¿Los Cristianos y los Musulmánes veneran al mismo dios?

La pregunta surgió cuando la Universidad
de Wheaton, del área de Chicago, una de las escuelas más prestigiosas del
evangelismo, suspendió a una profesora por declarar que la deidad cristiana y
la islámica son la misma. Sus comentarios se produjeron mientras ella vestía públicamente
un pañuelo islámico, o hijab, durante la época cristiana del adviento, en
solidaridad con los musulmanes estadounidenses.

Evidentemente, la profesora, al igual que
muchos otros cristianos estadounidenses desde el 9/11, entre ellos, el
presidente George W. Bush, sienten que una mejor relación entre cristianos e
islámicos se facilita al afirmar una fe común.

El propósito es bueno, pero el esfuerzo
tal vez podría ser superfluo y fuera de lugar. También podría reflejar en parte
una incapacidad del evangelismo estadounidense de expresar una teología pública
más allá de los argumentos de fe propios de la iglesia.

El catolicismo podría ofrecer consejos
útiles, particularmente la declaración Dignitatis Humanae, del Papa Paulo VI,
emitida en 1965, en la que se declara la libertad religiosa para todas las
personas. En este importante documento no se obliga a encontrar elementos teológicos
comunes entre todas las religiones, sino que se centra en la dignidad humana de
todas las personas, enraizada en su creación como imágenes de Dios. El
Evangelio es para todas las personas, pero su recepción es una elección dada
por Dios. Personas de todas las fes y sin ella, mantienen su igualdad y
dignidad, que debe ser respetada por todas las sociedades.

Los evangélicos, aunque se enfocan de modo
comprensible en la Biblia, siendo un movimiento estadounidense principalmente
moderno no siempre aprovechan los amplios recursos morales de la tradición
cristiana. La Universidad de Wheaton ratificó, en una declaración reciente, la
libertad religiosa para los musulmanes citando la Constitución estadounidense. Pero
la mayor parte de la humanidad no vive bajo esa Constitución. Toda la humanidad
merece la libertad religiosa por las razones universales explicadas en
Dignitatis Humanae.

Si la catedrática suspendida de Wheaton,
en lugar de mencionar los argumentos evangélicos modernos al insistir en que
los cristianos y los musulmanes comparten a la misma deidad, hubiera mencionado
a todas las personas como hechas a imagen y semejanza de Dios, habría evitado
la controversia en forma considerable. Ella fue aún más lejos, usando el
lenguaje musulmán tradicional, diciendo que “se mantiene en solidaridad”
con los musulmanes no porque sean estadounidenses, sino porque, al igual que ella,
forman parte del “pueblo del libro”, es decir, de las tradiciones
abrahámicas.

En la búsqueda de elementos comunes en el ámbito
espiritual, la catedrática mencionó una explicación musulmana histórica de la
razón por la que los monoteístas como los cristianos y los judíos son tolerados
bajo la subordinación política islámica, mientras que las personas percibidas
como paganas no lo son.

La enseñanza no es sólo histórica. La
secta Yazidi de Irak, considerada como idólatra por ISIS, es, por esa razón, un
blanco para el genocidio. En teoría, los cristianos bajo el gobierno islamista
deben ser tolerados mediante el pago de un impuesto especial, pero ISIS no actúa
ni siquiera bajo las restricciones de la dura teología islamista.

En su búsqueda de la armonía fraternal
entre cristianos y musulmanes, la catedrática usó inadvertidamente un lenguaje
que históricamente ha negado no sólo los derechos, sino incluso la existencia
de pueblos que no son “de libro”. Su comentario deja entrever, sin duda de
manera no intencionada, que siente una solidaridad menor o nula con los pueblos
que no son “del libro”, como los hindúes, los budistas, los sintoístas y cerca
de la mitad del mundo.

De nueva cuenta, hacer hincapié en el
lenguaje de la dignidad universal dada por Dios y arraigada en la creación le
habría ahorrado una parte de este percance. (Ella mencionó brevemente la
“dignidad humana” sin mencionar su fuente divina.)

Posiblemente, el hecho de que la catedrática
llevará un hijab, cuya intención era mostrar su solidaridad con los musulmanes,
también incluyó otros mensajes involuntarios. No todas las mujeres del mundo quieren
llevar pañuelos o, en algunas culturas estrictas, burqas y velos. Pero con
frecuencia, no tienen otra opción y, en algunas sociedades, son castigadas por
rebeldía.

En algunos lugares de mayoría musulmana,
las mujeres no musulmanas también están obligadas a llevar la cabeza cubierta
para no arriesgarse a sufrir desprecio o incluso violencia. Algunas mujeres
musulmanas muy independientes en Occidente llevan orgullosamente el hijab como
un emblema de su fe. Pero para otras, éste simboliza la desigualdad de las
mujeres.

Los evangélicos, e indudablemente muchos
otros cristianos y estadounidenses, necesitan formas más sofisticadas de
ratificar la igualdad y la dignidad para todas las personas sin recurrir a
historias dudosas o a presentar las diferencias religiosas como conflictos
necesariamente políticos y sociales.

La tradición moral cristiana a lo largo de
los siglos, que no ha carecido de sus propios conflictos, ha desarrollado
formas de ratificar el pluralismo en la sociedad sin forzar un acuerdo teológico
para los grupos religiosos. Los fundadores de Estados Unidos aprovecharon este
legado al crear nuestra propia forma característica de religión civil que
permite que las diferentes fes con integridad contribuyan a la democracia
estadounidense.

Thomas Jefferson, una especie de anglicano
unitario, expresó parte de la comprensión estadounidense con respecto a la
libertad religiosa cuando dijo, “Los poderes legítimos del gobierno se
extienden hasta tales actos solamente en tanto sean perjudiciales para los demás.
Pero no me perjudica que mi vecino diga que hay veinte dioses, o ningún dios. Ni
me roba de mi bolsillo ni me rompe una pierna.”

Otros fundadores hicieron hincapié en que
la democracia necesitaba personas religiosas, con una gran moralidad, para
perseverar. Pero en general, todos estuvieron de acuerdo en que ni el estado ni
la sociedad deben actuar de manera coercitiva con base en la religión y que debían
proteger su libre práctica

La Universidad de Wheaton, al igual que
cualquier institución religiosa, es por supuesto libre de defender sus
doctrinas evangélicas y contratar a su profesorado de acuerdo con este
principio. Lo mismo vale para las escuelas musulmanas. Proteger los derechos y
la dignidad de todos en una sociedad libre, legal y decente no requiere tener
un acuerdo obligatorio sobre la deidad correcta o el libro correcto.

Pero sí necesita una apreciación de la
dignidad humana intrínseca que, aunque se ha desarrollado en la enseñanza cristiana,
tiene una aplicación universal para la paz y la armonía de todas las sociedades
que la aprenden y la atienden.

Mark Tooley es presidente del
Instituto de religión y democracia y editor deProvidence: A Journal of Christianity y
American Foreign Policy.