La visita de la esperanza

“Santa María de Guadalupe: Estamos alegres y agradecidos porque viene a visitarnos el papa Francisco, vicario de tu hijo. Viene a poner en tus manos el Año Jubilar de la Misericordia, y a comunicarnos un mensaje de esperanza y de concordia. Ruega por él y por nosotros, para que nos sepamos abrir a lo que por su medio Dios nos quiera transmitir. Y que al partir, nos lleve en su corazón, y deje sembrados en el nuestro, frutos abundantes de conversión” (oración de preparación para la visita del papa Francisco a México en 2016).

Aunque los detalles de la visita del papa Francisco a México en febrero del año entrante se darán a conocer el 12 de diciembre, Claudia Ruiz Massieu, secretaria de Relaciones Exteriores, confirmó que la visita de Estado y pastoral del sumo pontífice incluirá la Ciudad de México; San Cristóbal de la Casas, Chiapas; Ciudad Juárez, Chihuahua, y Morelia, Michoacán.

Cada uno de estos puntos tiene sus particularidades y su elección adelanta el carácter que el santo padre quiere impregnar a esta, la séptima vez que un pontífice se encuentra en territorio mexicano, así como los temas que abordará: derechos humanos, violencia, narcotráfico, corrupción y migración.

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) reconoció que el obispo de Roma encontrará un pueblo que “vive situaciones de desconcierto y esperanza”, agobiado por el aumento de la violencia y la desigualdad social, por lo que confió que su presencia “sea un acontecimiento significativo”.

Al inicio de los trabajos por la Centésima Asamblea Plenaria de la CEM, los obispos manifestaron su “dolor profundo” por todo lo que lesiona o amenaza la vida de las personas: el deterioro ecológico, la desigualdad social, la acentuación de la pobreza, el calvario de los migrantes y las diferentes violencias que atentan contra la dignidad de las personas.

Durante el mensaje inaugural del encuentro, el cardenal Francisco Robles, arzobispo de Guadalajara y presidente de la Conferencia, reconoció que el país pasa por un “momento histórico de desaliento y de crisis social, económica, moral y de predominio de la negatividad”.

Añadió que, siendo realistas, se debe reconocer la “complejidad de la situación actual y los graves problemas que México y el mundo enfrentan”, y dijo que la Iglesia debe ser audaz para mostrar “el camino esperanzador” para superar las dificultades y avanzar “en la defensa de la verdad, la vida, la dignidad, y los auténticos derechos y deberes de toda persona”.

Los obispos del país aseguraron que el papa Francisco vendrá a México “como mensajero de paz” y llamaron a atender sus enseñanzas. “Vendrá a confirmarnos en la fe, alentarnos en la esperanza y fortalecernos en la caridad, y a comprometernos en la construcción de un México donde la verdad, la justicia, la equidad, la solidaridad, el perdón, la reconciliación y la misericordia, hagan posible a todos un desarrollo integral y una vida próspera y en paz”.

Monseñor Robles aclaró que la visita será financiada con una colecta nacional que se llevará a cabo el 17 de enero en todas las diócesis. Agregó que el Estado Mayor Presidencial estará a cargo de la seguridad de todas las actividades que se llevarán a cabo, muchas de ellas multitudinarias, así como de la seguridad personal del sucesor de San Pedro, en coordinación con la Gendarmería del Estado Vaticano.

LOS TEMAS POLÉMICOS

En su columna “Estrictamente Personal”, deEl Financiero, Raymundo Riva Palacio reveló que el papa Francisco no hizo una escala en México durante su estancia en Cuba y Estados Unidos, del 19 al 28 de septiembre pasados, por una supuesta confrontación que tiene desde el año pasado con el gobierno mexicano. “El crimen de los normalistas de Ayotzinapa en Iguala fue la causa”.

