El talentoso y precoz programador que reclutó Microsoft

A LOS DIECIOCHO AÑOS, cuando ingresó a estudiar sistemas computacionales en el Tec de Monterrey, Alfredo Altamirano había desarrollado programas para cinco videojuegos. Era como si un recién ingresado en Medicina ya hubiera practicado autopsias. Así que era un veterano y en ello repararon inmediatamente los cazatalentos de Microsoft.

“Entrando en la carrera me hablaron del internship, aun cuando eso es para alumnos de primero y segundo año. Y generalmente de los alumnos que hacen solicitud se van dos o tres por año pero, en este caso, a diferencia de ellos, yo ya tenía experiencia, así que les llevaba ventaja”, dice.
Alfredo tiene veintiún años y desde los doce desarrolló el primero de los juegos. “En realidad se trató de algo muy simple, con herramientas más que con programación, pero ya en la prepa me puse a buscar tutoriales de programación y fui aprendiendo poco a poco”, confía. “Todo lo aprendí a base de tutoriales por internet”.

Con tal bagaje, no pensaba, sin embargo, en tomar una carrera como ingeniero. Aquello lo veía más como hobby, una manera de divertirse frente a la computadora. La pantalla en vez del balón.

Pese a ello, al pisar las instalaciones de Microsoft fue presa de los nervios.
A los dieciocho años Alfredo había desarrollado programas para cinco videojuegos. FOTO: ESPECIAL
“No sabía qué esperar. Sabía que era una gran oportunidad, pero era muy poca la gente a la que habían escogido. Al final pensé en que no tenía nada que perder”.

En el otoño de 2012, cuando voló a Seattle, Alfredo era el más joven de los convocados. Pasó por una tanda de tres entrevistas, 45 minutos para cada una de ellas, y al día siguiente tomó el vuelo de regreso a Monterrey, a las tres de la mañana. Tocando pista, recibió la llamada en la que le notificaron que estaba dentro.

“En las entrevistas básicamente debes explicar cómo llevar el proceso para resolver un problema, hablar con el reclutador, entender lo que quieren de ti”, dice ahora sin nervio alguno. “Evalúan tu razonamiento. Por ejemplo, si tienes millones de archivos de canciones y te dan un pedacito de canción, cómo puedes lograr que ese pedacito enlace con una siguiente del mismo género al que pertenece”.

Alfredo lo resuelve fácil.

“Lo que más se utiliza es la lógica y la creatividad”, explica. “Si ves un tutorial y aprendes rápido, ayuda mucho para este tipo de trabajo. Lo que ayuda es la capacidad de aprender rápidamente cosas nuevas”.

Si bien impresionó con su currículum siendo muy joven, fueron otras las características por las que se le reclutó de inmediato, según cree. “Se fijan mucho en la pasión, en tu capacidad creativa.

En mi caso, me gusta mucho la programación, lo que implica muchas matemáticas, lógica, resolver problemas con algoritmos. Creo que eso fue lo que me vieron”.

En el verano de 2016 Alfredo volverá para un segundo periodo como interno. Antes de eso irá de intercambio estudiantil a Finlandia. Le entusiasma el regreso a Redmond, pero no está seguro si se quedará a laborar de tiempo completo para Microsoft.
“Me interesan otras empresas, como Google o Facebook, pero en realidad no sé en cuál de ellas me quedaré. Evaluaré las ofertas que tenga y la ubicación de las sedes. La mayoría de ellas están en San Francisco, pero Seattle me gustó mucho. Ya habrá tiempo para decidir”.
El tiempo está de su lado.
“No sabía qué esperar. Sabía que era una gran oportunidad, pero era muy poca la gente a la que habían escogido.” FOTO: ESPECIAL