Ayer recordaron el nacimiento de uno de los más notables escritores hidalguenses, bajo el título Ricardo Garibay, un lector apasionado, y se realizó la charla en la Biblioteca Central del Estado de Hidalgo.
Ahí, Laennek Pascoe Moreno señaló sobre el autor en el sentido de que no sólo fue uno de escritores mexicanos más prolíficos del siglo XX, sino también un lector a quien le gustaba escribir sobre lo que leía. “Por eso mismo deseamos hablar de su relación vital con los libros, como lector, y así entender cómo se construye un lector crítico, omnívoro y maduro”.
Con esta actividad, el gobierno del estado,mediante las instancias culturales pretende enaltecer a sus creadores más destacados, tanto para que las nuevas generaciones conozcan la vida y obra de estos creadores literrios como para rendirles un homenaje.
Ricardo Garibay nació el 18 de enero de 1923 en Tulancingo, Hidalgo. Cursó estudios de Derecho y Letras. Es considerado uno de los más prolíficos escritores de la mitad del siglo pasado.
Además, fue poeta, periodista, cronista, cuentista, novelista, dramaturgo y guionista de cine.
Garibay supo mediar entre el relato preciso de la realidad y el vuelo magnífico de la imaginación. En su obra se aprecia gran agudeza para captar y reproducir las hablas de los diversos estratos sociales mexicanos.
Entre las preocupaciones más destacables del hidalguense están las relaciones que se dan entre los hombres y las mujeres, las pasiones, el amor y el desamor, los conflictos sociales, la corrupción política y el devenir histórico del México moderno.
Garibay escribía por impulsos emotivos y tenía un oficio literario que ejercía de manera asídua. Durante su fecunda trayectoria literaria escribió más de 60 libros de cuento, obras teatrales, crónicas, memorias, ensayos, reportajes y novelas de renombre. Como cuentista publicó, entre otros: La nueva amante (1946), Cuaderno (1950), Cuentos (1952), El gobierno del cuerpo (1977) y El humito del tren y el humito dormido (1985).
Entre sus novelas más importantes se encuentran Beber un cáliz (1965), Verde Maira (1977), Par de reyes (1983), Taib (1989), Triste domingo (1991) y La casa que arde de noche (1971), con la que obtuvo en 1975 el Premio al Mejor Libro Extranjero publicado en Francia. Su crónica-reportaje Las glorias del gran Púas (1978) es un clásico de su género.
Desarrolló su labor periodística principalmente en el periódico Excélsior, la revista Proceso, y en diferentes programas de radio y televisión, donde su estilo inconfundible llenó toda una etapa.
Como complemento a su creación narrativa, escribió guiones para cine (Lo que es del César, El Milusos y El Púas), obras de teatro (Mujeres en un acto, Lindas maestras) y ensayos políticos, en un lenguaje múltiple que le caracterizaba, y le llevó a ser uno de los pilares de la literatura nacional.