Según el periodista, la administración de Enrique Peña Nieto negoció que el pontífice llegara al DF, de ahí se trasladara a Ciudad Juárez, donde ofrecería una misa con el tema de la inmigración, y por tierra cruzaría el puente internacional para entrar a Estados Unidos por El Paso.

En medio de las negociaciones ocurrió la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y Jorge Mario Bergoglio pidió ir a la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” para oficiar una misa a los familiares de las víctimas, anticipándose a lo que ocurriría el 22 de diciembre cuando el nuncio apostólico, Christophe Pierre, encabezó la celebración litúrgica por Navidad en ese lugar.

“La Iglesia camina con ustedes. Lo peor cuando uno sufre es sentirse solo. Yo sé que ustedes no están abandonados. ¡Estamos con ustedes! ¡También el Papa está con ustedes!”, fue parte del mensaje del enviado papal.

En posteriores viajes a Roma, los obispos mexicanos denunciaron ante el pontífice que lo sucedido en Iguala era reflejo de lo que ocurría en varias partes del país, donde los sacerdotes estaban siendo extorsionados por el crimen organizado sin que tuvieran respuesta y apoyo del Gobierno Federal, relata Riva Palacio en su texto.

A meses de distancia, el presidente de la CEM fue interrogado sobre la posibilidad de que el jefe de la Iglesia católica mundial se entreviste con los padres de los 43 estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre de 2014. Respondió que se reunirá con los sectores vulnerables, pero estimó “poco probable” que lo haga con grupos por separado.

Otro frente con el gobierno mexicano se abrió a finales de febrero pasado cuando un concejal de Buenos Aires, Gustavo Vera, amigo del pontífice, hizo público el contenido de un correo electrónico privado que le envió y en el que el Papa manifestó: “Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización (de Argentina). Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”.

La SRE externó su “preocupación y tristeza” por las afirmaciones y anunció que enviaría una nota diplomática a la Santa Sede. El entonces canciller José Antonio Meade expresó: “Nos parece que más que estigmatizar a México o a cualquier otra región de los países latinoamericanos, lo que debiera es buscarse mejores enfoques, mejores espacios de diálogo y mayores espacios de reconocimiento de los esfuerzos que México y Latinoamérica hacen respecto de un tema que mucho nos preocupa y que mucho esfuerzo nos ha implicado”.

El Vaticano aclaró en un comunicado que “el Papa no tuvo ninguna intención de ofender a los mexicanos, a quienes ama profundamente, ni ignorar el compromiso del Gobierno Mexicano en la lucha contra el narcotráfico”. El diferendo quedó ahí.

En febrero de 2016, ambos jefes de Estado tendrán la oportunidad de limar asperezas. La tarde del viernes 12, el sumo pontífice será recibido por Enrique Peña Nieto en el Hangar Presidencial. No habrá discursos. El encuentro privado será hasta el día siguiente, en Palacio Nacional, no en la Residencia Oficial de Los Pinos.

Pero más allá de las diferencias diplomáticas, su santidad encontrará un México que avala las uniones entre personas del mismo sexo, que despenalizó el aborto y que ha iniciado el debate sobre el uso lúdico y medicinal de la marihuana. Fenómenos ante los cuales la Iglesia no puede permanecer callada.

Será importante y esperanzador escuchar su mensaje contra la mentira, la injusticia, la inequidad, la pobreza, la manipulación, la corrupción, la impunidad, la violencia, la inseguridad, la violencia y la muerte.

Por lo pronto, segura estoy de que el papa Francisco encontrará un pueblo que se le entregará en oraciones, cantos y expresiones de fe. Serán miles, millones los que desbordarán calles, explanadas y los lugares donde realice actos públicos. Se encontrará con ese “México siempre fiel” del que habló Juan Pablo II. Y como él, se llevará parte de nuestro amor, mientras que nos dejará su mensaje de esperanza. Aprovecho para recomendarles la obra sobre las visitas de Juan Pablo II a nuestro país, “El santo que caminó entre nosotros”, de Editorial Urano.