Judy Price había paseado a su perro en una cresta del Río
Bravo la noche en que su propia arma le disparó. Fue dos días antes del Día de
Acción de Gracias de 2009, y cuando ella y su samoyedo paseaban por su
vecindario de Albuquerque, Nuevo México, ella portaba su pistola semiautomática
en una pistolera sujetada a su barriga. Price, quien tiene una licencia para
portar armas ocultas, la había comprado para su protección y también la llevaba
en las patrullas de seguridad de la iglesia.
Cuando llegó a su casa, Price entró a su recámara y empezó
a desvestirse. Mientras se quitaba la sudadera por la cabeza, esta se prendió a
su pistolera de velcro, la arrancó de la correa, y el arma cayó al piso. Price
vio una flama parpadear en la boca, y su marido oyó el estallido agudo de un
disparo. Luego, Price se asombró por la muesca que la bala caliente dejó en sus
pants verde menta mientras viajó hasta su estómago, desgarró los órganos
internos a lo largo del lado derecho de su cuerpo y se alojó en su hígado,
donde se halla todavía hoy.
No se supone que las armas modernas se disparen cuando
caen al suelo, y Price dice que su pistola Taurus PT 140, hecha por uno de los
más grandes fabricantes de armas del mundo, estaba defectuosa. Ella demandó a
Forjas Taurus, domiciliada en Brasil, así como a su subsidiaria en Estados Unidos,
en 2010 y llegó a un acuerdo fuera de la Corte al año siguiente. “Tienen un
problema serio”, recuerda Price que les dijo a dos representantes de la
compañía. “Necesitan hacer una retirada y lidiar con este problema, porque la
próxima persona podría morir”.
Ella dice que uno de los representantes respondió: “Sra.
Price, Taurus no tiene intención de hacer una retirada”.
Price no fue la única persona que afirmó haber sido herida
por un arma defectuosa de Taurus. La compañía ha llegado a acuerdos con otras
supuestas víctimas y ahora enfrenta demandas individuales adicionales, así como
la aprobación pendiente de un acuerdo en una demanda colectiva. Un portavoz de
Taurus se negó a comentar.
Esa “falta de respuesta” es adecuada porque los
fabricantes de armas no tienen que responder por productos potencialmente
defectuosos vendidos en Estados Unidos a la manera en que lo hacen otras
industrias. El Congreso ha adoptado consistentemente posiciones defendidas por
el cabildeo de armas y la Asociación Nacional del Rifle (NRA), redactando
disposiciones especiales que de hecho exentan las armas de fuego de la
regulación de las agencias de protección al consumidor. Con las armas de fuego
potencialmente defectuosas —al contrario de prácticamente cualquier otro producto
vendido en Estados Unidos, desde tostadores hasta autos y dispositivos médicos—
el gobierno federal no tiene autoridad para obligar una retirada. Ninguna
agencia tiene la tarea de asegurar que las aproximadamente 300 millones de
armas en posesión de los estadounidenses siquiera funcionen con seguridad. Si
los fabricantes de armas eligen retirar un arma de fuego, es enteramente a su
discreción, y ni siquiera hay un protocolo obligatorio para alertar a los
propietarios.
A mediados de diciembre, el Centro de Política contra la
Violencia listó más de cuarenta alertas de seguridad y avisos de retirada de trece
fabricantes de armas, incluidos Winchester Repeating Arms, Smith & Wesson y
Sturm, Ruger & Co. Los expertos no pueden precisar el número exacto de
muertes y heridas de armas de fuego defectuosas porque no hay un registro
nacional de dicha información.
Price se sometió a doce cirugías en los tres años
posteriores a su disparo en las vísceras, y todavía puede sentir la punzada de
la malla médica que mantiene sus órganos en su lugar. Sin embargo, sólo ahora
Taurus está tomando acciones para sacar sus armas supuestamente defectuosas de
los hogares de la gente, como parte de una concesión legal histórica. En julio,
Taurus aceptó un marco de retirada de casi un millón de armas para arreglar una
demanda colectiva presentada por Chris Carter, oficial de policía de Iowa,
quien acusa que varios modelos de pistolas Taurus tienen fallas de diseño
inherentes que las hacen dispararse accidentalmente a veces cuando se caen. El
acuerdo pendiente cubre nueve modelos de Taurus, incluido el PT 140 que Price
solía portar. Los abogados de las supuestas víctimas dicen que desde 2005 por
lo menos trece personas han resultado heridas en incidentes similares que
involucran pistolas Taurus. Una persona, un niño de once años, murió.
El acuerdo pendiente espera la aprobación de un juez,
programada para este mes. Si la Corte lo suscribe, los dueños de pistolas
pueden regresarlas a Taurus y recibir ya sea un reembolso en efectivo o un arma
nueva que tenga una seguridad de gatillo mejorada, dicen los abogados. Taurus
todavía niega que sus armas tengan defectos.
La demanda de Carter propició uno de sólo dos acuerdos por
demandas colectivas en los que un fabricante ha accedido a una retirada. En el
otro, Remington Arms dijo que arreglaría más de siete millones de armas,
después de docenas de demandas personales por heridas desde 1990.
En la demanda de Carter, los abogados de los demandantes
comisionaron aproximadamente quinientas horas de pruebas, y los expertos usaron
cámaras de alta velocidad para capturar los efectos de dejar caer armas de
Taurus. Ese metraje reveló que, “al impacto, el gatillo se movía hacia atrás en
la guarda del gatillo, como si alguien lo jalara”, según David Selby, un
abogado de Carter.
Un gran reto es convencer a los dueños de armas de que las
demandas por defectos no son “contra las armas”. “Nosotros decimos: ‘Miren,
estos casos no tienen que ver con el derecho de un individuo a tener y portar
armas’”, dice el abogado Todd Wheeles, un dueño de armas y exagente del Buró de
Investigaciones de Alabama, quien representó a Price y ahora representa a
Carter. “Este es un caso de producto defectuoso, punto. Llevaríamos este caso
si fuera una licuadora o cualquier otro aparato que estuviera hiriendo o
matando gente”.
Su disparo accidental convirtió a Price en una cruzada
inverosímil. Ha entregado panfletos en exhibiciones de armas mostrando la gran
cavidad en su estómago por la cirugía, su abdomen abultado por la ausencia de
músculos. Ella publicó en línea una reconstrucción en video del incidente,
llena de imágenes explícitas de su recuperación dolorosa. La bala en su hígado
detenida a muy poco de su columna vertebral.
“Siento enfáticamente que el accidente no debió haber sucedido”,
dice Price. “Sólo no quise que esas cosas le pasen a otra familia”.
Los Price poseen alrededor de veinte armas, y Judy
continúa portando una pistola, sólo que no una Taurus. Su ira con la compañía
no ha cambiado su creencia de que la gente debería ser capaz de portar armas.
Portar una la hace sentir “más empoderada, que no tengo que ser una víctima”. A
ella no le molesta añadir que, cuando un arma cae al suelo, ello no debería
convertirte en víctima.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek