Hubo un tiempo en que el petróleo era el activo más valioso e importante del mundo, y eso era reconocible a partir del precio que cotizaban las acciones de las grandes petroleras. Un pozo petrolero incendiándose en plena guerra de Irak o una amenaza velada emitida por el gobierno de Teherán para cerrar el Estrecho de Ormuz bastaban, en su momento, para convulsionar al mundo y generar una peligrosa escalada en los precios del crudo.
Pero todo eso cambió, lo cual no significa necesariamente que el petróleo, en tanto recurso no renovable, haya dejado de ser un activo valioso. Sin embargo, la percepción que hoy se tiene a partir del desplome en los precios del crudo es que ya no es tan valioso… aunque lo siga siendo.
Hace siete años, en medio de la última gran crisis económica que ha vivido la humanidad, ExxonMobil marcó un récord al registrar ganancias por 45 220 millones de dólares, una cifra lógica para un mundo lógico que en los hechos aún depende del petróleo para seguir girando. No obstante, hoy un corredor de bolsa que se precie de serlo sugeriría a sus clientes diversificar sus intereses y apostar por otros mercados.
Y si bien es cierto que la revolución tecnológica que se gestó en el mundo durante la última década del siglo XX debe ser considerada el Génesisde la era de la internet y las redes sociales, es a partir del año 2007 que el mundo, tal y como lo conocíamos, cambió radicalmente.
Y lo hizo a partir de la llegada al mercado del iPhone, el teléfono inteligente diseñado por Apple, la compañía creada por Steve Jobs y Steve Wozniak en la era terciaria de la computación, es decir, el ya muy lejano 1976.
El iPhone no fue el primer teléfono inteligente como tampoco el primero en integrar una pantalla táctil, pero sí el que en virtud a su diseño ofreció la interfaz de usuario que revolucionaría al mundo de la telefonía celular.
De aquella primera generación del teléfono cuya cámara sólo disponía de dos megapíxeles y su capacidad de memoria interna era apenas de 4 y 8 GB, Apple vendió 6.1 millones de unidades en cinco trimestres. En ese momento era muy poco, y bastaría decir que a finales de 2008 (el iPhone fue puesto a la venta el 29 de junio de 2007) la compañía ni siquiera figuraba entre las cincuenta empresas que mejor cotizaban en la Bolsa de Valores. Sin embargo, lo que vendría después dejaría muy atrás las expectativas que se tenían.
Hace unos días, al cierre de su ejercicio fiscal 2015, Apple registró y marcó un nuevo récord en dividendos: 53 840 millones de dólares, los cuales no incluyen las ventas de su último producto, el iPhone 6S, el cual hasta el momento ha tenido una extraordinaria recepción en el mercado, ni tampoco los dividendos que en breve empezarán a generar el iPad Pro y la nueva versión del Apple TV, sin dejar atrás sus nuevos accesorios complementarios: el Apple Pencil y el Smart Keyboard (una funda que hace también las veces de teclado para el iPad).
Comparado con la cifra que obtuvo el año pasado (39 500 millones de dólares), el gigante de Cupertino, California, superó en 14 340 millones sus ganancias. Y la mayor parte de ese dinero se debe a las ventas del iPhone, el cual genera más del 60 por ciento de dichos beneficios, y que para efectos contables supone una cifra de 32 210 millones de dólares del total de sus ganancias.
Un solo producto representa la columna vertebral de la empresa que, con un valor aproximado de 680 000 millones de dólares, es la mejor cotizada en Wall Street. De tal modo, Apple se ha convertido en la marca y en la compañía más rentable de la Tierra, cuyos ingresos superan incluso el Producto Interno Bruto de al menos 110 países de los 187 que se hayan registrados en el Fondo Monetario Internacional.
LA APUESTA “PHABLET”
Parte de tal éxito —un éxito de crecimiento trimestral a doble dígito en los últimos años— se debe, entre otras cosas, al crecimiento de las ventas de Apple en China, país en el que el iPhone comenzó a comercializarse en el año 2009, pero cuyas cuentas nunca fueron espectaculares, principalmente porque el mercado lo copaban los tres gigantes locales, Lenovo, Huawei y Xiaomi, así como la coreana Samsung.
Las cosas, empero cambiaron de manera súbita, y de ser un país en el que Apple enfrentaba una feroz competencia que impedía su crecimiento, no sólo se convirtió en su segundo mercado más importante a escala mundial (sólo detrás de todo el continente americano en su conjunto), sino también en el líder.
La clave de este golpe de timón tuvo lugar cuando Tim Cook, el actual CEO de Apple, contraviniendo la filosofía y postulados de Steve Jobs, decidió presentar el iPhone 6 Plus, el dispositivo que por su tamaño es considerado una phablet, y que no sólo le plantó cara a los móviles que desde tiempo atrás venía fabricando Samsung, su más acérrimo competidor, sino también enamoró a los consumidores chinos, fascinados desde siempre con los teléfonos celulares gigantes.
Lo que se ha demostrado en los hechos es que Cook tenía razón al apostar por el mercado de las phablets (al menos en China), aunque para conseguirlo haya tenido que ir a escupir en la tumba de Jobs. Sin más, el segundo trimestre del año fiscal que recientemente concluyó para Apple (el primero de 2015), la manzana de la discordia vendió más iPhones en China que en Estados Unidos. Y hasta hoy dicho crecimiento se ha sostenido.
Ahora bien, el récord histórico de Apple en cuanto a dividendos y su tendencia ganadora de los últimos meses, no deben ser vistos como insuperables. La economía china, en la cual Cook tiene cifradas sus expectativas de crecimiento para 2016, se halla ligeramente deprimida y los jugadores locales, Lenovo, Huawei y Xiaomi, así como Samsung, van a permitir que el gigante de Cupertino se fugue demasiado lejos.
Incluso los analistas más benévolos con Apple aseguran que el próximo año su crecimiento a doble dígito eventualmente se reducirá a uno solo. Además de ello, habría que considerar el comportamiento del resto de los productos de Apple: las ventas del iPad van en picada, el Apple Watch no ha cumplido con las expectativas que había generado y aún es muy pronto para saber qué pasará con el iPad Pro y la nueva versión del Apple TV.
No obstante, a menos de que ocurriese una catástrofe o algo extraordinario, la compañía que fundó Steve Jobs y a la que ahora Tim Cook parece estar orientando en una nueva dirección, seguirá siendo una de las empresas puntales del mundo y una de las más valiosas.
Por lo menos hasta que una nueva guerra, o tan sólo la amenaza de esta, hagan reflotar los precios del crudo y conviertan de nuevo a las petroleras en lo que alguna vez fueron y cada vez son menos: las compañías más sexies del planeta.