“A mí Disney sí me hizo mucho daño”: Andrés Suárez

Originario de Galicia, Andrés Suárez es un clásico ejemplo de los que son músicos por nacimiento. De ninguna manera es una superestrella y seguramente nunca le interesó serlo; es un cantautor español quien, inspirado por la vieja escuela de Serrat y de Sabina, deja que la música y la letra fluyan de manera natural, logrando una suerte de trova rejuvenecida, si bien con trazos más de pop. Comenzó su carrera a los 14 años, y ahora, con 32, tiene una audiencia incondicional que ha crecido con él y pareciera que lo siguen hasta la muerte. Ahora toca el turno de México.

Aunque ya se ha presentado antes en el Lunario, admite que esta ocasión, en que tocará frente al público del Auditorio Nacional, el encuentro es una culminación en su carrera. “Es alucinante”, asegura en entrevista con Newsweek en Español

Por alucinante se refiere al trayecto, pues hace poco más de cuatro años se presentó en el café Libertad 8 de Madrid y ahí fue observado por dueños de Paruno —una empresa de calzado original de León, Guanajuato—; al terminar el concierto, estas personas lo buscaron y le dijeron que algún día lo llevarían a México y así fue. “Nada tenían que ver con la música”, dice Suárez, “y no me lo creí porque por las noches, en lo bares no se cuentan muchas verdades”.

A Andrés Suárez le sorprende sobre todo, y como a muchos, el cariño y la pasión desbordada del público mexicano. “Tal vez sea cierto que son más hospitalarios y calurosos que la gente en mi tierra, porque en cuatro años me tratan como en casa. Es surrealista”, expresa.

–¿Qué diferencias encuentras, en tu nicho musical, entre España y México?

–Aquí miran ustedes con muchísimo fervor, con una mirada sostenida y un aplauso muy entusiasta. La trova suena distinto aquí que en España; uno llega al DF y le empiezan a hablar de Sabina, de Serrat, de Aute, de Víctor de Manuel con un respeto superior. Y eso te da qué pensar… algo estamos haciendo mal nosotros o muy bien ustedes. La canción de autor aquí tiene otra connotación, un respeto y un espacio mayor.

ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS

–¿Tu último disco, Mi pequeña historia, es el que te produce más orgullo como cantautor?

–Cada disco que saque tiene que ser mejor que el anterior. Yo no puedo sacar un disco de relleno. Eso es tirar tu carrera a la basura. Cuando saqué Moraima pensé que era mucho mejor que el anterior, Cuando vuelva la marea. En este disco tardé mucho, y fui muy criticado por tardar tanto, pero estaba preparando un terreno y un trabajo. Puede gustar o no, pero soy yo el que tiene que creer que es mejor. Si hago un disco sin cuidado y con prisas en diez años me avergonzaré.

–¿Tienes algún proceso para componer?

–Las musas habelas, hainas. Existen sin ninguna duda. Yo puedo estar seis meses sin escribir dos frases; te hablo de verdad, de que te caen las lágrimas y dices “¡he perdido la capacidad de la canción!”. Y luego vuelves una noche al hotel, cansado, y haces dos discos. Eso es así, yo creo que las canciones vienen cuando les da la gana. Más o menos sé ver cuando viene esa inspiración, empiezas a tener ganas de escribir e ideas, y ahí es cuando hago los discos. La naturaleza de la composición es libre.

–¿El último concierto al que fuiste?

–Glen Hansard. Acabo de llegar de Dublín, fui específicamente a un concierto de Navidad, en un local donde él empezó. Es el tío al que más admiro en la música. Y estuve tres horas y media, con los abrigos en el brazo, ni pedí una cerveza, en estado de shock mirándolo.

–¿La última vez que lloraste?

–Uy, yo soy muy llorón. A mí Disney sí me hizo mucho daño. Hace no mucho me emocioné recordando un viaje muy hermoso que tuve en Argentina: hay una canción de Sabina que habla del rastro de San Telmo, “iba cada domingo, a tu puesto del rastro a comprarte…”, y me sentí un tanto identificado. ¡Ya quisiera yo escribir como Sabina! Pero me sirvió y me emocionó el recuerdo argentino.

ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS