Las negociaciones de París para un acuerdo internacional que defina límites y adaptaciones al calentamiento global llegan a su etapa final. Por segunda vez consecutiva, los diplomáticos trabajaron toda la noche en el documento de 28 páginas, revisando algunos detalles críticos pendientes de resolución. El borrador más reciente, presentado el jueves por la mañana, solucionó uno de los temas más importantes en cuestión: un acuerdo para, al menos,tratar de limitar el calentamiento global a largo plazo a 1.5 grados centígrados por arriba de los niveles preindustriales, medio grado de calentamiento crucial que ya se había discutido con anterioridad. Esa fue una tremenda victoria para los activistas climáticos y los diplomáticos de los países más vulnerables del mundo.
Ahora, la interrogante es si el acuerdo contará con las herramientas necesarias para alcanzar la meta, pues siguen negociándose muchos de los elementos críticos necesarios para fortalecer todo lo posible el acuerdo (los más importantes, aumentar fondos para la adaptación climática de los países en desarrollo, y un proyecto para escalar los recortes de gases de invernadero con el tiempo). Sin embargo, no hay manera de saber cuántos de esos elementos sobrevivirán hasta el amanecer.
“Estamos en buena posición. El amanecer ya se avecina”, dijo Li Shuo, miembro de la campaña de Greenpeace en China. Con todo, agregó, “corremos el enorme riesgo de que todo esto se haya diluido mucho para mañana”.
El tema más importante que se debate en este momento es el “mecanismo de rueda dentada”, el cual obligaría a los países a incrementar paulatinamente sus ambiciones climáticas con el tiempo. Se trata de un componente esencial para alcanzar, realmente, el objetivo de 1.5 grados centígrados (o incluso el menos ambicioso de 2 grados centígrados), porque los compromisos que los países han presentado hasta ahora permitirían un incremento de unos 2.7 grados centígrados, un nivel de calentamiento que resultaría catastrófico en todo el mundo. Hasta el momento, el texto requiere que las naciones presenten un informe de sus emisiones de gases de invernadero cada cinco años, mas aún no se ha definido la penalización para las naciones que incumplan; cómo se exigirá que incrementen sus esfuerzos con el tiempo; y cómo, exactamente, se verificarán los informes en el nivel internacional. El secretario de Estado John Kerry ha sido ambiguo en este punto. El miércoles dijo que el acuerdo “no contempla castigo, ni penalización, pero debe haber supervisión”.
Un aspecto muy importante es que los negociadores tampoco han acordado cuándo darán inicio dichas verificaciones. La mayoría de los expertos opina que, a fin de cumplir con el objetivo de 1.5 grados centígrados, las verificaciones deben comenzar lo antes posible, ciertamente antes de 2020. De esa manera, habrá tiempo de corregir el curso antes que sea demasiado tarde. No obstante, la delegación china se ha resistido a la fecha. Anoche, la televisión estatal china informó que el presidente Barack Obama y el mandatario chino Xi Jinping hablaron por teléfono; no está claro cuál fue el tema de la charla, pero la llamada ha provocado expectación en París sobre una posible división entre los dos países.
Es de esperar algo de tensión a estas alturas, dice David Waskow, director de la iniciativa climática internacional de World Resources Institute.
“Lo que está sucediendo es que el mundo trata de crear una nueva forma de colaboración”, agregó. “Y lo que vemos es el conflicto inicial de ese proceso”.
China y Estados Unidos fueron de los primeros países que adoptaron una postura bilateral firme antes de las negociaciones de París, cuando anunciaron un plan conjunto, en noviembre, para combatir el cambio climático. Muchas personas con quienes me he entrevistado han dicho que esa sociedad inicial fue una de las principales razones de optimismo sobre estas negociaciones, pues los desacuerdos entre ambas naciones fueron una de las causas principales del colapso de cumbres climáticas pasadas. Por ello, si esas desavenencias están disipándose, podría mejorar mucho el acuerdo final de París.
China todavía no ha firmado la “Coalición de Alta Ambición”, bloque de negociación que incluye a Estados Unidos, la Unión Europea y docenas de países en desarrollo. En los últimos días, la coalición ha emergido para luchar por lo que describe como el acuerdo más fuerte posible. No obstante, he escuchado inquietudes de muchos activistas en el sentido de que la coalición es, en realidad, un medio que usa Estados Unidos para lucir que está del lado histórico “correcto”, pero sin tomar, realmente, medidas muy ambiciosas y al mismo tiempo, pintar a China e India como los villanos (Eric Holthaus hizo una estupenda labor detallando la dinámica enSlate, socio de Climate Desk,).
“Todos tratan de esconderse detrás del esmog político”, dijo Shuo.
Entre tanto, Estados Unidos se resiste obstinadamente al lenguaje del acuerdo que pretende proporcionar más dinero a los países en desarrollo para expandir sus sectores de energía limpia, y también a un fondo de compensación destinado a los países más impactados por el clima. Y los negociadores siguen disputando sobre la forma precisa de determinar las obligaciones de cada país.
De modo que solo queda esperar. Si algo he aprendido en estos días en la cumbre, es a ni siquiera molestarme en consultar el calendario oficial de procedimientos. Todo puede pasar en cualquier momento, porque casi toda la acción ocurre a puertas cerradas y así seguirán las cosas toda la noche del viernes, pues el siguiente borrador del acuerdo deberá quedar listo el sábado, a las 9 a.m. hora de París. En ese momento, dependerá –más o menos- de los funcionarios franceses decidir si convocan a una votación forzosa o dejan que los diplomáticos vuelvan a sacar sus bolígrafos rojos.
Al menos, creo que puedo asegurar que las probabilidades de que las negociaciones colapsen totalmente son de escasas a ninguna. Por el contrario, todo es cuestión de que el acuerdo sea, realmente, tan ambicioso como esperan líderes como el secretario de Estado John Kerry –según él mismo ha dicho, repetidas veces-, en vez de un documento pusilánime. En cualquier caso, nadie anticipa que este acuerdo resuelva el cambio climático. Pese a ello, los activistas y diplomáticos nunca han estado más optimistas en los 20 años de historia de estas negociaciones.
Como dijo esta tarde la ministra noruega del ambiente, Tine Sundtoft, dirigiéndose a los reporteros: “No existe el peligro real de mantener la ambición a la baja durante décadas”.