En la ciudad alemana de Mosbach, Somar Kreker,
un refugiado sirio de 27 años, finalmente ha encontrado un lugar al que puede
llamar casa. En octubre, Kreker, sus dos hermanas y sus dos primos hicieron el arriesgado
viaje a Europa, tardando un mes y medio en llegar a Alemania desde su punto de
partida en Estambul. Kreker llegó a la ciudad turca proveniente de Jordania; su
familia viajó desde su pueblo cerca la capital siria de Damasco.
Su viaje los llevó de Turquía a Grecia,
Macedonia, Serbia, Croacia, Eslovenia, Austria y finalmente Alemania. Viajaron
en tren, en autobús y a pie, a través del calor y del frío, recibiendo comida de
organizaciones de ayuda y enfrentando la hostilidad de algunos de los cuerpos
de policía con los que se encontraron en los Balcanes.
Kreker y su familia se encuentran entre
los más de un millón de refugiados que viajaron a Europa en 2015. Huyeron de la
guerra y de las privaciones económicas en países de toda África y el Medio
Oriente, con la esperanza de encontrar seguridad. Mientras que estos nuevos
europeos se establecen, las comunidades de todo el continente se adaptan a los
recién llegados, a veces con felicidad, a veces con suspicacia y resentimiento.
El fotógrafo italiano Alessio Mamo acompañó
a Kreker, sus hermanas y sus primos durante gran parte de su odisea,
documentando el viaje a Europa que cientos de miles de refugiados sirios han
hecho desde que comenzó la guerra civil en ese país en 2011. (Algunas de las
fotografías de Mamo pueden verse en estas páginas.) El fotógrafo conoció a
Kreker en agosto de 2015 en un campamento de refugiados de Jordania. Fue ahí,
el mes siguiente, donde Kreker recibió la llamada de sus hermanas, que todavía estaban
en Siria, pidiéndole que las llevara a Europa.
Mientras cruzaban una frontera tras otra,
los miembros de la familia temían constantemente ser detenidos y aun así, su ánimo
se mantuvo en alto conforme se abrían paso hacia Europa. “Pensé, bueno, lo
logramos, hemos llegado”, dice Kreker por teléfono desde Alemania, al
hablar sobre el momento en que el bote en el que viajaban tocó la costa griega.
Siendo el mayor del grupo, se convirtió en su líder de facto, decidido a llegar
a la casa de su hermano Mousab en Schwäbisch Gmünd, en el sur de Alemania.
Miles de kilómetros después, Kreker, sus
hermanas y sus primos terminaron su odisea. Todos estaban exhaustos. El
reencuentro de los hermanos fue muy emotivo: Kreker no había visto a su hermano
desde que Mousab salió de Siria un año antes. El arroz con pollo que Mousab
cocinó para los hambrientos viajeros fue, al mismo tiempo, un sabor de casa y
un recordatorio de todo lo que habían dejado atrás.
Kreker, sus hermanas y sus primos viven ahora
en Mosbach, que está a unos 60 km de Heidelberg en el suroeste de Alemania. Al
igual que muchos refugiados, ellos están en el limbo, esperando sus papeles de
residencia y sin poder trabajar o estudiar hasta que lleguen los permisos. “Extraño
a mi madre y a mi padre en Siria”, dice Kreker. “Hay poco que hacer
aquí, pero tenemos agua caliente, tenemos electricidad, y estamos seguros.”
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Publicado en cooperación con Newsweek //
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