A tan solo dos semanas de que inicie la cumbre climática de la COP21 en París, los países del G20 se comprometieron este lunes lunes, en el marco de la reunión anual del G-20, a lograr un acuerdo que limite el calentamiento global a 2 grados centígrados, aunque reconocen que no será sencillo ante la complejidad del tema.
Y es que las posturas de diversos líderes del mundo como Barack Obama, Angela Merkel, François Hollande y el presidente de México, Enrique Peña Nieto, dejan ver el interés que existe para evitar los efectos catastróficos del cambio climático en el planeta, lo que probablemente lleve a la firma de un protocolo u otro instrumento legal o un acuerdo con valor jurídico aplicable a todos los países.
Francia, en un esfuerzo encausado de forma individual y como anfitrión de la COP21 que se realizará entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre próximos, ha presionado a países que se resisten a adoptar medidas medioambientales, como India y Arabia Saudí, para que aceptaran incluir en el texto la meta de los 2 grados centígrados, y evitar en París un fracaso como el de la conferencia de Copenhague de 2009, que finalizó con una clara división entre países ricos y emergentes.
“En un momento dado, tuvimos la sensación de que no vivíamos en el mismo planeta”, durante las conversaciones que se prolongaron 20 horas entre los representantes del G20, dijo un negociador europeo, mientras el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, ya advirtió la semana pasada que todavía queda un trabajo “considerable” por hacer, tras una reunión preparatoria en París.
Por su parte, la ONU alertó de que los compromisos presentados por 146 países están “lejos de ser suficientes” para evitar los efectos del cambio climático, ante lo que auguran difíciles negociaciones en París, al tiempo que los expertos advierten del peligro de un nuevo fiasco.
Según el Banco Mundial, la inacción en materia de lucha contra el cambio climático podría sumir en la pobreza extrema a 100 millones de personas en los próximos quince años, indicó un reciente informe.
“No hay ningún liderazgo. En París todo dependerá de un milagro en el último minuto”, lamentó John Kirton, codirector del Grupo de Investigación del G20 de la Universidad de Toronto.
En la declaración del G20, “no hay nada nuevo” y el financiamiento para los países en desarrollo para ayudarles a adoptar energías limpias sigue en el aire mientras los países en desarrollo esperan que los ricos concreten su promesa realizada en 2009 de movilizar 100 000 millones de dólares anuales, destinados a financiar la transición de energías fósiles a renovables y a hacer frente a catástrofes climáticas como sequías, inundaciones o la subida del nivel del mar.
“Es difícil imaginar un acuerdo con valor legal sin poner sobre la mesa la financiación del cambio climático”, coincidió Tristram Sainsbury, analista del Lowy Institute de Sidney, por lo que los países reunidos bajo los auspicios de la ONU en París deberán consensuar los objetivos a largo plazo o el reparto del esfuerzo entre países industrializados, emergentes y pobres.
La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, destacó en este sentido en Antalya “la importancia del principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas”, recordando que los países ricos deben apoyar a las naciones en desarrollo.
Un total de 195 países participarán en la conferencia y se espera la asistencia de unos 120 jefes de Estado, entre ellos el estadounidense Barack Obama, el chino Xi Jinping o la propia Rousseff.
Pese a los atentados que sacudieron París el viernes pasado con al menos 129 muertos, Francia decidió mantener la celebración de la cita, pero esta quedó reducida a la negociación. Las manifestaciones anexas, como conciertos y actividades festivas, fueron anuladas por motivos de seguridad.
Con información de Anna Peligri / AFP