, y los ancianos podrían tener recordatorios en sus oídos de dónde están y con quién hablan.

Los autos sin chofer podrían ser un salto gigantesco para los ancianos. Hoy, dejar de manejar es ceder la libertad de salir a almorzar o visitar a un amigo en cualquier momento. Esa limitación termina con los autos sin chofer. Usted podría tener cien años, estar casi ciego y tener los reflejos de una tortuga de las Galápagos, pero podría silbarle a su auto de Google y decirle que lo lleve al tugurio más cercano.

Los portátiles podrían enfocarse más en la gente con riesgo de caerse en vez de quienes quieren registrar qué tan lejos corren, y podrían alertar a los familiares de cambios en el paso y monitorear otros signos vitales en busca de problemas.

En el frente del cuidado sanitario, el gran avance podría ser la visita virtual del médico, eliminando la dificultad de ir a una clínica o consultorio. Los dispositivos serían capaces de leer cualquier signo vital que necesite el médico, y un video HD puede permitirle al médico ver cualquier cosa. Tales dispositivos ya están apareciendo. Necesitan ser mejorados y adaptados para los ancianos con poco conocimiento tecnológico.

Junte estos desarrollos, y es posible hacer que el envejecimiento sea radicalmente diferente dentro de una década, tan diferente como es ser joven en 2016 en comparación con ser joven en el oscurantismo de 2006, antes del iPhone. Imagínate existir como adolescente cuando todo lo que se podía hacer en un teléfono era enviar mensajes de texto.

Mientras tanto, oremos todos para que Digi-Sense nunca se expanda al mercado de los pañales para adultos. Hay cosas sobre nuestros padres que no necesitamos saber.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek